domingo, 11 de octubre de 2009

La mejor cómplice del mundo, mi mamá.

Ha pasado tres años y aún recuerdo el primer regalo que le hice. Y cómo olvidarlo, si mi mamá fue mi gran cómplice aquel día.
Todo comenzó cuando bajé a la cocina a ver qué estaba cocinando mi mamá. Bajé dos o tres veces, no recuerdo bien, lo que sí recuerdo es que mi mamá sospechó, por mi nerviosismo, que yo le quería contar algo. Obviamente tenía toda la razón del mundo. Yo estaba preocupado porque ese día era el cumpleaños de Sandra, mi enamorada.

- ¿Hijito, qué tienes? – me preguntó con voz angelical.
- Nada mami – titubeé.
- Ay hijito, cuéntame ¿Acaso no confías en mí?



En realidad yo no desconfiaba de mi mami, solo que me daba vergüenza pedirle ayuda; sin embargo, ella, siempre linda, supo escarbar en mi corazón y pudo descubrir mi incertidumbre.

- Mami, no te conté pero tengo enamorada.
- ¿Qué…? – dijo pasmada.
- Si mami, tengo enamorada, no te molesta ¿no?
- No amor, al contrario, me emociona oír eso de ti – dijo mientras me miraba con esa mirada puritana que suelen tener las mamás. Luego suspiró, sonrió, me dio besito y me abrazó fuerte.

- Mami, pero aún falta lo más importante.
- Qué cosa mi amor.
- Es que hoy es su cumpleaños y la plata que tengo no me va alcanzar para comprarle algo bonito.
- Pero mi amor, no importa qué cosa le regales, mientras ese regalo sea con todo tu amor, ella sabrá valorarlo.
- No pues mami, tiene que ser algo bonito para que ella me
dé muchos besitos
– ironicé.
- No te preocupes amor, yo te compró un bonito regalo para que tu enamorada esté feliz.
- ¿De verdad? – me brillaron los ojos.
- Sí, amor – respondió con semblante risueño
- Gracias mami, eres lo máximo – la abracé con todas mis fuerzas
- Ya hijito, ve a cambiarte que se te hace tarde para que vayas al colegio.
- Ya mami, está bien – Subí corriendo a mi cuarto consumido por el éxtasis.

Lo que no le conté a mi mamá fue que el poco dinero que tenía, era por una recolecta que hizo todo mi salón un día antes, ya que sabían que yo no tenía dinero para comprarle algo a Sandra, por eso ellos se unieron a la noble causa y, de céntimo en céntimo, lograros juntar algo de dinero para poder comprar el regalo.

Al llegar al colegio, mis amigos se sorprendieron porque yo llegué sin nada, sin ningún regalo ni nada, absolutamente nada. Por suerte, no vi a Sandra. A pesar que ella vivía demasiado cerca del colegio, siempre llegaba tarde.

Expliqué a mis compañeros el plan que hice con mi mamá en casa. Les dije que mi mamá vendría en el recreo con algún regalo bonito para yo poder regalárselo a Sandra. Nadie me creyó. Todos pensaban que me había gastado el dinero.

Los minutos pasaban y yo me preocupaba ¿Y si mi mamá no consigue nada bonito? ¿Y si mi mamá se olvida y no viene al colegio? ¿Y si llega después del recreo? Tantas preguntas se apoderaron de mí.
Mi mente estaba en otro lugar. Casi, casi, estaba soñando despierto.
Pensaba en las palabras perfectas que debía decirle a Sandra al momento de darle su regalo. Pensaba si tenía que saludarla con un besito o esperar a que ella me lo dé. Pensaba tantas cosas, que el tiempo pasó volando.
Sonó el timbre del recreo y mi mamá aún no había llegado. Estaba preocupado. Le dije a mi amiga Karen que vaya al portón para ver si mi mamá llegaba. Temí lo peor. De pronto, Karen vociferó mi apellido muy enérgica – Godoy, Godoy, tu mamá ya vino, dice que bajes - Salí de mi salón y fui con Karen al portón.

- Hola mami – La saludé con un besito en la mejilla.
- Hijito, mira lo que compré para tu enamorada – me dijo


Era un perrito de peluche que estaba dentro de una bolsa de papel, esos donde se suele dar algunos regalos que adornan bien el obsequio principal. El peluche era muy tierno, capaz de enternecer a cualquier persona.



Le dije a Karen que me haga un último favor. Ella aceptó gustosa.

- Karen puedes ir al salón de Sandra y traerla por fa.
- Ya amiguito, yo la traigo.


Mientras Karen iba en busca de Sandra, mi mamá me dio la bolsa de papel con el peluche. Me dijo que sea muy cauteloso, porque estaba dentro del colegio y no podía dar mucha muestra de mi amor por ella, por Sandra.
Al pasar unos minutos, Karen apareció con Sandra. Mi mamá me dijo:

- Acércate hijito, ve y salúdala.
Eso hice, me acerqué y le dije:

- Sandra, feliz cumpleaños – dije, mientras le entregaba su regalo.

Ella se emocionó, quizá no esperaba que yo le regalase algo por su cumpleaños.

- ¡Que lindo! gracias… – dijo enternecida.

Sandra se me acercó, me dio un besito en la mejilla y me abrazó con mucho amor.
Mi mundo se detuvo, el corazón se me estremeció y una alegría infinita se apoderó de mí. Desde lejos, los colegiales jugaban en el patio mientras mis amigos observaban desde el balcón mi maravillosa prueba de amor.
No sé si a ella le gustó mi detalle, pero el solo hecho de verla feliz, me alegró la vida.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

k lindo amix !!io fui testigo de eso vi tu mama ji!!

Anónimo dijo...

jajaja si pUes ( uhmmm )

me gUstOo MUXo ''
me hizO recordar lOS MomentoS DE ColegiO y lOcuras de nosotros jaaaaa

Anónimo dijo...

siempre
la mejOr cOmPlince tenian k ser la mUjeres jaaaaaaaaaa ¡¡

Anónimo dijo...

si k lImdOo ... NU ayyyy cOmo

LA extrañO a tu mami

es cOmO mi segunda mama
(clarO k zi)

chocolatito dijo...

que buen poema y que intresante esta tu blog felicidades te invito ver el mio tabien http://www.pinedaart.blogpsot.com

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