domingo, 26 de diciembre de 2010

2010 gracias por nada

Como última post del año escribiré acerca de todo lo que me pasó durante estos doce meses.

Enero: Comencé mal el año. Terminé con la chica que hasta ese entonces era la persona más especial de mi vida, de quien más me había enamorado. Duramos poco menos de 4 años. Éramos muy felices. Nunca supimos cómo se terminó nuestra relación, lo cierto es que decidimos separarnos por un acuerdo mutuo.

Febrero: Una vez más pasé 14 de febrero solo y aburrido, resignándome a mirar a otras parejas felices en el mes del amor. Tengo la mala suerte de nunca haber pasado un 14 de febrero junto a una enamorada. No sé si es mala suerte pero nunca la paso bien en esa fecha.

Marzo: Mis amigos empezaron a salir a discotecas y yo no los acompañaba. No me apetecía salir a ninguna parte. Prefería desperdiciar mis fines de semana escribiendo como un loco enérgico sumergido en sus pensamientos surrealistas y volverlas realidad. Además, sumado a ello, salía a caminar en las tardes por el parque.

Abril: Mis amigos me sorprendieron un fin de semana y me prepararon una fiesta sorpresa en mi casa. La fiesta fue genial, el 70% de los chic@s que fueron a mi fiesta tuvieron sexo, menos yo. Todos se embriagaron y me dejaron solito en mi sala mientras ell@s tenían sexo ardiente y desenfrenado. Dos días después (el día central de mi cumpleaños), mi ex enamorada fue a visitarme mi casa para saludarme. Luego de vernos aquel día, volvimos. Volvimos a ser enamorados. Ella quedó en llamarme para volver a vernos, sin embargo no lo hizo hasta 2 meses después, cuando me enteré que ella ya andaba con otro chico.

Mayo: Llamé a mi ex enamorada por teléfono y la saludé por su cumpleaños, a lo que ella respondió: mi cumpleaños es dentro de 2 días. Me sentí un completo imbécil al oír eso. Había confundido nuestro supuesto aniversario con su cumpleaños. Nosotros cumplíamos 4 años de novios el 9 de mayo, día en que la saludé confundiéndome con su cumpleaños, cuando en realidad ella cumplía años el 11 de mayo.

Junio: Me enteré que mi ex enamorada tenía enamorado. Era un tipo de pésima reputación y mal visto por todos mis amigos, quienes, a su vez, también eran amigos de mi ex chica y de su nuevo enamorado. A mí me daba igual la reputación que ese chico tenía, sólo esperaba que no le haga daño a Sandrita porque no me gustaría verla con el corazón destrozado. No se lo merece.

Julio: Le dije a mi profesora de Fotografía que era una vaga de mierda porque no quiso revisarme mi examen final cuando ella dijo que el examen sería asesorado. Días después, esa conducta rebelde y caprichosa me costaría mi nota final porque la hijaputa me jaló en Evaluación Permanente con 11 (la nota mínima para aprobar en Isil es de 13). También, ese mismo mes, fue el cumpleaños de mi mejor amigo.

Agosto: Conocí a una chica rara, rarísima. Se llamaba Rozalyn. Era una tipa con el cabello desordenado y abultado. Desde la 1ra vez que nos vimos quiso abuzar de mí. Era muy mandada. Yo intentaba desenmascararla pero no lo lograba. Incluso recuerdo que ese primer día que nos vimos ella quería embriagarme. Los días siguientes me propuso ser su enamorado. Yo me hacía el desentendido e intentaba evadir su pregunta, pero ella insistía y tuve que ceder a su obstinación.

Septiembre: Mi nueva enamorada me hacía detalles sumamente sorprendentes. Sin embargo, mi ex enamorada reapareció en mi vida. Me llamaba por teléfono y me decía para encontrarnos. Yo nunca acepté su propuesta. Fui un tarado porque meses después me arrepentí de no salir con ella nuevamente. En ese entonces, no me decidí por verla porque sabía que si lo hacía me jugaba mucho. No quería hacerme daño ni hacer daño a terceras personas.

Octubre: Terminé con mi enamorada. Le dije que no estaba enamorada de ella. Para eso, ella me había confesado semanas antes que su cariño hacia mí estaba en duda. A mí ciertamente me daba igual, no me sentía enamorado de ella y era mejor terminar con nuestra falsa relación. Al final me decepcioné mucho de ella porque a la semana de terminar conmigo volvió con su ex chico, de quien me juraba que no volvería nunca porque él era un tipo que no la merecía. Incluso él le había sido infiel. Lo peor, y quizá más grave fue que ella le contó a él asuntos míos muy privados. No quise odiarla ni dejar de hablar con ella, quise saber, por el contrario, qué tan valiente era y quería saber si tenía el coraje de darme explicaciones, pero nunca lo hizo. Me demostró que era cobarde, tan igual a mí o incluso peor.

Noviembre: Me decidí a escribirle a una chica por Facebook, aquella chica me generaba mucho interés y quería conocerla desde hace un tiempo atrás. Por suerte la chica y yo tuvimos una buena comunicación y empezamos a conocernos por Facebook y días después por Messenger. Solíamos encontrarnos a altas horas de la noche en línea y nos contábamos (o mejor dicho, me contaba) lo que le pasaba con un chico. Nos referíamos al chico como “el mudito”, pseudónimo otorgado porque él la enamoraba a ella por Messenger y teléfono pero nunca hablaban personalmente. Él se intimidaba. Cuando se veían en la universidad ni se saludaban.
Le cogí cariño muy rápido a esta niña, incluso a veces peleábamos y nos decíamos insultos cariñosos para fastidiarnos. Como nos caíamos tan bien, decidimos encontrarnos un 13 de diciembre, un lunes, para variar. Según ella tenía la agenda recargada y sólo ese día tenía libre.

Diciembre: Conocí a la chica. Verla fue increíble. Creo que me llegó a gustar poquito. Quizá más que poquito. En realidad me gustó mucho. Nuestro primer encuentro fue accidentado y muy poco relevante. Fue normal y simple, pero yo la pasé genial. A la semana siguiente tuve que viajar a Chile y dejé de tener esos encuentros cibernéticos con ella por las noches y sólo nos comunicábamos por mensajes al Facebook.
Por último, y esto fue lo mejor del 2010, fue que: un día antes de viajar, vi a mi amiga teniendo relaciones sexuales con su chico. No sé si fue casual o adrede, pero el hecho es que observé cómo mi amigo hundía su sexo en el de mi amiga. Fue divertido.

Ya casi es navidad y yo estoy pegado a la lap top escribiendo como un adicto.

Espero que todos pasen una bonita navidad. Saludos.

martes, 14 de diciembre de 2010

Un lunes cualquiera, pero distinto a los demás

Hace poco más de un mes quedé con una chica en salir hoy, lunes 13 de diciembre. Al principio todo comenzó como un juego, como si fuese un día distante y muy alejado de la realidad. Sinceramente pensé que no ocurriría. Pero el día llegó y aquí me tienen, escribiendo estas líneas para recordar lo vivido.
Quedamos en encontrarnos a las 5 de la tarde en Open Plaza, un centro comercial ubicado en el cruce de la Avenida Angamos con Tomás Marsano, en el disttrito de Surquillo. Quedé con ella en ir al cine (clásico en personas de mi edad). Llegué a destiempo (habitual en mí), ella hizo lo mismo. La llamé a su celular pensando que ya se había desanimado de verme. Al contestarme oí por primera vez su voz. Me pareció una voz extraña, algo juguetona y pizpireta. Le pregunté dónde estaba, ella me dijo que estaba en el cine, esperándome, luego me hizo la misma pregunta y yo le dije que en mi casa (bromeando). Después me desmentí y le dije que ahí iba, que estaba muy cerca (en realidad yo estaba en una esquina llamándola desde un teléfono público).
Cuando la vi desde lejos, ella me sonrío sin motivo, quizá pensando arrepentida: ¿él es Eduardo? - Me acerqué intentando mostrar sobriedad, pero en el fondo me moría de nervios. Estaba muy nervioso.
Ella vestía con blue jean y casaca. Sandalias negras y una cartera pequeña. Su cabello era negro y tenía un peinado que le acentuaba bien. El rostro risueño y dulce. Era simpática, simpatiquísima, más de lo que me había imaginado. Ella no mentía cuando me decía por Messenger que me quedaría impresionado al verla.
A su lado me sentí torpe, mal vestido y temeroso. Me reía sin razón y decía cosas incoherentes. Ella lo notó (lo sospecho), es que me era imposible estar tranquilo a su lado.
Inicialmente habíamos quedado en ver una película de terror, pero lamentablemente a esa hora no había más películas que: Narnia, Harry Potter y Megamente. Optamos por esta última, ya que a ella no le gustaba ni Narnia ni Harry Potter, además a mí tampoco me apetecía ver esas películas.
Antes de entrar al cine compramos pop corn y gaseosa. Cuando entramos a la sala, no había nadie. Estaba vacía. Sólo éramos ella y yo. A los pocos minutos entró un niño con su mamá, luego una pareja de enamorados y de a poco fue ingresando gente a la sala. Hubo poca gente durante la película. Mientras esperábamos a que empiece estuvimos hablando un poco. Ella se reía de vez en cuando con mis bromas tontas y mis ocurrencias impertinentes. Yo la miraba constantemente, ella no tanto, quizá se sentía incomoda por mi mirada o quizá le importaba poco mirarme, el hecho es que empezamos a dialogar de forma agradable. Ella reía y yo reía con ella. De pronto, ella empezó a hacer las tontas travesuras de cine: empezó a tirarme canchita. Yo disfrutaba que me joda y disfrutaba que sea tan niña para molestarme. Durante la película hablamos poco, casi nada. Rara vez nos fastidiábamos (ella me fastidiaba más) y nos decíamos cosas al oído. Reíamos como dos niños ingenuos divertidísimos por las ocurrencias de los protagonistas, aunque, a decir verdad, yo a veces me salía de la película y pensaba: ¿después que ver esto se tendrá que ir? ¿Habrá tiempo para conocernos un poquito más? ¿Para tan siquiera decirle que disfruto estar a su lado? Me cuestionaba inútilmente. No había razón para atormentarme con preguntas sin sentido, si se tenía que ir, pues bien, sus motivos tendrá. Y si se queda, en horabuena. Lo cierto es que tenía que disfrutar del momento y dejar de lado lo que vendría después, sino arruinaría mi presente y no quería que pase eso porque la estaba pasando genial.
Su papá la llamaba a cada rato, dando muestras de preocupación e interés por lo que hacía su hija. Ciertamente yo sería igual si fuese padre, cuidaría a mi hija sobre todas las cosas y me preocuparía siempre por su bienestar.
Al terminar la película paseamos por el centro comercial y hablábamos de todo un poco. Me contó acerca de su familia y yo de la mía. En fin, no me arrepiento de haberla conocido. Me agradó mucho compartir unas pocas horas con ella. Su presencia me encantó y me dejó maravillado. Espero volver a verla, aunque ciertamente no sé si ella quiera verme.
Cuando nos despedimos, su papi la llamó diciendo que la esperaría en una de las entradas del centro comercial, así que nos despedimos y yo tuve que salir por una salida alterna, ya que ella le había dicho a su papá que saldría al cine con una amiga, no con un chico.
Mientras caminaba por la calle feliz por la tarde que tuve, ella apareció en una esquina con su papi y caminaban en dirección opuesta hacía donde yo iba. Quede mirándola y vi que ella se reía. Nos cruzamos riéndonos, como si fuéramos dos niñitos disfrutando de una travesura. Me sentí su cómplice y muy feliz por haber pasado una tarde especial a su lado.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Las consecuencias de escribir...

Hace unos días acabo de comenzar a escribir para un blog grupal. Recién he tenido mi primera publicación y ya tengo problemas. No entiendo por qué las personas se afectan con lo que escribo si nunca pongo sus nombres. Creo que se avergüenzan de sus actos y tienen miedo de ser descubiertos en mis líneas. Lo que no comprenden esas personas es que cuando escribo intento crear historias, no contar la vida real tal cual. Cuando escribo me divido en dos personajes: el escritor y narrador. Soy simplemente un tipo que escribe lo que “alguien” le dice. Me someto a las reglas del narrador y redacto sus historias. Así que cualquier cosa, quéjense con el narrador, no con el escritor.

Son casi poco más del mediodía y recibo una llamada. Es una chica. Al principio no reconozco su voz, pero según va hablando la logro identificar. - Como ella no quiere que ponga su nombre en ningún escrito mío, la llamaremos Manuela Penélope Arriola de Pajares. - Me reclama energúmena por qué escribí lo que viví con ella, por qué lo hice público en el blog de mi amiga Brenda. Yo me río divertidísimo por su enojo y porque, a pesar de todo, me demuestra que lee lo que escribo, que es mi fiel lectora en silencio. Le explico que no le puse ningún nombre a la tipa que describo en el post que publiqué, que no tema, que sería incapaz de delatarla. Ella no me cree y se siente afectada. Furiosa. Me culpa, y sospecho por su voz, que tiene ganas de insultarme y decirme: maricón de mierda, deja de escribir sobre mí, ¿acaso no tienes vida? Además nunca me la metiste porque tu huevada se doblaba. - Para mi buena suerte, ella es muy benévola y no tiene el carácter suficiente para agredirme verbalmente. Todavía me quiere, aunque no me lo diga. Después de explicarle y pedirle disculpas por mi atrevimiento literario, ella se despide, entonces ya un poco más calmada. Cuando cuelga, me río a mares. Disfruto su enojo y levanto la música a todo volumen y disfruto ser escritor. Bailo con mi perrita y ella, cómplice, ladra y se tira encima de mí, como disfrutando mi alegría.

Al rato, entro al blog http://sietevidasymas.blogspot.com/ y leo lo que escribí sobre Manuela Penélope Arriola de Pajares. Me percato que todo lo que escribí ahí no tiene nada que ver con lo que viví con ella.

1)Nunca tuvimos sexo. Sí intentábamos practicarlo pero nunca funcionaba. Nunca se la empujé despacito como dice en el post. Y yo nunca me calenté cuando ella me decía palabras eróticas, sucias, arrechas.
2)Su forma de intentar hacerlo era muy hardcore a comparación de mi estilo romanticón y cursi.
3)Nunca se la hundí. Ella muy bien sabe que nunca hicimos nada. Ganas no faltaron, pero por alguna razón extraña nunca culminábamos lo que empezábamos.
4)No éramos la pareja perfecta, eso lo inventé para que suene bonito el texto.
5)Nunca me toco pensando en ella, es más, no me toco hace tiempo. Ando ocupado por mis Finales y últimas prácticas que no me interesa tocarme.

Una vez aclarado esto, no entiendo por qué carajo me llamó Manuelita si todo lo que escribí jamás lo viví con ella. De verdad, no entiendo su disgusto. Qué extraña mujer. Está loca.

sábado, 27 de noviembre de 2010

¡Qué huevada el amor!

Ciertamente me despreocupa mucho estar enamorado. Admito que a veces me muero por tener a alguien cerca, poder engreírla e intentar enamorarla, pero se me hace tan difícil tener una chica al lado. Después de Sandrita, mi ex enamorada, nadie ha vuelto a interesarme tanto. Tuve una enamorada hace unos meses, pero ni ella ni yo nos enamoramos. Estuvimos por razones desconocidas, quizá por eso duramos tan poco.

Ahora me importa un carajo enamorarme. Así estoy bien.

Mis amigos, los que siempre me jodían porque yo era el único que tenía chica (y vaya que la tuve, porque con ella, con Sandrita, duré casi 4 años), son ahora ellos los comprometidos y los que organizan sus salidas y los que van de la mano con su chica por la calle demostrando su amor, riendo por cualquier cosa y suspirando por alguna palabra bonita que les surja del corazón en un momento romántico.

Durante todo el año, no he tenido sino más que simples ilusiones fugaces con chicas, no he podido enamorar a nadie ¿o quizá nadie se enamoró de mí? El hecho es que hace tiempo no tengo ese latidito palpitante en el pecho ni he soñado despierto pensado en alguien. No he vuelto a suspirar ni a tener la mirada brillante mientras le confeso mi amor a una mujer. He olvidado lo que se siente cuando alguien te dice que te extraña, que le haces falta, que necesita verte para estar mejor. Ya no recuerdo el sabor de los besos ni la contextura de los labios. Tampoco recuerdo lo que se siente al recibir un abrazo cariñoso de una persona especial. He olvidado las cosas básicas del amor. Es más, ya ni recuerdo cómo era el amor.

El año se termina y me da vergüenza asistir a la fiesta de mi amigo, pues celebrará su cumpleaños en su casa y sólo ha invitado a dos amigos más y a mí. Todos tienen enamorada y están haciendo planes para ese día. Todos irán acompañados. Yo iré solo. Iré a humillarme. Iré para verlos en pareja y encontrar en uno de ellos el amor que me fue arrebatado del corazón hace casi un año. No creo ser un dependiente afectivo, pero al menos me gustaría volver a enamorarme, aunque por ahora sólo piense que el amor es una huevada.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Care'vellopubico

Me ausento un día y dejo de entrar al Messenger y al Facebook y me pierdo de muchas cosas interesantes. Por qué en mi ausencia pasan cosas entretenidas, y por qué cuando estoy conectado todo es aburrido, monótono y hasta miserable, pero ahora las cosas se invierten y todo parece ser mejor sin mí.

Es jueves, me conecto al Messenger muy temprano impaciente por ver si tengo algún mensaje. Tengo 5 mensajes. Entro a mi bandeja para ver de quiénes son. Ilusión frecuente y desalentadora: todos los mensajes son insignificantes. Pongo música e intento alegrar mi día. De pronto una amiga me saluda por Messenger y me dice que por qué no me conecté ayer (miércoles), me lo dice como reclamándome. Yo sonrió y le devuelvo el saludo y le digo para joderla un poquito: oye care’vellopubico, ayer no pude entrar porque mi compu estaba mal.

Ella se ríe por el apodo y me cuenta muy entusiasmada que ha creado un blog donde se publicará un post cada día por una persona diferente. Son 7 personas en total, cada una publicará un día, pues a cada una se le ha otorgado un día para publicar. Yo le digo que es paja su idea, que me gusta mucho. Ella me dice que pensaba ponerme a mí los sábados, es decir, yo publicaría todos los sábados, sin embargo, como no me conecté ayer, ella le dijo a otro amigo y me descartó de su lista del blogger que había creado.

Me sentí un poco humillado y ridiculizado por aquella confesión, pero en el fondo la entendía y pensaba: “si me hubieras puesto en el blog seguramente tendrías más seguidores”, riendo por mi exclusión. Ella me mandó el link del blog para verlo. Yo entré rápidamente y vi el diseño, que por cierto estaba bien elaborado. Me gustó mucho. Estuvimos hablando del blog y me contaba que empezarán a publicar desde el lunes. Ella inaugurará las publicaciones pues a ella le toca escribir los lunes. Luego me contó que el blog está conformado por blogger de distintas personalidades y sexualidades, entre ellos están: lesbianas, gays, estudiosos, monces , etc.

Después de estar hablando de su blog y de la temática que tendrá, me propuso un trato algo humillante pero divertido a la vez, me dijo: si quieres puedes escribir los feriados. Yo me reí a mares y pensé: seguro me dice eso porque le doy pena y porque no quiere abandonarme. Yo acepté y ella de inmediato puso mi imagen en el blog y me otorgó un espacio, ahora soy dueño de los días feriados, donde escribiré lo que se me venga en gana.

Ella dice que me caracterizo por escribir cosas divertidamente sexuales y calenturientas lleno de morbo (unos amigos también me dijeron que escribo así porque seguramente no tengo sexo. Yo callo y pienso: es verdad, no la veo, pero tampoco me interesa. Me divierto mucho escribiendo y con eso me basta). Es que siempre jugueteo al doble sentido e intento que las personas muestren ese lado que tanto pavor les da. A muchas personas le da miedo, vergüenza, frustración y hasta cólera, hablar de sexo.

A mí sinceramente no porque es normal, estoy orgulloso de mi valeroso compañero que tengo en la entrepierna, aunque sea chiquito (no sé que tan chiquito porque lo cojo con mis dos manos). Ahora ando feliz porque gracias a mi amiga Brenda Lucía, alías Brekis care’vellopubico he vuelto a escribir y ha publicar. Ciertamente pensaba publicar un poema pero aún no lo termino y no sé cuándo lo terminaré, solo espero que este fin de semana me dé tiempo.

viernes, 12 de noviembre de 2010

La perra que se robó mi corazón

Llevo una semana con ella y sinceramente no esperaba tener su compañía. Fue todo muy rápido. Inesperado. Era inevitable no encontrarnos. Nuestro encuentro estaba destinado.

Iba caminado por la calle cuando de pronto ella se me acercó, estaba asustada, tenía la mirada triste y el rostro asustado, como si llevase una pena enorme en el alma. Yo seguí caminado e ignoré su tristeza, me hice el indiferente y sólo atiné a mirarla de reojo. Luego apresuré el paso.

Ella me seguía detrás, suplicándome en silencio que la ayude, que me apiade de ella y que la lleve conmigo. Caminamos algunas cuadras así: yo apurado y ella intentando encontrar en mí un poquito de ayuda. En el camino intenté perderla pero me fue imposible, mis intentos por botarla y alejarla fueron vanos, ella estaba dispuesta a seguirme a pesar de mi rechazo. La insulté y le dije de forma cruel y con la mirada llena de odio: ¡shht, fuera!, ¡largo!, ¡Vete! Pero ella me seguía a pesar de mis insultos. No quería irse. Estaba dispuesta a no separarse de mí.

Cuando llegué a mi casa, me di cuenta que me había olvidado la llave. Tuve que tocar. Mi hermano salió por la ventana y me dijo que ya bajaba, que le esperase. Me sentí incómodo esperándolo porque ella se mantenía a unos metros de mí y seguía con la misma mirada sufrida.

- ¿Y ese perro? – me preguntó mi hermano.
- No sé, me ha seguido desde la farmacia, creo que la han abandonado – le expliqué.
- Pobrecita – dijo mi hermano conmovido.
- Le voy hacer pasar, quizá quiere algo de comer. Mañana ya la boto. – Le dije a mi hermano con cierta mezquindad. El perro pasó, era negra y hembra y estaba flaquita, tenía rasgos de labrador, aunque fácil pudo haber sido cruzada con alguna raza callejera o chusca.

Como ya era tarde y las tiendas estaban cerradas, no podía comprarle galletitas para perros, así que no tuve más remedio que buscar en el refrigerador algo que le pueda gustar. Saqué unos trozos de pollo y puse agua a hervir en una olla. Luego busqué papa y un poco de fideos. Lo mezclé todo en el agua hirviente y preparé una especie de caldo algo extraño. Una vez mezclado lo probé para sentir el sabor y sabía asqueroso, le eché un poquito de sazonador y sal para darle gustito a mi experimento gastronómico, que yo, muy orgulloso, llamaba 'caldo de pollo'. Una vez listo esperé que se enfriara un poquito.

No sabía dónde servirle, llevaba casi 7 años sin mascota y no estaba preparado para tener uno. Cogí un taper viejo que nadie usaba, pensé que no me ganaría problemas si le daba de comer ahí.

Cuando le entregué el plato servido al perro, éste se desesperó por comer y empezó a devorarlo con ímpetu e impaciencia. Me dio pena ver cómo comía tan deprisa, me puse a pensar cuántos días habrá estado deambulado por la calle sin haber comido. Mis ojos se humedecieron y me dio rabia imaginar a la persona que la había abandonado. Esa noche el perrito durmió en mi casa, pasó una noche tranquila y con la pancita llena y quizá más calientita de los que solía pasar en la calle.

Al día siguiente fui a la casa de mi abuelita, que por suerte vive a unas cuantas casas de la mía, y le dije que me había encontrado un perrito en la calle pero no podía quedármelo porque en mi casa no había suficiente espacio. Ella me miró en silencio con una sabiduría que sólo los viejitos tienen, quizá intuyendo que yo le iba a proponer algo, y efectivamente, no se equivocaba:

- ¿Abuelita, crees que el perrito se pueda quedar en tu casa?
- ¿Es macho o hembra? – me respondió con una pregunta
- Jajaja no sé – le mentí. Sí sabía el sexo de la perrita pero por alguna razón se lo oculté.
- Ah ya… tráela para verla pues...
- Ya abuelita, voy a traerla entonces.

Fui corriendo a mi casa para bajar al perrito (que en realidad era perrita). Yo presentía que mi abuelita se lo iba a quedar, además hace menos de dos meses ella había perdido a su perrito porque se murió de una enfermedad extraña, el pobre no podía hacer sus necesidades, así que poco a poco su estomago fue hinchándose y acumulando todas sus heces hasta que no hubo más remedió que llevarlo al veterinario a que le pongan una inyección para provocarle una muerte inmediata.

Cuando volví a la casa de mi abuelita con la perrita, ella supo domarla y pudo voltearla ´para ver su órgano sexual.

- ¡Mira, mira, es hembra¡ - grité como loco, findiéndo sorpresa.
- Sí… ahora veo porque estaba en la calle – me dijo mi abuelita muy calmada.
- ¿Por qué dices eso abuelita?
- Es que a las perritas siempre las botan a la calle, si no la matan de chiquitas, muchas están destinadas a vivir en la calle.

Me dio mucha penar oír esas palabras de mi abuelita. Luego que me dijo eso no volví a preguntarle si quería quedarse con la perrita porque seguramente no la quería por su sexualidad. Así que me llevé a la perrita a mi casa y convencí a mi papá para que se quedara. Mi papá felizmente aceptó.

Ahora vivimos todos felices. A veces la perrita viene a mi cuarto y se echa en mi cama y me roba caricias. Yo siempre sedo a su mirada inocente y siempre la lleno de cariño, como si fuera parte de mi familia. Muchas veces intento engreírla, y aunque ella no entienda lo que le digo, yo sé que ella sabe que la quiero mucho, que soporto sus ladridos de madrugada porque mi cariño es más fuerte que mis ganas de dormir, y , sobre todo, que me desvivo por verla feliz así como yo lo soy con ella. Ella es muy tierna, aunque también muy juguetona. Cuando llegó de estudiar ella me recibe muy enérgica y se lanza encima de mí y ladra eufórica, como disfrutando de que yo haya llegado y presumiendo, quizá, que ella es la perrita más querida del mundo.

martes, 2 de noviembre de 2010

Se me dobló hacia la izquierda

Era sábado por la noche y había quedado con mis amigos en ir a una quinceañera. Aquel día nos vestimos con saco y corbata. Cuando llegamos a la fiesta a uno de mis amigos se le ocurrió ir a una discoteca porque el ambiente estaba muy aburrido.

A mí sinceramente me disgustó la idea porque detesto las discotecas y porque las veces que salía con ellos siempre la pasamos tomando y cantando como locos. Por desgracia ese día me convencieron y tuve que aceptar resignado y con cierto desgano.

En la discoteca me sentí ajeno, como desubicado, con ganas de estar en mi casa durmiendo o jugando en mi computadora.

Cuando fuimos a la barra por unos tragos, vimos un par de chicas riquísimas. Mis amigos me codearon y me dijeron: !Naranjo, miiiira! Trae a esas chicas para empatarnos (mi pseudónimo era Naranjo, yo solía ser la carnada y siempre tenía que ir por las chicas a hacerles el habla y luego llevarlas con ellos para estar todos en grupo).

Cuando me acerqué a las chicas, ellas se mostraron sonrientes, como aduladas de que yo me haya acercado a conversarles. Creo que les caí bien. Al rato me acompañaron donde mis amigos, quienes me veían haciendo el ridículo.

Las chicas nos preguntaron por qué estábamos con saco y corbata en una disco, nosotros les explicamos que no teníamos en mente ir a ese lugar, sino que inicialmente habíamos ido a una quinceañera pero como estábamos aburridos allá tuvimos que tomar la decisión de irnos y, pues, terminamos en una fiesta de verdad.

Mientras tomábamos cerveza y las chicas bailaban con mis amigos, una tipa se me acercó muy discretamente y me dijo: Hola, amiguito. Oye una consultita. Yo voltee a mirarla y con el tono de voz un poco alto debido a la fuerte música que sonaba, le dije: ¿si? dime. Ella señaló a un grupo de chicas y dijo: ¿ves a mis amigas de allá? Te quieren conocer, ¿podemos ir para presentártelas?Claro, le respondí entusiasmado. Mis amigos empezaron joderme y a vociferar con cierto aire burlón: ¡wuuuuh... bien, naranjo! .

La tipa me condujo hacia donde estaban sus amigas y me las presentó. Eran 4 tipas. Ninguna me llamaba la atención, eran todas muy limitadas de belleza. Yo fingí amabilidad y puse cara de niño educado. Ellas secreteaban entre sí y reían tímidamente mientras me miraban, como susurrándose un chisme. Yo me sentía incómodo y sabía que hablaban de mí, y, probablemente, de lo guapo que me veía con saco y corbata.

En un acto de cobardía, intenté huir de esas tipas carroñeras, pero ellas, mujeres, siempre listas, se dieron cuenta de que yo pretendía escapar de sus garras y me comprometieron a bailar, yo me opuse pero ellas insistieron. Al final tuve que aceptar porque intuí que si las rechazaba, ellas, en un acto de venganza, me calatearían y me violarían con descaro en ese lugar. Para no pasar tal ridiculez, acepté bailar. La chica que se ofreció a bailar conmigo, era probablemente la más interesada en mí, pues me sonreía exageradamente y me miraba como diciendo: ¡ahora no te me escapas, papito! en su gesto se veía unas ganas incontrolables por sentirme cerca suyo, como si yo fuese un rico postre que está a punto de ser devorado.

La música que bailamos fue una salsa, un género que me gusta pero que, sin embargo, no sé bailarlo bien (en realidad no sé bailar nada). La chica me cogía la mano con delicadeza y yo poco a poco entraba en confianza y perdía el miedo. Mis amigos observaban todo desde lejos y yo veía cómo se burlaban de mí y de mi baile torpe y vergonzoso.

El baile duró demasiado, se hizo eterno. La chica se me acercaba excesivamente y me hacía sentir sus senos redonditos que estaban amoldados a su sostén blanco que yo podía ver con cierto descaro. Aquellas tetas era como dos esferas suaves que se hundían como esponja cuando tocaban mi cuerpo. Me gustaba sentir su pecho y ella lo sabía, por eso se entregaba de manera absoluta.

Cuando terminó la canción, ella quiso que sigamos bailando, pero el género ahora era otro, era reggaetón; a mí me daba pavor y mucha vergüenza bailarlo, pero ella me dijo que sigamos, que no sea malito, que era la última y luego descansábamos.

Yo no le respondí pero como seguí en la pista de baile, ella lo interpretó como una aceptación silenciosa, así que empezó a moverse con suavidad, de manera muy erótica. Yo me reía y, para malograrle el baile, empecé a moverme con cierta apatía, muy desganado. Ella se volteó con sensualidad y presionó su trasero con mi pajarito y empezó a agitarse con sutileza. Al principio me fue incómodo, pero luego me sofoqué y me calenté y pensé: si así se mueve cuando baila, cómo será cuando haga el amor.

Riéndome le seguí el jueguito y empecé a moverme a su ritmo. Era como tener sexo en público y con ropa. El baile era demasiado atrevido. Yo no estaba acostumbrado a ese tipo de acercamiento; apenas tenía dieciséis años y ya sentía el cuerpo de una mujer moverse delante de mí.

Cada vez que ella aceleraba su ritmo, yo me agitaba, me sacudía con ímpetu para no defraudar a la chica. De pronto ocurrió algo inesperado, quizá fue por la vibración de nuestros cuerpos o por la excitación que la chica provocó en mí o por la forma deliciosa como se movía: mi muchachito se me paró, se puso tieso. La chica se dio cuenta y empezó a friccionar más su cuerpo con el mío, su falda era demasiado delgada y quizá eso le excitaba, pues sentía mi pene erecto agitándose detrás suyo.

Sus movimientos frenéticos generaron un incidente, y es que mi vultito de la entrepierna se inclinó hacia un lado, se dobló con severidad hacia la izquierda. Fue un poco tediosa esa desviación porque el pellejito que cubre la cabecita de mi pene se abrió y empezó a provocarme un ardor terrible. Inmediatamente perdí la erección y mi órgano sexual perdió rigidez y se ocultó como una oruguita tímida.

La canción por suerte terminó y la chica me dijo: ¡qué rico bailas! Yo me sentí halagado y un poco accidentado por el ardor en la entrepierna. Ella me llevó de la mano donde su grupito de amigas y yo le dije que iría al baño. Ella y sus amigas soltaron una risotada, pensado seguramente que yo iría al baño para masturbarme por la excitación del baile, pero en realidad era para acomodarme mi pipilin que se me había accidentado en aquel baile ardiente a la que la chica me había sometido.

Después de ir al baño volví donde mis amigos, ellos se rieron por mi hazaña y se burlaron de mis pasos torpes e incoherentes y de mi meneo estrepitoso en la pista de baile. Me sentí un tonto de lo peor. Así que les dije a mis amigos que iría a comprar más cigarros, pero nunca más volví. Me fui a mi casa solo y muy avergonzado y triste porque estaba convencido de que era un completo imbécil.

martes, 26 de octubre de 2010

La sonrisa del perdedor

Es domingo. He tenido una semana pésima. No me ha ido bien en nada. Espero que pronto todo cambie. Ya no quiero seguir con esta mala racha, me es insoportable. Me he cuestionado demasiado en asuntos a los que debería darle poca importancia, pero así soy yo, que le voy hacer, siempre me cuestiono de forma severa y suelo culparme de mis errores, pero ya no más, esto tiene que cambiar de una vez por todas.

Caprichos involuntarios me consumen siempre y aunque sé que soy débil ante ellos, siempre me aferro y me rindo tontamente como un niñito terco que no tiene más opción que terminar derrotando y culpándose de sus fracasos. Patrañas. No se qué carajo me pasa.

Mi único refugio son estas líneas que parecen condenarme a una derrota constante, donde intento desahogar toda mi tristeza interna sin tener buenos resultados. Dicen que los ojos son la ventana del alma, por lo tanto, si esto es verdad, tendría que decir que mi alma es demasiada indefensa y deprimente, y esto se ve reflejado en la mirada triste y resignada que poseo.

No crean que intento hacer un escrito triste, es simplemente que no tengo nada más que escribir sino tan solo palabras sombrías que emergen naturalmente desde lo más profundo de mi corazón. Ahora me lamento por hacer sufrir a las personas que me muestran cariño. Suelo comportarme como un personaje desinteresado y egoísta que sólo piensa en su bienestar y fundamenta motivos ridículos para excusarse de los problemas que genera. Soy tan mezquino. Los pocos amigos que tengo se están alejando por mi conducta irreverente y huraña.

Suelo desear lo mejor a las personas, les deseo suerte y mucha felicidad, pero cuando consiguen ser más felices sin mí, me siento traicionado y humillado por no ser yo el causante de esa felicidad. He perdido muchas personas cercanas a mí que me querían incondicionalmente (o quizá todavía me quieren pero silencio). Es triste ver como los demás tejen sus caminos e intentan mejorar su vida mientras yo me rehúso a cambiar la mía y me justifico diciendo que soy feliz con lo que hago, cuando en el fondo sé que estoy mintiendo y sólo digo tal disparate para que los demás no sientan pena por mí, pero las personas se dan cuenta de lo infeliz que soy y sospechan que sufro demasiado conviviendo en mi monótona vida.

Leer y escribir me encanta, pero sé que ahora ese encanto no me hace feliz, He perdido el deseo de aventurarme a la vida. Me encarcelo voluntariamente cada fin de semana en mis cosas, y vivo ensimismando en ideas que no tienen lógica ni fundamentos validos. Soy un maldito mentiroso que calla resignado y se inclina ante la soledad. Quisiera pronto despojarme de todo el sentimiento que ahora me atormenta, pero siento que sería como arrancarme la piel y caminar desnudo por estas calles frías, exponiéndome al cruel destino inminente que vislumbro desde mi pronto presente.

Siempre la gente me ve como el chico buenito incapaz de realizar alguna cosa malintencionada, incapaz de cometer algún acto vil o alguna travesura malvada, pero lo que muchos ignoran es que detrás del rostro de muchachito educado y buenito que pueden apreciar en mí, se oculta un tipo desolado que mira un futuro incierto, con incertidumbre y mucho miedo, pues detrás de mi rostro indefenso existe una alma vacía que poco a poco pierde interés por seguir adelante luchando por sus sueños.

Últimamente he pensado que no tengo talento, que me limito a escribir textos intentando huir de mi realidad, pues sólo en mis relatos puedo pintar un mundo interesante, cosa que en la realidad me es tan ajeno e indiferente. En mis escritos puedo amar con el alma y puedo ser feliz con alguna palabra bonita o alguna frase divertida o algún deseo tentador. Mentira. Detrás de ese escritor, existe un narrador insatisfecho con sus historias y miente para provocar interés en sus lectores, lectores escasos que depositan su confianza en breves historias de amor que el escritor suele amoldar con sus recursos literarios que cada vez se desvanecen y pierden lucidez.

Cuando por las noches me echo en mi cama y apago la luz y establezco absoluta oscuridad en mi cuarto, me envuelvo en recuerdos que quisiera volver a vivir, como por ejemplo: me encantaría volver a vivir aquella historia de amor que viví en la secundaria, aquel amor que fue prohibido y que, sin embargo, tuvo el coraje de amarse a pesar de las circunstancias, aquel romance de infinita felicidad donde los amantes demostraban todo su amor en un segundo, por eso huían hacia los salones más alejados como dos personitas traviesas para que los auxiliares no vean aquella muestra de amor simplificado en un beso. O por ejemplo, me encantaría volver a tener la oportunidad de aprovechar mi tiempo en escribir historias fascinantes en vez de haberlo desaprovechado en vicios tontos. Me gustaría volver a tener a mi mamá cerca y decirle que es la mejor mamá del mundo y que la quiero con el alma entera y decirle que nunca se vaya de mi lado porque desde que se fue no tengo una cómplice como ella ni una confidente que escuche mis problemas. Extraño sus caricias nocturnas y los momentos cuando ella me llamaba y yo iba a su cuarto encantadísimo de la vida y le comentaba con timidez mis secretos de amor, ella acariciaba mi cabello mientras yo me perdía en su perfume exquisito y oía sus maravillosos consejos pensando en lo afortunado que era mi papá por tener a una mujer tan encantadora como mi mami.

Los tiempos ahora son otros y debo solventar mi presente y darle lucha a los cuestionamientos que me inundan la cabeza y debo hacer prevalecer mis ideales y ser perseverante en la batalla por ser escritor y debo dejarme envolver en mis sueños como antes lo hacia, cuando tenía una motivación enérgica llena de esperanzas y confianza hacia mí mismo. Aunque los tiempos cambien y ahora ya nada sea como antes, aún conservo talentos que no exploto y debo sacar a flote si quiero ser el personaje que tanto soñé de niño.

viernes, 22 de octubre de 2010

Poema XIII

El futuro me parece tan incierto como el desarrollo de este poema.
No tengo ideas, sueños, mucho menos interés por seguir de pie.
Siento frío y me siento austero.
Siento que soy un ermitaño de suprema incapacidad.
Deambulo sin rumbo y me pierdo en el sabor de mis pensamientos que yacen ya sin sabor.

Es de noche, y el día fue tan fugaz como el suspiro de los enamorados, como el mío antes de perder el amor imperdible que albergo en mi corazón.
¿Soñar? Me es tan ajeno a veces.
He dejado de soñar.

Si pudiera siquiera saber lo que me espera, estoy seguro que detendría mi andar, pero el tiempo pasa y me es improbable detenerlo.
A veces solo huyo, y huyo en los escritos que afiebrado intento crear sin tener un fin exacto.
Si mi futuro dependiera de mi intuición entonces escribía sin cesar, pero como de sueños no se vive, solo me limito a vivir esta vida ya sin vida.

Aliviaría mi sedienta ambición si pudiera tener una motivación, motivación que surge y se adhiere a una crónica evaluada como decepcionante ante la intriga del lector que no se atreve a leer mis líneas y que, sin embargo, me critica.

Mezquindad y abulia empozados en mi alma es el refugio donde decaigo en días como hoy, donde el silencio se hace eterno y la soledad una constante intolerable.
Baldíos de placer es lo que me obsequia el cuerpo de una dama de comportamiento anómalo que infringe seducción con sus deseos pecaminosos. Menudo ofrecimiento la suya y obstinada aceptación la mía.

Con los días, sabré si mi prematura exigencia literaria tendrá frutos, y si ha de ser una respuesta inesperada, solo será la repercusión de lo evidente.

viernes, 15 de octubre de 2010

Para la monga más dulce del mundo

Esta es una post muy especial, va dedicado a una persona encantadora que supo soportarme un tiempo breve que pareció una eternidad. Sí, una eternidad llena de momentos inolvidables que quizá, algún día, pueda contar con detalles específicos.
Llevo un par de días sin ella, y siento que todo anda mal entre nosotros. Ella se comporta de forma indiferente e intenta manifestarme su rencor y desprecio aunque no lo logre, pues yo sé que ella no me desprecia ni me odia, al menos no del todo. Ante sus ojos soy un oportunista que desaprovechó la oportunidad de ser feliz, y tiene razón, perdí mucho al alejarme de ella, pero mi decisión fue tomada por motivos que ahora explicaré.
Rozalyn, su nombre ha alborotado mi mente estos últimos meses. Ha llenado de ternura mi vida. Supo comprender mi conducta inconsistente y me apoyó en lo que pudo, aunque para ella yo sea un canalla que le paga con traición. Ella era mi chica, mi enamorada, la mujer que a base de cariño me supo conquistar. La última vez que nos vimos, tomé una decisión muy apresurada y me atreví a confesarle mis sentimientos. Le dije que no me sentía enamorado, que he intentado enamorarme pero no he podido, le expliqué que yo no mando en el corazón, que si fuese así me hubiese encantado enamorarme de ella. Pero ella no me entendió, echó a llorar y me miraba con tristeza, con los ojos humedecidos de llanto como reclamándome por el amor que me brindó.

- ¿Estás enamorada de mí? – Le pregunté con frialdad.
- Un poco – me respondió, muy tímida, como sospechando una mala noticia.
- No te quiero mentir, es mejor decirte esto de una vez antes que siga pasando más tiempo - dramaticé
- Qué cosa mongo, dime
- Es que siento que no estoy enamorado. Sí te quiero, te quiero muchísimo, pero no me siento enamorado. No creo ser capaz de quererte como tú esperas que lo haga. No puedo – dije con voz suave, como disculpándome – He intentado enamorarme de ti, pero he fracasado, y es mejor que sepas esto de una vez porque no quiero ser un cobarde mentiroso. No es justo que tú me quieras como lo haces mientras yo juego al confundido.

Ella me miraba en silencio, escuchando mis palabras que eran como puñaladas que desgarraban su alma. Yo me sentía una persona descorazonada, muy estúpido, muy incapaz e inútil por hacer sentir mal a la chica que me abrió el corazón para llenarme de cariño. El silencio dividía nuestros mundos y yo observaba desde lejos cómo su mundo se desplomaba. Intenté consolarla y abrazarla pero ella no me lo permitía, me rechazaba una y mil veces, era yo un traidor que la había defraudado. El ambiente se tornaba insoportable, hostil. Yo me permití algunas ironías para aliviar su tristeza.

- No llores, si quieres méteme un lapo para que te desquites, pero no llores, no me gusta verte así. – Le dije, cariñoso.


Ella permanecía callada, como ausente. Luego añadí.

- Oye, abotónate un poquito tu blusa, se te ve las tetas.

Ella sonrió ligeramente, como orgullosa de que le vean sus senos. Yo no sabía qué hacer, quería abrazarla y decirle que me perdone, que no era mi intención lastimarla, pero el daño ya estaba hecho y no podía dar marcha atrás, no podía decirle: oye, por si acaso lo que te dije fue de broma, si estoy enamorado de ti. No podía jugar en ese momento de seriedad, tampoco podía comportarme como un niñito inmaduro que miente por lástima. Era mejor decirle la verdad aunque le duela, no podía callar algo tan importante, ella no se lo merecía, por eso lo hice, porque ella es tan importante para mí que no le puedo ocultar nada, ni mis sentimientos. Ella me abrió el corazón y me hizo vivir momentos de amor, de ternura, de pasión, de locura, y en honor a esos momentos, debía ser sincero. Parte del amor es alejarse de la persona a quien quieres por su felicidad, es algo que ella no entiende. Ella podrá ser más feliz sin mí, estoy seguro. Yo quisiera hacerla inmensamente feliz, lo intenté, pero no pude, por eso me alejo, para dejarle el camino libre y dejar de ser una carga para su corazón.

Antes de despedirnos, me acerqué para abrazarla y sentirla cerca, sentir su fragancia de mujer y conservarla en mis mejores recuerdos, pero ella no me lo permitió, me empujó bruscamente y yo me puse triste. No entendía por qué actuaba de esa forma tan cruel, quizá yo merecía lo peor del mundo, pero no su desprecio, solo quería hacerle entender que pese a no estar enamorado de ella sí la quiero, y la quiero demasiado, pero ella no lo entendía, me veía como un enemigo que intenta hacerle daño, y no era así, yo la quiero de verdad. Que lastima que hayamos terminado mal. Yo nunca quise que me odie, no quise su desprecio, solo la quise a ella y quería hacerla feliz, no pude y me arrepiento, me arrepiento del tiempo que le quité y del final que le regalé. Lo siento, lo siento de verdad Rozalyn Medina, lo siento por quererte como te quiero y por alejarme de ti. Discúlpame, y espero que algún día me puedas comprender.

sábado, 2 de octubre de 2010

El Facebook y sus consecuencias

No quiero tocar temas que afecten a nadie, pero es mejor desahogar toda la incomodidad que llevo dentro, y la única forma que encuentro es esta, escribiendo. Si alguien se siente afectado, pues deberá comprender lo que hago, así lo haga de manera arbitraria.
A veces mi tolerancia y mis ganas de establecerme en una realidad inexistente, y sentir que todo está bien aún sabiendo que no lo está, me lleva a una constante autodestrucción.
Hace unos días tuve un descontrol emocional, un disgusto que me gustó por sus consecuencias.
Un impertinente cometario generó entredichos en personas que era mejor mantenerlas distantes, pero lamentablemente se generó un enfrentamiento mediante mensajes inoportunos escritos por puro impulso. Todo comenzó por un comentario negligente de mi prima, un descuido tonto, quien comentó el estado de Facebook de Sandrita, mi ex enamorada, y yo, donde habíamos escrito de forma juguetona algunos pequeños cometarios inofensivos, el cual, mi prima, muy ingenua y tonta, malinterpretó, y luego comentó de forma ingenuamente venenosa una frase popular que dice: “donde hubo fuego… ”. Dicho comentario causó disgusto por parte del novio de Sandrita, a quien seguramente le incomodó todo lo escrito, desde mis comentarios juguetones hasta las respuestas cómplices de Sandrita, y, obviamente, la torpeza imperdonable de mi prima. Al ver todo lo escrito, quiso hacerse presente y, en consecuencia, comentó el estado de Facebook de Sandrita, pero su comentario fue desdeñoso, menospreciativo, humillador e indiferente.
Yo respondí de inmediato, diciendo: “lamento generarles problemas, lo siento, en serio. Espero que sean felices”, disculpándome por lo ocurrido y por el error que mi prima había cometido.
Luego se desencadenó una serie de entredichos y juramentos banales por parte de Sandrita, quien afirmaba querer a su chico, le juraba que lo quería solo a él, pero él, muy ofendido, denegó el estado de reconciliación y armonía, desconfiando del cariño de Sandrita, haciéndole un berrinche celópata por Facebook. (Ciertamente yo estaba de su parte(de parte del chico), yo tampoco creía que Sandrita sólo lo quisiera a él - lo dudo muy tajantemente -. Yo sé que ella aún me quiere, quizá en silencio y sin tanta intensidad como antes, pero aún me sigue queriendo. Quizá su cariño sea débil y escaso, pero me quiere. Un amor de años no se olvida tan pronto. Nuestra relación duró casi 4 años. Sé que si yo la necesitase en algún momento, ella acudiría a mí para ayudarme. Lo sé porque la conozco. Porque conozco la nobleza de su alma y he vivido los sentimientos que conserva en el corazón. Sé lo buena que es, y sé también que me guarda un cariño muy especial, por eso estoy seguro que me quiere, pero es mejor jurar que sólo lo quiere a él para no tener problemas.)

Después de leer la versión hecha por Sandrita asegurando que sólo lo quiere a él, el tipo escribió un mensaje refiriéndose a mí y al amor que le tuve a Sandrita, afirmando categóricamente y con excesiva seguridad que: “yo (él) he llenado a Sandrita de amor, cosa que tú nunca hiciste”. Al leer sus líneas no sabía si reírme o responderle, lo cierto es que me quedé perplejo frente al computador inundado de pensamientos nauseabundos. Desolado preferí no responder. Pensé que responderle sería como envilecerme. No quería ser parte de su juego. Si intentaba manipularme y creerse un tipo superior y prepotente, que se crea lo que quiera, no me interesa. Él quizá se siente muy halagado porque Sandrita le jura que lo quiere, pero ese cariño que Sandrita le dice tener, no se compara al interminable amor que sintió por mí, pues a mí me amó, y yo la amé más de lo que él podrá hacerlo, se lo aseguro. Pero preferí no comentarle porque a mí no me interesa convencerlo del cariño que Sandrita me tuvo o yo le tuve, me basta con que ella y yo sepamos que el amor que tuvimos fue real. Incomparable. Lo más tierno y embellecedor que nos ha podido pasar a tan corta edad. Por eso preferí mantener la educación y evitar que se genere más conflictos entre ellos.
Unas horas después, me percato que Sandrita borró todos los comentarios. Optó por lo más sabio, pienso. Hizo lo correcto.
PPor eso amé tanto a esa chica, me digo, porque sabe callar cuando es necesario, y sabe mostrar su cariño en momentos oportunos y, sobre todo, sabe decir palabras dulces y enternecer todo instante áspero y avinagrado con su prematura sabiduría adolescente. Sabe calmar las aguas turbias a base de dulzura y encanto, por eso amé tanto a esa chica, porque con hacer tan poco, hace mucho. Por eso la amé, porque en sus pequeños detalles está la grandeza de su amor.

martes, 31 de agosto de 2010

A los 5 años

Mi infancia fue duradera y complicada. Me hicieron vivir de manera apresurada. Experimenté lo que, estoy seguro, nadie ha experimentado a tan corta edad.

A los 5 postulé para entrar al colegio. Aprobé el examen pero no ingresé por mi edad. Era muy niño. Necesariamente tenía que tener 6 años para iniciar la vida escolar.

A los 5 di mi primer besito en mi fiesta de cumpleaños. Un payaso me hizo jugar con una niña. Nos puso frente a frente, mirándonos. Puso una galleta en medio de nuestros labios y nos dijo: cuando yo cuente hasta tres, ustedes tienen que darle un besito a la galleta, el que lo hace primero, gana. Recuerdo que yo vestía con traje de marinerito, la niñita se llamaba fany y lucía un vestido turquesa.

El payaso puso música y luego contó: uno, dos… dos y medio. Y recuerdo que yo hice trampa porque pensé que ese dos y medio era tres y me acerqué a la galleta para darle besito y ganarle a la chica. El payaso me acusó de impaciente pero a mí ciertamente me daba igual. Luego dijo: esta vez sí contaré hasta 3 así que atentos. El payaso robó la atención de todas las personas de la fiesta y se concentraron en mí y en la chica.

Yo me mantenía con la mirada enfocada en la galleta y, seguramente, la chica también. El payaso contó: 1, 2 y… 3. La chica y yo nos acercamos rápidamente a la galleta y el payaso, tramposo, sacó la galleta del medio y la chica y yo nos dimos un besito a vista de todos los invitados de la fiesta, quienes disfrutaron con mucha simpatía aquel beso inesperado. Fue inevitable evitar el contacto de nuestros labios. Ese fue mi primer beso, accidentado y juguetón.


A los 5 años también iba a casa de mi madrina por la tardes. Iba a jugar con su sobrina y con su amiguito. Solíamos jugar a las escondidas. Yo siempre hacía que el niño cuente primero y nos busque. El niño tenía que contar hasta 10, pero parecía que contaba hasta 100 porque siempre se equivocaba y volvía a empezar de nuevo. Yo hacía trampa, era tramposo y un poquito travieso desde muy niño, yo le decía a la sobrina de mi madrina dónde escondernos. Le decía que se metiera al armario, ella me hacía caso y entraba obediente. Yo me hacía el tonto y entraba con ella. Nos escondíamos como dos personitas que intentan cometer un crimen. Un día nos escondimos demasiado tiempo. Yo intenté acercarme a ella para susurrarle algo al oído pero fue tanta la oscuridad que terminé por darle un besito. Luego de esa vez siempre nos escondíamos en el armario y nos dábamos besitos a escondidas. Éramos novios en secreto. Nadie sabía nuestro romance, ni nosotros mismos. Pero cuando entrábamos a ese armario nos comportábamos como amantes de toda la vida.

A los 5 también experimenté otras cosas. Tuve mi primera vez. Recuerdo que fui al estadio con mi papá y sus amigos, jugaba la “U” vs Sport Boys. Yo no sabía el nombre de los jugadores, excepto de uno, de mi ídolo, del goleador: Roberto Martínez. Yo quería ser como él cuando creciera. Quería ser el goleador de la “U” y que mi nombre sea coreado por miles de hinchas. Imaginaba hacer un gol de chalaca al último minuto de un partido y salir campeón del Perú con Universitario de Deportes.

¡Es tan fácil soñar de niño¡ El partido estaba emocionante, pero como yo no sabía los nombres de los jugadores me aburrí rapidito y le dije a mi papá: papi, tengo sed, cómprame algo. Mi papá me dijo que me compraría en el entretiempo, pero yo me moría de sed e insistí. Lastimosamente no había ningún vendedor cerca y yo moría de sed. Mi papá se compadeció de mí y me dijo: prueba un poquito. Invitándome su lata de cerveza Cusqueña. Como yo no sabía que la cerveza amargaba tomé un sorbito considerable. Después me lamenté porque ese líquido me raspó la garganta y, además, sabía amargo.

Al poco rato no podía caminar con firmeza y mis piernitas se sentían débiles y trémulas. Me dio sueño inexplicablemente y no podía mantenerme en pie. El trago había dado efecto. Estaba borrachito. Caminaba zigzagueante. Mi papá se burlaba de mí y sus amigos también. Yo los miraba ingenuamente y ellos disfrutaban verme mareado.

A los 5 años yo le gustaba a dos chicas del jardín que eran primas. Siempre le pegaban a mi amigo porque él me molestaba con las 2 y ambas se avergonzaban. A mí me gustaba una de ellas. Recuerdo que yo las miraba desde lejos y disfrutaba verlas jugar en el recreo. Solían mecerse en los columpios.

Mis días favoritos eran cuando iban con vestido y se subían a los columpios. Yo las miraba atento desde lejos y las chicas se mecían con tal velocidad que, sin querer, les veía su calzoncito blanquito o rosadito, en ocasiones amarillo, siempre colores claros. Adoraba ese instante fugaz de placer. Me encantaba verles su ropita interior. A veces le rogaba a Diosito que mandara vientos fuertes para que agite las faldas de las chicas.

Yo, en ese entonces, no entendía por qué cada vez que las veía, algo se despertaba en mi entrepierna. Era como un ser que tomaba firmeza sin que yo se lo ordenara. A veces me causaba problemas porque se despertaba sin mi permiso y cuando me paraba para caminar, se me veía un bultito en la parte baja.

Ya ha pasado mucho tiempo desde aquellos años, pero sin duda, guardo esos recuerdos con un absoluto cariño. Fueron momentos especiales. Considerando, claro, que no todos los niños tenemos el privilegio de verle el calzoncito a nuestras amigas.

viernes, 27 de agosto de 2010

No soy sincero, pero tampoco un mentiroso

Hace mucho que no sé de Sandrita. No hemos vuelto hablar ni nos hemos vuelto a ver. Ya ni recuerdo cómo era conmigo. Las últimas fotos que vi de ella me mostraban a una chica diferente, una Sandrita cambiada. Espero que haya cambiado, pero no del todo, porque me gustaría que conserve ese encanto tan dulce que siempre tuvo, y que yo adoraba cuando estaba con ella.

Anoche me llamó. Me dijo que estaba esperando mi llamada todo el día porque pensó que yo la llamaría para vernos. Me dijo que se había puesto guapísima y que así había ido a la universidad porque tenía pensado verme esa tarde. A mí me dio gusto saber que quiso sorprenderme con su apariencia, es que Sandrita es tan linda, un poquito irreverente a veces, pero linda al fin y al cabo.

Ella quiere verme. Yo también, pero tengo mucho miedo. Es extraño porque la última vez que fui a visitarla ella me evadía y evitaba tener cierto contacto físico conmigo, ni siquiera hubo un abracito tierno por nuestro rencuentro, sino que ella permanecía distante y fría, se comportaba así debido a que tenía enamorado y no quería defraudarlo. Quizá el solo hecho de tenerme cerca es un peligro, y más si tiene enamorado. Yo creo lo mismo. Siempre es un peligro estar con Sandrita, nunca se sabe qué cosas puedan ocurrir, aunque sé que ahora ella no quiere nada conmigo y yo respeto eso, además yo ando comprometido y quiero mucho a mi chica, pero no por eso dejo de sentir un cariño especial por Sandrita.

Es irónico pensar que ambas son mujeres diferentes. Una es mi chica actual y la otra lo fue hace mucho tiempo. Tiempos tan adorables que guardo en mi corazón como muestra del amor de dos personas que intentaron amarse a pesar de las circunstancias y los problemas que surgieron en el camino. Fuimos muy felices, pero el tiempo y el distanciamiento, y un maldito desencuentro, fueron los que generaron nuestra separación. En realidad tuvimos un fin innecesario. Aquella noche en que decidimos terminar con nuestro romance solo hicimos lo que quisimos hacer desde hace mucho tiempo atrás. Nuestra relación no andaba bien y era mejor respirar y andar por caminos diferentes. Eso nos convenía más. Yo quería separarme de ella y quería que conociera nuevos chicos y que, quizá, encuentre en unos de ellos el amor y la felicidad que yo le negaba los últimos días que estuvimos de enamorados. Ella lo hizo. Se ilusionó de otro chico y estuvo con él.

A mí, por el contrario, me gustaba una chica que estudiaba la misma carrera que yo, pero nunca quise decirle nada a la chica porque el recuerdo de Sandrita aun permanecía en mi corazón, y sabía que mientras no la olvide totalmente era preferible no enamorarme de nadie, no quería hacerle daño a nadie.

Hasta que un día, una chica se interesó en mí. Yo al principio trataba de caerle mal. De ser un chico aburrido, tonto y demasiado homosexual. Pero ella nunca aflojó, siguió incesantemente y logró convencerme para encontrarnos un día. Después de ese encuentro nos vimos más seguido. Sus muestras de cariño fueron muchas pero yo no cedía. Me mantenía firme en mi decisión de no estar con nadie. Yo sabía que si estaba con ella solo la lastimaría. Mi corazón no estaba vacío, tenía el recuerdo de otra mujer. Y yo sabía que mientras esa mujer no salga totalmente de mi vida no podría hacer feliz a otra.

Yo nunca intenté olvidar a Sandrita, pero su recuerdo día a día se iba desvaneciendo. Ella era feliz al lado de otra persona y yo era infeliz en mi soledad.

Fue así que un día cedí a los encantos de la chica con la que estaba saliendo y quise intentar algo con ella, quise desafiar mi lado interno y probarme que también puedo ser feliz como lo era Sandrita. Pero fui un tonto. Yo debo ser feliz porque quiero ser feliz, no porque quiero demostrárselo a otra persona.

Muchos amigos me decían que Sandrita había tenido una mala elección por dejarme e irse con ese otro chico. La mayoría de mis amigos conocían a ese chico. Decían que era un sinverguenza que no sabe respetar a las mujeres. A mí ciertamente me daba igual, si Sandrita era feliz con él, pues entonces yo respetaría su relación. Ahora no sé si seguirá con él, pero si está le deseo suerte, y si no está también. Yo intento ser feliz al lado de mi chica aunque me cuesta lograrlo.

A veces caigo en profundos caprichos que me llevan al desgano y descontrol de mi comportamiento. A veces la trato mal y me encierro en mi tristeza. A veces no sé si hice bien en aceptar una relación sentimental. Creo que no estoy preparado. Soy demasiado incapaz para sobrellevar un romance por caminos de felicidad. Me siento débil y a veces quiero no hacer nada. Siento que le hago daño y que ella se merece un chico menos complejo que yo. Tengo características anormales y reacciones que muestran una inmadurez total. La quiero, y la quiero tanto que por eso me gustaría que ella me deje, porque cualquier persona le haría más feliz que yo. Yo ni siquiera intento enamorarla. Soy un cobarde que no sabe cuidar el corazón de esa chica que me quiere con locura. Me gustaría quererla como ella espera que lo haga. Su amor es tan puro que me quiere sin esperar nada a cambio. Quererme le hace daño, pero a mí hace bien. Lo único que no sé es si mi cariño le hace tan feliz como el suyo me hace a mí. Siempre nos decimos que nos queremos pero yo ni siquiera lo demuestro. Ella ya lo hizo, y lo hace constantemente. Me encanta que lo haga. La quiero porque sabe quererme de manera singular. Nadie me había querido así jamás. Intento no hacerla daño, pero siempre fracaso. Soy poco hombre para hacerla feliz. Ella se merece lo mejor del mundo, y sabe que yo no soy lo mejor pero se conforma con lo poco que le doy, y eso me hace quererla más, porque a pesar de mis errores, ella es paciente y es feliz con mi tímido cariño de muchachito tonto. Por ahora ella intenta ser el papel protagónico en nuestro romance, pero sé que no será por mucho tiempo. Dicen que todo da vueltas, y si este dicho es verdad, entonces ella recibirá mucho amor algún día. Espero ser yo quien se lo brinde, y si no logro hacerlo, sé que ella lo disfrutará con quién sea, porque así es ella: disfruta siempre lo mejor, sin importar lo que venga luego. Sabe disfrutar la vida y suele ser feliz con los pequeños detalles. Ese es tal vez, el significado del verdadero amor: ser feliz con las pequeñas cosas que recibimos.

lunes, 16 de agosto de 2010

Poema XII

Y yo decidí perderte por razones insospechadas.
El tiempo pasa y tu imagen todavía me hace vibrar como antes de perderte.
No he vuelto a dedicarte mis sueños ni mis caricias ni nada, en absoluto.

¿Te extraño? no lo sé.
Solo he vuelto a pensarte inesperadamente.
Ay mujer, cuánto te amé
Y cuán largo es olvidarme de ti.

Quizá vuelvas.
Ojala sea así.
Mas no hoy, que soy feliz.
Pues tu presencia solo alborotaría mi quietud.

Esta noche te dedico mis pensamientos porque así se ha destinado.
Pero quién sabe mañana, quizá no te recuerde.
Quizá deambule pensando en otra mujer que me ama sin razón.

Una que sabe amarme sin que su amor sea correspondido.
Y qué importa si el amor no es correspondido,
cuando uno ama, solo le interesa hacerlo sin esperar nada a cambio.
Aunque al final, la persona que más ha amado, será quien más ha perdido.

Poema XI

El desdén incrédulo de quien me desconoce,
genera en mí una mirada desafiante.

Las ganas inconscientes despiertan avasalladores comentarios
que alegan adjetivos imprudentes,
ofuscando el alma de los ávidos oídos
y del corazón trémulo y distante.

Severa confusión que se pagará con deseos humanos y atributos indeseables.
Roces verbales, sumisos a la indiferencia atónita de quien permanece ausente en presencia.

Error por error contribuyen a la equívoca decisión por ocultar sinceridad.
Y, a la vez, emancipa temores prisioneros y adjunta caos y desolación en las almas
como si fuese una mentira envuelta en verdad que nadie quiere creer
por una insignificante confianza fallida.

De libre pensamiento surge ingeniosos abstractos conformistas y la melancólica creatividad del poeta que no será sino más que un hacendoso escritor ensombrecido en sus febriles líneas impertinentes.
Y aunque el pasado no se repita, aún lastima como si fuese un presente constante.

viernes, 6 de agosto de 2010

Poema X

¿Y quién era yo antes de conocerte?
¿Y quién eres tú antes de conocerme?
Éramos dos extraños perdidos en su propio rumbo incoherente.
Ahora somos dos individuos mutilados al deseo constate de la piel.

Tus besos conceden placer absoluto a mis labios
y tu piel hibrida de razones conserva el misterio de un valle indescifrable,
pues te entregarás al amor de quien te ame.

Yo no te amo
pero ya empecé a sentirte.

Tú no me amas
pero esperas hacerlo.
No porque yo lo decido,
sino porque así se ha previsto.

Huye.
Huye pronto y llévame contigo.

Escapemos juntos y perdámonos por aquel paraíso infinito
que es estar unidos por un sinrazón de motivos.


Yo no te pertenezco
solo me entrego a tu voluntad y al capricho de mis ansias,
a tus manos incontrolables y a tu desmesurada locura por sentirme tuyo.

Vehemente compañía es la tuya,
pues llegaste a mí como la aurora de un sueño profundo,
y ahora alborotas mi quietud con tus verbos ambiguos
que derivan de tu pensamiento adolescente.

Y yo, dócil como el viento de verano,
adolecía de fantasías, mas no ahora
que navego encandilado por tus palabras afiebradas.

Quédate mujer, quédate en mí el tiempo que quieras
y si mi vida no basta para satisfacer tus aventuras
sígueme con el alma para aventurarnos al inframundo
que no hay más eternidad que la muerte misma

miércoles, 4 de agosto de 2010

Lo que no siento por ella

Enamorarse es tan sencillo como ver el cielo y suspirar. Es la ilusión más significativa en la adolescencia. Nos hace soñar y perdernos en pensamientos que esperamos se hagan realidad.

Enamorarse genera resultados insospechados, a veces causa una felicidad tierna y otras una tristeza innecesaria. Yo hace mucho lo estuve, y ahora no sé si quiero estarlo.

Hay una chica con la cual estoy saliendo. Ella me quiere y yo a ella (ojo: quererse no necesariamente quiere decir que estemos enamorados). Somos muy felices estando juntos. Me hace reír y disfruto en silencio sus muestras de cariño.

Ella me complace de manera sorprendente, y hasta me atrevo a pensar que su cariño me es inmerecido. Su afecto es absoluto, o al menos yo lo creo así. Me escribe a menudo y sabe ganarse mi amor con detalles románticos. Yo la quiero, ella lo sabe, o al menos lo presiente. Ella me quiere, me lo demuestra a diario.

Hablamos todos los días, siempre tengo algo que contarle. Ella me oye enmudecida y yo le narro fragmentos de mi pasado, intrascendentes quizá, pero ella los disfruta con un goce enrarecido.

Cuando la conocí no pensé que llegaría a sentir lo que ahora siento por ella, ni siquiera imaginé extrañarla como ahora lo hago. Con los días fue robándome los pensamientos a base de afecto y dulzura. Me llevó a su casa y me presentó a sus padres, quienes me comparan, lo sospecho, con un ex enamorado que ella tuvo.

Creo que aquel último enamorado le marcó la vida. Ella lo amó demasiado, me lo confesó una noche cuando hablábamos por teléfono; sin embargo, por esas cosas raras de la vida su relación se estropeó. Según lo que ella me contó, fue que un tiempo el tipo le propuso terminar su relación, pero quería seguir besándola, abrazándola y hacer cosas de enamorados. A ella no le gustó esa propuesta porque pensó que el amor de él no era sincero; y, claro ¡qué va a ser sincero un amor que semejante proposición!

Si una persona es tu enamorado y luego te pide que dejen de serlo, pero te dice que se sigan frecuentando, y en esos encuentros te trata como si lo fuesen, el amor que te dice tener es incoherente. Para una persona enamorada no hay nada mejor que estar con el ser amado; por lo tanto, ese tipo sólo abuzaba del amor que ella sentía.

En otras palabras: era un pendejo que quería aprovecharse de ella; para luego, en un momento dado, largarse con alguna mujer que encuentre.

Yo la quiero, es verdad, ella me quiere, también lo es, incluso ya nos hemos besado producto a nuestros encuentros constantes y al gran cariño que nos tenemos. El asunto es ¿ella estará enamorada de mí? ¿Yo estaré enamorado de ella? Ambas preguntas me causan intriga.

Ella no me ha dicho que está enamorada de mí, aunque si interpreto sus actos y su forma de tratarme pareciera que sí. Yo, por el contrario, no puedo decir lo mismo. Yo no me siento enamorado, o al menos esa es mi duda. Es verdad que la pienso, la extraño, la quiero y siento muchas cosas por ella, pero no siento que estos sentimientos que ella genera en mí sean necesarios para dar el siguiente paso y pedirle que sea mi chica.

Ella quiere que lo intentemos, me lo ha repetido las últimas veces que nos hemos visto. Yo me he rehusado y le he explicado mis motivos. Le he dicho que no quiero sentirme atado a nadie ni mucho menos comprometerme. Sé que hago mal, y sé también que me estoy comportando como aquel patán que fue su último enamorado, pero tengo mis motivos.

No hace más de 7 meses he terminado una relación de años con la persona quien yo creía, hasta ese entonces, era el amor de mi vida. Duramos muchos años años. Ella fue mi primer amor, ese que se recuerda toda la vida. Fuimos muy felices juntos, pero como todo, nuestro final tenía que llegar; sin embargo nunca entendí los motivos por el cual nos separamos. El problema no es haberla perdido, sino no saber olvidarla. Su recuerdo aún me lastima. No podría estar con otra persona porque aún la pienso. No he cerrado esa etapa en mi vida.

Ese es el motivo por el cual no puedo formar un relación. El recuerdo de otra persona aún merodea mis pasos. Se inmiscuye en mis pensamientos y yo cedo inofensivo....

lunes, 2 de agosto de 2010

¿Y si me complaces?

Ella es una chica que le gusta lo prohibido. Suelo hablar con ella horas largas por teléfono mientras me cuenta de su chico. Pronto será su cumpleaños y no tengo idea del regalo que le voy a dar. Nada me parece apropiado para regalarle. Nada excepto una embase de lubricante para que pueda hacerlo con su chico el día de su santo.

Ella desea pasar momentos íntimos con su chico, a él parece no importarle tener algo más que besos y abrazos. Ella me cuenta que su chico no la toca, que a veces siente que a él se le para pero no hace nada. Ya se cansó de provocarle erecciones, ahora quiere sentir ese pedazo de él que tanto desea tener.

A veces, cuando le entra el romanticismo, me cuenta que ya no espera hacer nada con su chico, que solo le basta tenerlo cerca y sentir que él la ama. Ama tanto a su chico que suspira por los poemas que él escribe, aunque estos tengan muchas veces un significado áspero. Él intenta ser romántico pero manifiesta en sus escritos la rebeldía de su alma.

Él es mi amigo. Compañero de muchas escapadas de fin de semana. Alcoholizados amanecemos algunos domingos hablando de política o debatiendo conceptos de amor, o, en el peor de los casos, de desamor.

Él jura amar a mi amiga. Como muestra de ello, él se grabó en un teléfono celular diciendo: ¡Ruth, te amo, yo killer! Grabación que ella escuchó semana después y disfrutó a carcajadas.

Él quiere ser escritor y ella quiere ser su chica. Él quiere embriagarse y ella quiere tenerlo algún día desnudo. Él prefiere ir al estadio a alentar al club de sus amores y ella lo considera a él como su único amor. Su relación ya lleva casi medio año, es mucho tiempo considerando que él nunca tuvo enamorada.

Es un amor raro, pero amor al fin y al cabo. Él quiere filmar una película porno y ella quiere, lo sospecho, ser su actriz todas las veces que se quedan solos en su casa.

Él le ha propuesto hacer el amor pero con una condición: que ella se vista de colegiala. Ella ha aceptado pero aún no lo complace. Ambos se aman, se desean y se extrañan, me lo han confesado.

Ella se escapa al anochecer con la excusa de salir a correr y va a casa de él, su chico. Comparten horas juntos en la oscuridad de la noche, o, si tienen suerte, en la oscuridad de su cuarto. Ella me contó que ha pasado la noche con él pero que no ha pasado nada, al menos nada malo, me lo asegura. Yo creo que entre las parejas no hay nada malo, excepto la infidelidad. Las poses, las caricias inadecuadas, los besitos traviesos y todo, en absoluto, está permitido al momento de amar.

Ella detesta a mi ex enamorada porque dice que no sabe valorar mi amor. Yo le digo que no la odie, que nuestra separación fue porque ambos lo decidimos así.

Hace unos minutos hablé con ella por teléfono (mi amiga) me contaba que por fin sucedió, que hace dos días hizo el amor con su chico. Me cuenta de forma descarada que le tocó su miembro, que disfrutó mucho de aquel momento, lo único malo es que su enamorado no aguantó el primer round y se le vino muy rápidito.

Yo le dije que es porque seguramente no está acostumbrado a hacerlo, de tanto porno que ve y de tantas masturbaciones que se hace, ha surgido su precocidad. Le digo también que lo intente con algunas copas de más, que los hombres aguantan más el primer polvo ebrios (lo sé porque desde hace mucho tiempo leo teoría sobre este tema). Ella se ríe y me dice que lo intentará. Me confiesa que tuvo mucha suerte el día que lo hicieron porque la mamá de mi amigo llegó minutos después que terminarán su faena sexual.

Ella me cuenta que fue rico haberlo hecho con él, con su chico. Me explica muy alegre que lo besó todito, pero que no llegó a chupárselo, enfatizó. Él quiso que lo ataran para tener un sexo más salvaje; sin embargo ella no lo complació, solo quería juntar su sexo con el de él y disfrutar del delicioso placer que generan los cuerpos desnudos al momento de agitarse de forma descontrolada.
Me dice que tiene que salir.

Irá a Chorrillos para ayudar a un amigo a reconquistar a su novia, ya que semanas antes se han peleado porque él se quedó una hora encerrado con la amiga de su novia en el cuarto de un hotel, y jura que no pasó nada.

Así que me despido y quedamos en hablar en la noche.

sábado, 26 de junio de 2010

Poema IX

Bajo el cielo turquesa
mis labios dibujan una felicidad inexplicable.

El corazón me palpita de manera sobria
y el juego de extrañarte
es una partida que perderé

Mis ojos atristezados te sueñan
y la soledad no hace más que hablarme de ti

Tantos otoños contigo y sin ti,
desdeñando el tiempo y culpando sus cambios
extrañando tus labios y amándote en silencio

Atrás quedaron los recuerdos
y aquél lejano adiós
tan fugaz, como una tarde de abril

jueves, 17 de junio de 2010

Poema VIII

Quiero apeligrarme en tu presencia,
sentir en tu mirada el cálido beso que tus labios me exoneran.

Recordar en tu voz los jadeos
de un amor entregado a la pasión descontrolada,
como el de ayer, como el de antes,
cuando aún eras mía

Entre valles y sombras navegan los recuerdos imborrables de lo que fue y será,
aquellos que rehusan cobijarse en el fin sobrio de un corazón mudo

La fríaldad de tu áspera indiferencia contrasta el magestuoso recuerdo de mis pensamientos, y tu ingenuidad desdeñable nutre la voluntad improvista de mis ganas de tenerte una vez más

Vete. Largo. Huye con tus miedos.
Desaparece como ayer.
Mantente distante,
pero no del todo,
aún quiero recordarte, mujer ambigua

Mujer de nadie,
esfúmate pronto y vuelve también.
Llega inesperada en una noche de luna
como el cántico de las aves silvestres

Vuelve como la última vez,
como aquella inolvidable noche de abril
donde mis sueños se hicieron realidad

La realidad, de no volver a tenerte
nunca más

miércoles, 9 de junio de 2010

Un suicidio necesario

Hoy le confesé a mi amigo que me está empezando a gustar una chica que no debe gustarme. No es prohibida, pero es ajena. Él me cuestionó e intentó ahondar en el tema, yo no quise ilusionarme con hipotesis porque sabía que no tenían futuro, por eso le dije que buscaría a mi ex enamorada, quizá así pueda quitarme la idea de seguir pensando en la chica que no debe gustarme.

Antes, cuando veía a mi exenamorada, el solo hecho de verla hacía que me olvide de todo, que olvide el asunto por el cual estabamos distanciados o por el cual habíamos terminado. Junto a ella no existía nada,solo ella y yo. Los problemas se disipaban y sentíamos que el mundo solo servía para vivir enamorados y que el destino de ambos era permanecer unidos, por eso quise buscarla, para olvidarme de todo y olvidar que otra chica me está empezando a gustar. Es que soy de corazón vulnerable y me enamoro rápido, es mi gran defecto.

Si me llega a gustar la chica que no debe gustarme, pronto me enamoraré de ella, lo presiento, y si la sigo frecuentando será más fácil aún. Debo evitar verla aunque mi volutad me lo impida. Es una mala idea hacer planes para salir este fin de semana con ella y dos amigos más, debo negarme aunque en realidad sí quiero salir con ellos y verla.

Son las 6 de la tarde y he decidido llamar a Sandra, mi ex enamorada. Me contesta su tía y me dice que no está. Luego prendo mi celular y me percato que tengo un mensaje nuevo. Llamo inmediatamente a la chica que me está empezando a gustar, me contesta otra persona. No logro identificar la voz, seguramente es su mamá o su hermana. Saludo con amabilidad y pregunto por ella. Me la pasan de inmediato sin preguntarme quién soy. La saludo. Le pregunto cómo ha estado, le comento que recibí un sms de su amiga. Ella se rie y yo empiezo a contarle el contenido del mensaje. Reímos juntos. De pronto suena mi celular, veo quién es y me llevo la sorpresa que es mi ex enamorada, le digo a la chica que me está empezado a gustar que luego la llamo, que está sonando mi celular.

- ¿Aló? - digo sorprendido.
- Hola, Eduardo. Llamaste a mi casa, ¿qué paso? - me dice Sandra con su vocesita bondadosa.
-Ah, sí. Me contestó tu tía y me dijo que no estabas, ¿en dónde estabas? - Pregunto curiosamente.
- Por ahí - me dice ocultándome algo.
- Ah ya... Oye, ¿puedo verte? - le pregunto de golpe.
- ¿Para qué? Lo que pasa es que casi no tengo tiempo para nada - responde en tono desinteresado.
- Quería verte - digo desilusionado.
- Es que ando ocupada. Recien acabo de llegar a mi casa y tengo que hacer muchas cosas.
- Oye, un ratito, está sonando mi teléfono - Le digo entrecortando su explicación. Obviamente nadie me llamaba por teléfono, solamente le mentí porque mi mente pensó: es mi oportunidad, está en su casa. Iré de sorpresa.

Me alisté, me peiné y me abrigué demasiado debido al crudo otoño al que está sometida Lima. Salgo de mi casa y me subo a un colectivo. Voy hacia la casa de mi ex enamorada, a casa de Sandrita. Bajo del colectivo y sigo mi marcha a pie. Estoy muy nervioso, la presión se me baja y las manos me tiemblan de una manera espantosa. Busco alguna balada romantica en mi Ipod que vaya acorde con el momento y prendo un cigarro para que me ayuden a aliviar las ancias que tengo por verla.

Toco el timbre de su casa y me contestan de prisa.

- ¿Si? - me dice una voz que no logro reconocer
- ¿Sthefany? - digo pensando que me ha respondido la prima de Sandra.
- ¿Quién eres? - Me pregunta la voz del contestador del timbre.
- Disculpa, ¿está Sandra? - contesto con una pregunta.
- Ella habla, ¿Quién eres?
- Hola, Sandra. Soy Eduardo - el cuerpo me tiembla y el corazón se me acelera, pienso que tal vez es por el frío que hace.
- Ah, espera. Ahí salgo.

A los pocos segundos sale Sandra, mi ex enamorada, la chica a quien tanto amé y creo amar hasta ahora. Me quedo mudo, no sé qué decirle ni cómo saludarla. Viste de forma diferente, está maquillada y con delineados en los ojos que resaltan su mirada. Está espléndida, lúcida, hermosa, aunque más hermosa se le veía cuando era mi enamorada.

Ella me mira enrarecida y se me acerca dándome un besito en la mejía, beso que recibo con mucho agrado porque ya no me pertenecen, ahora esos besos no pueden hospedarse en mis labios como antes, cuando nos amabámos con locura y nuestro amor era lo mejor que teníamos.

- ¿No tienes frío? - pregunto al verla desabrigada.
- No. Es que estoy bailando, por eso no tengo frío. Mi primita se va a probar en un casting y quiere que le enseñe algunos pasos. De hecho no puedo estar mucho tiempo aqui afuera, tengo que practicar con mi prima - Me dice de forma indirecta haciéndome saber que no le puedo quitar mucho tiempo.
- No te preocupes, solo quería verte. Al menos regalame 5 minutos, es que quiero hablar contigo - La comprometo.
-Ya, está bien.

Le digo para sentarnos pero ella no quiere, prefiere mantenerse parada y distante de mí.

- ¿De qué quieres hablar conmigo?
- No sé, ayer te soñé y hoy cuando me llamaste me provoco verte, por eso decidí venir.
- Ah ¿Y cómo haz estado? - Me pregunta cambiándome de tema.
-Bien. Gracias.

Pienso que ella no quiere hablar conmigo. En otros tiempos quizá ella no hubiera sido tan dura cómo lo es ahora, pero en parte era correcto su comportamiento. Ella ya tenía enamorado y no debía tener un acercamiento indevido con su ex, conmigo. Yo soy parte de su pasado y el tiempo para amarnos ya caducó. Ella ahora deja que otro chico la ame como yo la amé. Lo que estoy seguro es que al chico ese le costará
tiempo amarla cómo yo lo hice algún día y, sobre todo, le costará que ella lo ame como me amó a mí.

- ¿Sandra, por qué se terminó lo nuestro?
-Porque nos desinteresamos el uno por el otro, y al final cada uno decidió ir por su propio camino.
- Nuestro amor se desgasto, es verdad.
- Sí...
- Ya no quisimos jugarnozla por nuestro amor y nos distanciamos. Además nos costaba ser felices, nos costaba estar bien.
- Sí... Tienes razón - dice Sandra mirándome a los ojos.
- Dicen que lo que cuesta vale la pena - Digo meláconlico.

Ella se queda callada y pasa un auto por nuestro lado. Siento que toqué su corazón y que aún mis palabras despiertan sentimientos en ella.

- Gracias por venir, haz hecho un bien para los dos. La verdad no sabía cómo iba a reaccionar ni qué iba a sentir cuando te viera. Pero estoy normal, no siento nada. Pensé que iba a ser distinto.
- Sí, yo tambíèn. Pensé que nos veríamos de casualidad por la calle o algo parecido - digo, fingiendo tener el corazón roto por sus palabras.

Ahora comprendo que mi visita solo sirvió para provocar lo evidente: que ella me parta el corazón y así, de alguna manera, olvidarme de la chica que me está empezando a gustar. Ahora sé que los próximos días pensaré en esta conversación y mantendré mi mente ocupada pensando en que los errores que cometió Sandra y mis miedos terminaron por separarnos. Ella piensa que la última pelea que tuvimos fue por mi culpa, yo creo que fue error de ambos. Pero, qué importa eso ahora, cuando existe amor y errores, siempre se busca soluciones. Nosotros preferimos alejarnos y darle tregua a un fin inesperado, al fin de nuestra historia de amor.

Sandrita y yo enmudecemos y solo nos miramos mientras el mundo gira al nuestro alrededor.

- ¿Eres bisexual? - me pregunta irónicamente.
- "Soy lo que quieras que sea, si eso me permite amarte" - pienso en silencio, luego le digo - No, nada que ver, ¿por qué la pregunta?
- Tienes cara - dice y suelta una carcajada. Sonreímos y disfruto el momento. "Hace mucho que no reímos juntos. Había olvidado que amo
su sonrisa"
- pienso.
- Sabes, también vine porque he dejado de escribir, y sé que el verte, me provocará escribir.
- Es que yo era tu musa inspiradora - dice airosa.

Me río ligeramente y pienso que tiene razón.

- Sí, es verdad. Sabes que el blog que tengo lo cree para escribirte. Además a ti te gustaba que te escriba y te gustaba ser protagonista de mis breves historias de amor. Te gustaba que todos se enteren que te amaba - manifiesto perdiéndome en su mirar. Ella se siente adulada y me mira con dulzura.

Decido mascharme. Le digo que se cuide mucho, que no le robo más su tiempo, de seguro su primita le está esperando anciosa por aprender nuevos pasos de baile.

- Okay, está bien, tú también cuidate mucho - se despide - te va a doler caminar hasta el paradero, siempre te quejabas - añade.
-Me duele más despedirme de ti.

Nos damos besito como amigos y ella entra a su casa deprisa. Yo camino unos metros y decido ir a la laguna que alguna vez visité con ella. Aquella laguna está muy cerca de su casa, incluso desde su terraza se puede observar la belleza de aquel panorama natural. Llego a la laguna y meto mi mano al bolsillo de mi blue jean y saco un cigarrillo. Lo prendo y camino pensando: "Hace mucho que no venía a verte, las veces que lo hacía era cuando aún era enamorado de Sandrita. Yo bajaba y te contaba de mi relación con ella, tú me escuchabas en silencio y tu espléndido paisaje me susurraba que ella y yo éramos una de tus parejas favoritas, que te gustaba vernos caminar cogidos de la mano y disfrutabas cuando ella me miraba con sus ojitos llenos de amor. Expresabamos ternura. Fuiste testigo de nuestros innumerables besos que solían terminar en un te amo cariñoso y eterno. Ahora simplemente vengo a despedirme, quiero que acompañes a Sandrita en sus momentos tristes, que cuando ella te vea desde su terraza y me recuerde por
casualidad, le hables de mí y de nuestro amor, que le hagas saber que la amé sobre todas la cosas y que nunca me di por vencido, solo que la última vez que nos peleamos la puse a prueba, quise saber si había aprendido el valor de cuidar nuestro amor, y quise saber si podía sola, como yo incontables veces lo hice. Quise que me convensa que valía la pena estar juntos. Fue una oportunidad que no supo aprovechar, siempre le dije que yo luchaba solo por lo nuestro y quise saber si ella podía remar contra la corriente. No pudo, y se dio por vencida. Qué pena. Esta visita fue como la llegada de la primavera que nunca hizo florecer aquella rosa marchita.
Por último, hazle saber que el mayor regalo que recibí en mi cumpleaños fueron aquellas dos palabras que sus labios pronunciaron al despedirse: te amo. Es el mejor detalle que pudo hacer por mí, lástima que lo hizo en el epílogo de nuestro amor"
- digo despidiéndome mentalmente de la laguna.

domingo, 23 de mayo de 2010

Ella, yo y él

No es un amor de tres pero es como si lo fuese. Es más, es un amor que no es amor pero se vive como si lo fuese.

Ninguno de los tres sabe lo que siente el otro, o quizá sí, no lo sé.
Ella vive lejos, yo cerca, y él distante.

Ella nos conoce a mí y a él. Yo solo conozco a ella y no a él (aunque tampoco tengo interés por conocerlo). Él conoce a ella y ni se imagina quién soy yo. Cada uno vive en un mundo paralelo pero desigual.

Ella se considera histérica, aunque nunca la he visto comportarse así. Por el contrario, creo que es una chica soñadora y súper tierna. Una chica que siempre está en su burbuja multicolor viviendo en un mundo de fantasía, y que a veces sale para entrar en la realidad, pues sabe diferenciar lo irreal de lo humano.

Últimamente dice estar estresada, sin embargo su sonrisa expresa todo lo contrario, es como una muestra de calidez a todos los que la rodean, incluso a mí, que me llena de paz verla sonreír.

Tiene una mirada encantadora, incomparable, ¿será por eso que me gusta mirarla? Su cabello castaño es buen complemento de su bello rostro. Cuando la veo caminar, es como si viese a una niña. Una niña a quien se le tiene que engreír y dar mucho amor; sin duda, yo se lo daría.

Yo soy un tipo aburrido, y divertido de vez en cuando. Soy monótono aunque detesto lo habitual. Me gusta soñar, pero detesto cuando me despierto antes de besarla, pues últimamente ella ha estado en todos mis sueños. Una vez le dibujé el rostro en silencio y terminé por obsequiárselo en muestra de mi afecto. Le escribí algunos poemas pero solo le regalé dos. Su nombre ya apareció en mi blog con anterioridad. Sospecho que ella sabe que me gusta, debido a que suelo asecharla con miradas constantes que ella corresponde (o al menos eso creo yo). He llegado a pensar que si las miradas fuesen indicios de amor, ella y yo estaríamos muy enamorados.

De él no sé mucho, casi nada. Lo poco que sé fue porque un día ella me confesó que le gustaba él. El mismo día que me di cuenta que no tengo oportunidad alguna en el corazón de ella. Además en ese entonces yo tenía enamorada, y sabía que era mejor así, que ella se ilusione con algún chico, total, mi corazón estaba atado a otra mujer.

Ella le contó a todo el mundo de él. Yo casi no existía. Me dediqué a escribir y a mirar de vez en cuando su facebook. Cada vez que lo hacía, me preguntaba: ¿ella mirará mi facebook? ¿Leerá lo que escribo? ¿De seguro existe poca probabilidad de que pierda su tiempo visitando mi facebook, de seguro prefiere visitar el de él?

Ya ha pasado casi medio año desde que me habló de él. Ahora de repente ya no lo piensa, de repente ya ni le interesa, o de repente sí, o en el peor de los casos, mantiene aun la ilusión de volverlo a ver.

A veces pienso que yo también le gusto, que ella también me piensa, y calla lo que siente simplemente por temor a una respuesta inesperada que lastime su frágil corazón de porcelana. A veces cuando me mira con esa mirada cómplice y luego me sonríe, siento la corazonada de ser correspondido y sueño despierto que la cojo de la mano y le acaricio el rostro, para por fin confesarle lo que su presencia genera en mí.

Darle un beso es como soñar en un sueño, por eso no lo pienso, solo lo sueño.

Son pocas las veces que nos hemos sentado a hablar. Yo suelo intimidarme y comportarme de una manera estrepitosa, terriblemente mal. Soy tan tonto que echo a perder momentos apropiados para que ella y yo tengamos un acercamiento, como hoy por ejemplo, que la tuve tan cerca y me comporté tan indiferente, solo tuve la astucia de rescatar un detalle inmensamente valioso para mí: respirar de su aroma. La tuve tan cerca que su fragancia me envolvió lentamente y tuve que ceder ante él por un capricho particular: tener un recuerdo suyo.
Los días pasan y sé que pronto me volveré a alejar de ella. Lo que no sé es hasta cuándo voy a soportar estar callado y mantener en secreto este cariño que no es tan secreto.

"Cuenta conmigo, por si tuvieras que encontrar algún motivo, si necesitas algo más que conformarte, o si se te ocurre por ejemplo enamorarte, aquí me tienes, siempre dispuesto…", es la letra de una canción que refleja palabras que mi alma es incapaz de decir.

Por ahora tengo etapas que debo culminar antes de proseguir con esta ilusión que crece día a día. Aun los sueños se contrastan con recuerdos que no olvido y que para este tiempo ya debería haber olvidado. Ese fragmento que no logro apartar de mi vida tiene sabor a distancia y nombre de mujer.

Un amigo me dijo hace unos días: no comiences nuevas etapas en tu vida sin haber culminado las anteriores. Y es lo que tengo que hacer…

jueves, 15 de abril de 2010

Poema VII

No huyas de mí
De mis besos
De mi cariño
De mi ser
No huyas, amor

Tómalo todo y nada a la vez
Que todo te pertenece

No huyas
Quiero que ninguna mujer me toque como tú lo hiciste
Que nadie me bese porque mis labios te pertenecen
Y que nadie nunca diga que me ama porque tú eres mi único amor

Naufraga por el valle de mi piel
Navega ahora que para mañana ya no habrá tiempo
Hazlo ahora, y deja de huir

Los defectos de un amor sincero

A pesar de tener sus ojitos grandes, tiene la mirada traviesa y muy tierna. La más tierna que he conocido. Su cabello es corto y súper lacio. Es delgadísima. Le gusta estar en mis brazos y sentarse en mis piernas. Tiene un cuerpecito frágil, como de porcelana, parece que se fuese a romper. Tiene una sonrisa cómplice y juguetona. Sus dientecitos de conejo le dan un peculiar toque infantil. Ana María, así se llama ella. No es mi prima pero la trato como si lo fuese. La quiero tanto. Es mi engreída. Mi hermanita menor.

Ella llegó a casa de mi abuelita hace unos 4 años aproximadamente.

Mi tía, una ex monjita, la tomó en adopción; sin embargo, corrió el riesgo de perderla si los padres aparecían antes que Anita cumpliese los 3 años de edad.

El tiempo pasó y los padres nunca aparecieron, Anita se quedó en casa de mi abuelita. Por suerte mi abuelita vive muy cerca a mi casa y puedo visitarla todas las veces que yo quiero.

Me pone de buen humor estar con ella, con Anita, por eso la visito muchas veces a la semana. Mi felicidad aumenta cuando llegó a la casa de mi abuelita y Anita se inquieta al verme y corre desde lejos hacia donde estoy y se lanza a mis brazos, abrazándome con fuerza. A veces le pido besito y ella pone su boquita de pajarillo y me obsequia un beso chiquito. Soy tan feliz estando a su lado.
Anita suele hacerme preguntas complicadas y muy divertidas. Recuerdo que un día me pregunto:

“¿Aguallo, dónde ta tu chica?" pregunta inesperada que ahora agradezco infinitamente haberla hecho porque me roba una sonrisa cada vez que la recuerdo. Adoro que me llame por mi nombre aunque no lo sepa pronunciar.

El estado físico de Anita es como el mío, ambos somos delgadísimos. A mí no me interesa mi estado físico por eso estoy así, sin embargo ella es delgada porque le cuesta mucho ingerir alimentos. No le gusta comer. Prefiere jugar en su casita de plástico con sus muñecas y soñar que es una princesa; de hecho, para mí ya lo es. Es mi princesa favorita. Una princesa que me quiere con todo su corazón, y su corazón solo sabe dar amor. Un amor fiel, sin promesas ni miedos. Amor puro y sincero. Incomparable.

Las veces que mi abuelita me dice que Anita no ha almorzado, inmediatamente la busco y la llevo a la cocina jugando. Cuando estamos allí mi abuelita sirve el almuerzo disimuladamente y me dice con la mirada que le haga comer. Soy un buen cómplice porque generalmente cumplo mi cometido.

Le digo para jugar al avioncito y ella acepta encantadísima, así que lleno la cuchara con un poquito de comida y hago piruetas en el aire simulando ser un avión. Ella se divierte y deja que mi avioncito aterrice en su boca. Es un juego nutritivo.

Adoro verla feliz, más aún cuando vamos a la panadería por la tarde y en el camino nos desviamos y nos metemos a la bodega de la esquina, y compramos un globito para ella, de preferencia celeste o amarillo, sus preferidos. Se le ve tan linda cuando juega con su globo.
Nuestro cariño es incondicional. Absoluto. Ella nunca espera nada de mí ni yo de ella. ¿Será por eso que disfrutamos más de los detalles que pueden surgir en un día cualquiera?

Anita es mi prima favorita, mi princesita de porcelana, la chica de mis sueños, la que me quiere con sinceridad y simpleza. No importa cuánto ella me quiere o cuánto yo la quiero a ella, lo que importa es que ambos somos felices cuando estamos juntos.

Me da pena que ella no pueda leer este escrito debido a que recién está aprendiendo a leer. Sé que le encantaría demasiado saber cuánto es mi amor por ella. También sé que iría a buscarme y me diría: “Aguallo, yo tamién te quielo mucho”, porque ella es así, siempre dice lo que siente, así sea malo.

Después de compartir toda la tarde con Anita, llega el momento de la despedida. Cuando el sol deja de brillar, es tiempo de partir. El final del ocaso me recuerda que tengo que volver a casa. No me gusta despedirme de Anita y nunca me gustará tampoco. Ella siempre se pon mal. Se deprime. Sabe cuándo me tengo que ir y es ahí cuando aprovecha en estar más tiempo a mi lado.

No soporto cuando me dice: “no te vayas, Aguallo. Quédate conmigo”, se me rompe el corazón en mil pedacitos cuando me lo dice. Su vocecita tierna impide que cometa tal acto cruel, por eso solo me limito a mirarla con ternura y a quererla un poquito más. Ella sabe que me tengo que ir e insiste: “llévame contigo ¿ya?”. Yo le digo que no puedo y ella me mira con pena y los ojitos se le quiebran y echa a llorar. A veces para evitar el llanto, vemos dibujitos juntos y le acaricio su pelito suave. Ella poco a poco se queda dormida y yo aprovecho para levantarle su cerquillo negrito y para darle un besito en la frente y susurrarle que la quiero mucho. Luego me levanto y me voy a mi casa enternecido, esperando verla al día siguiente.

sábado, 10 de abril de 2010

La mamá que no me quiere

Su mamá es una señora como pocas. Querendona. Tierna. Divertida. Es una señora que posee una perspectiva admirable. Es muy comprensible. Siempre está dispuesta a ayudar a los demás. Tiene un corazón infinito, capaz de querer al ser más desdichado e infeliz que exista. Su mirada es la de una madre que ama a sus hijas y que daría hasta lo imposible por verlas feliz. Tengo suerte en conocerla, sobre todo por haber compartido gratos momentos junto a ella. Aprendí mucho estando a su lado. Se parece un poco a mi mamá, será por eso que la admiro y quiero demasiado.

La primera vez que nos conocimos fue en la fiesta de su hija. Ella no lo sabe, pero el día que nos conocimos yo le di un besito a su hija.

Las veces que nos poníamos a conversar, las conversaciones se hacían largas, se extendían demasiado, parecía como si yo fuese a visitarla a ella y no a su hija. Hablábamos de cualquier tema, ninguno en particular. Ella siempre me hablaba del cariño que le tenía a sus hijas y lo mucho que las quería. Me decía que respete a su hija y no le haga daño. Y mi intensión siempre fue esa, RESPETAR A SU HIJA Y NO HACERLE DAÑO, aunque a veces era inevitable y por nuestra inmadurez y poca experiencia en el amor, su hija y yo nos lastimábamos ingenua y tontamente por asuntos innecesarios.

Siempre le tuve respeto. Nunca le dije suegra ni suegrita, no porque es una falta de respeto, sino porque suena feo. Aunque me gustaría decírselo algún día, sé que reiríamos juntos, porque ella es así, no le molesta nada, excepto que su hija llegue tarde cuando sale conmigo, es que el tiempo vuela cuando las personas de mi edad se aman. Es como si las horas fuesen minutos y los minutos segundos, casi nunca hay tiempo para amarse como el corazón lo dicta. He llegado a pensar que a esta edad el tiempo limita el amor.

Cuando su hija y yo nos despedíamos, eran despedidas de minutos largos lleno de tiernas palabras y abrazos fuertes, de promesas de amor y suspiros soñadores. Desbordábamos amor y solo pensábamos en entregar todo en esos segundos que teníamos para despedirnos. Nuestras despedidas terminaban cuando la señora hablaba por el contestador del timbre y le decía a su hija que pase porque ya era tarde. Su hija y yo reíamos y sentíamos que el tiempo se hacía corto, que toda nuestra vida no alcanzaría para amarnos como queríamos amarnos, con locura.
Yo sentía que la señora me quería, que confiaba en mí, que nuestras conversaciones habían servido para conocerme mejor y saber que no soy un mal chico, tampoco uno bueno. De hecho soy un poquito irreverente, inmaduro, soñador, tierno (cuando me lo propongo), risueño, engreído y, sobre todo, muy tarado.

Hace poco me he enterado que la señora no me quiere ver, que soy su peor pesadilla. No me quiere ver ni en pelea de perros (fácil debe pensar que soy uno de ellos). Sé que no me odia, lo sé porque su corazón no está hecho para hacerlo, sino para entregar amor. Al principio de este escrito dije que la admiro y quiero demasiado, sin embargo ahora la quiero más. La quiero porque es la primera persona que me desprecia con cariño, que no me quiere ver. He intentado ir a buscarla para que me explique el motivo de su desacuerdo en mi relación con su hija. Ella se ha negado. Simplemente no me quiere ver, mucho menos dar explicación alguna. Quiere que desaparezca de su vida y de la vida de su hija. Pensará que no merezco a su hija, y eso me pone muy feliz, porque tiene toda la razón, no la merezco.

Quizá algún día pueda sentarme a tomar un café con ella y hablar sobre éste entredicho que ha surgido sin que yo tenga idea alguna de sus inicios. No sé qué hice mal. Si amar está mal, pues dejaré de hacerlo. De repente cometí un error, no lo sé, pero quién mejor que ella para que me lo diga. Soy apenas un adolescente que empieza a vivir. Tengo muchos errores y quiero aprender de ellos.

Por el respeto que le guardo y el cariño que me tuvo (o me tiene), espero me conceda la oportunidad de hablar con ella y manifestarme sus desacuerdos.