sábado, 31 de diciembre de 2011

2011 hasta pronto


Enero: Comencé el año en Santiago de Chile. Había ido a pasar fiestas con mi mamá quevive allá desde hace algunos años. Elprimero de enero estaba resaqueadazo porque el 31 me fui con mi mamá, su novioy mis primos a un pub. No recuerdo exactamente cuánto tomamos, pero fuesuficiente para amanecer con un dolor de cabeza terrible al día siguiente, conun tufo que apestaba a basura y la cara demacrada por el desbando de la nocheanterior.

Febrero: Volvía Lima después de 2 meses largos de ausencia. Cuando llegué conocí a la primade mi amiga Anthonet que vivía en Argentina. Se llamaba Evy. Ese mismo mes tuvemi 2da cita con Alejandra. Durante mi viaje nos enviábamos mensajes al Facebookcontándonos cómo nos iba y planeando salir a pasear a cualquier sitio en cuantoyo llegase a Lima. No pasó mucho tiempo y nos volvimos novios. Cada día iba sucasa para estar juntos y para darle besito mientras la tarde se nos iba lentamente.

Marzo:Comenzó las clases. De vuelta a ISIL. Ese mes fue cumple de Ale y le preparéuna sorpresa. Me aparecí en su casa pocoantes que anocheciera y le llevé un ramo de flores con un peluche gradote, tangrande que me tapaba el cara. Ese día conocí a parte de su familia, entre ellossus primos y su hermana, una tal “Alli Verdura Salazar”. Creo que tiene complejode verdura porque su apellido paterno es Pinto.

Abril. Fue micumple. Siempre he tenido cumpleaños horribles. Ninguno digno de recordar, peroeste último fue especial. Era la primera vez que iba a pasarla en compañía de minovia. Ese día Ale fue a mi casa de sorpresa acompañada de su amiga Herly,quizá devolviéndome el detalle que yo le hice por su cumple. Me llevó una tortay me regaló una billetera Billabong. Después llegaron mis amigos y nos fuimos aun karaoke. La pasé increíble, considerando que años anteriores la pasaba solo enmi casa o tomando con mis amigos.

jueves, 22 de diciembre de 2011

COMPLEJO FACEBOOK: cómo saber si soy adicto.

A veces me siento viejo aún sin estarlo, y es que elFacebook ha cambiado tanto a las personas que ahora me cuesta adaptarme. Aveces parece como si yo fuese de una generación distinta, de una antigüita y ya pasada de moda. Me sientoperdido y fuera de ritmo; frustrado comoun anciano impotente.

No entiendo cómo esque las personas ponen en sus estados cosas como: “almorzando con Dorita,Mechita y Juanita en MC Donals”, “de compras en Saga Falabella con Pepito”.Otros más sinvergüenzas ponen: “haciendo hora con Margarita en el Jockey”,tremendos vagazos ¡Vayan a estudiar, caracho! En mis tiempos no era así.

martes, 25 de octubre de 2011

Facebook: El papá de mi novia me envió una solicitud de amistad

El papá de mi novia me ha enviado una solicitud de amistad al Facebook, no entiendo exactamente con qué finalidad lo ha hecho pero me ha puesto de buen humor tener una notificación con su nombre. Es un buen gesto de su parte.

En retribución a su buen acto, quise devolverle el favor. De manera que no se me ocurrió mejor forma de agradecimiento que enviarle una solicitud de ‘suegro’. Quizá parezca un poquito faltoso y burlón, pero no es así, es de buena fe, con mucho respeto a pesar de todo.

Ya llevo algunos días esperando una respuesta suya pero aún no tengo éxito. Ni su hija me hizo esperar tanto. Seguiré paciente.

sábado, 8 de octubre de 2011

Si ella ha de saber algo

Estos días he estado comunicándome con Ale por Skype. Nos conectamos a altas horas de la noche. Hablamos y nos vemos mediante videollamadas. A mí me fastidia mucho la luz de mi cámara web porque me da de lleno en la cara, pero no se lo digo, pues vale la pena soportar ese fastidio.

Verla feliz mientras hablamos me hace feliz también, por eso siempre busco la manera de hacerla reír. Nada me gusta más que verla sonreír, y si es a mi lado mucho mejor.

Cuando nuestras conversaciones se hacen fluidas y nuestro único tema de interés es el amor, suelo llenarme de ternura y cedo indefenso a su presencia y acerco mi mano al monitor y creo tocar su rostro. Acaricio su imagen suavemente creyendo que ella está a allí, a mi lado.

Para que ella me regale una sonrisa, yo suelo hacerle gestos con mi rostro y ella sonríe y se divierte; por ratos se molesta porque no le gusta que la fastidie con fantasmas o con alucinaciones mías, en otros momentos me riñe como si fuese mi mamá y me sugiere que tome agua tibia para calmar la tos que tengo desde hace algunos días. Se preocupa mucho por mí y eso me encanta.

martes, 13 de septiembre de 2011

Un poco de mí: No soy lo que parezco, soy peor...

Este es el vídeo de un álbum de fotos que he hecho a través de Flickr. Muchas de las fotos de aquí son las que están en mi Facebook. En algunas salgo con Ale, mi chica, y en otras demuestro en imágenes lo infantil que puedo ser a veces.


lunes, 12 de septiembre de 2011

Tápale la boca a tu amiguita

Mi amigo Guillermo me pide que le acompañe a la casa de su amiga. Yo me rehúso pero al final acepto. Soy un cojudo por acompañar a las personas a lugares donde sé que me aburriré. Será un lugar incómodo, presiento. No sé qué haré allí.

Su amiga es extraña, un poco fría e indiferente. Nos recibe con fastidio, creo que le incomoda mi presencia. Vive sola y tiene un departamento grande, amplio, muy amplio. Coquetea con Guillermo y le habla entre risitas cómplices. A simple vista uno puede sospechar que hay algo entre ellos.

Al rato, ambos me dejan solo y se van a conversar al patio. La chica me trae su lap top para escribir (no sabe que escribiré sobre ella).

Mientras conversa con mi amigo y escucho a lo lejos risitas y cuchicheos entre los dos, yo escribo sofocado por el ardor de la incomodidad. Escribo sin control intentando descargar mi rabia por ser tan idiota - debería estar en mi casa echado en mi cama leyendo o durmiendo, no en una casa ajena escribiendo sentado al lado de un cigarrillo que me hace miraditas porque sabe que no lo puedo fumar -.

lunes, 5 de septiembre de 2011

El fracasado que vive en mí

Es jodido llegar a esta edad. Es jodido porque a veces la vida parece difícil. En realidad es muy difícil. Uno se mata la cabeza pensando qué estudiar, qué carrera elegir o qué hacer una vez acabado el colegio.

Uno tiene que lidiar con los problemas familiares y problemas económicos que a esta edad se vuelven muy básicos. Me llega ser dependiente. Quiero independizarme. Quiero valerme por mi mismo. Quiero sentir que lo que vivo es mi vida y no lo que me impone el resto.

Desde chiquito tuve problemas para elegir mi propia vida, siempre la eligieron por mí, ahora me cuesta sostenerme. Soy demasiado débil. En el colegio me comporté muy relajado. Fui descuidándome en los estudios y sólo leía lo que me interesaba leer. Aprendía por mi cuenta. Leía libros de historia universal cuando tenía que estudiar para matemática. Leía novelas de amor en vez de estudiar para lenguaje. Nunca me gustó estudiar. Me apetecía más aprender pero por mi cuenta.

He sido muy egoísta, lo sé, pero nunca me gustó que impongan deberes en mí. Ahora me cuesta aceptarlo. Sufro mucho por este problema. Veo mi futuro con mucho incierto. No sé qué será de mi vida en algunos años. Tengo tantos sueños que cumplir y aún no sé qué espero para realizarlos.

Hay una canción que explica mucho lo que hice en el colegio, la letra se refiere una respuesta que se le da a la profesora:

Yo seré sincero: prefiero hacer mis letras
Que gastar en su clase mis lapiceros…


Esto demuestra, simplemente, el rencor que me consumió los últimos años que estuve en el colegio, pues nunca hacía caso a nadie, sólo escribía en mi cuaderno cosas irrelevantes, poco importantes.

Hacía la tarea cuando me daba la gana. Incluso, alguna vez en clase de matemática, la profesora empezó a repartir los exámenes, pero cuando llegó a mi pupitre me preguntó si es que yo iba a dar mi examen. Obviamente la miré y le dije que no. (Eso no quiere decir que yo haya sido malcriado, sino que no me apetecía darlo. Prefería escribir en mi cuaderno que estar resolviendo problemas numéricos).


Y así fue pasando mi vida. Limitándome a resolver ejercicios y hacer lo que me da la gana: escribir. Cada día que pasa me convenzo más que nunca seré el escritor que quiero ser. Nunca seré si quiera la persona que alguna vez soñé. Llámenme conformista o perdedor si quieren, pero mis continuos miedos me hacen pensar eso.

Vuelvo a repetir, veo mi futuro con mucho incierto. No sé cómo hacer para lograr todo lo que tengo en mente. Me aturdo. Me quiebra la idea de ser un pobre diablo que se sumerge en sus libros para escapar de su realidad cuando se siente mal.

Yo no sé cuánto tiempo tenga que pasar, pero por ahora, me siento incompetente y pusilánime. Un chico de lo más infeliz. Escribo de manera desesperada para desquitarme de todo el mal sabor que me deja la duda y el miedo. Es el mismo miedo que sufren muchas personas de mi edad, el mismo miedo que padecen los jóvenes de mi tiempo, y, probablemente, de todos los tiempos. Mis papás piensan que soy un buen hijo, pero están equivocados.

Estudio comunicaciones y a veces no sé qué tanto me servirá. Hace algunos años, cuando aún era niño, yo quería ser arqueólogo, filósofo, científico o al menos conservaba la esperanza de estudiar literatura. Mi mamá siempre pensó que yo no servía para ingresar a una universidad nacional porque durante la secundaria le demostré que no podía, por eso me matriculó en un instituto particular; claro, con el fin de convalidarlo luego en la universidad. Ahora no sé si quiero convalidarlo. Quiero trabajar y librarme del apoyo de mis padres. Que ellos disfruten su dinero y se olviden de mí. Yo podré arreglarme por mi cuenta, aunque no estoy seguro de eso, pero es lo que más deseo.

A veces carezco de ideas. Me refugio en mis libros pensando que así todo estará bien. Los libros que leo a veces me parecen literatura barata, aunque la única literatura barata que conozco son las cosas que escribo. Tengo el alma rencorosa llena de dolor. Un dolor que no sé por qué se origina. Quizá por el temor a fracasar. No me importaría fracasar, lo que me aturde es ser un fracasado.

miércoles, 17 de agosto de 2011

¡Medio año juntos!

Así se titula la nota que recibí hace unos días. Fue escrito por mi chica. Yo no sé cómo lo hace pero siempre termina sorprendiéndome. Y no debe ser así, a mí me gusta sorprender a las personas, no que me sorprendan. Y mucho menos escribiéndome.

Nunca nadie me escribió tanto como ella. Los únicos escritos que recibí de chiquito fueron las notificaciones que me enviaban desde el colegio para mis papás por no entrar a clase. Ahora alguien me escribe. Ese alguien es mi novia. No me escribe constantemente pero sí con determinada frecuencia. Sus líneas dicen lo siguiente:

Me gustas por lo tranquila
que me pongo cuando estoy contigo

Me gustas porque
me gusta que andemos por la calle
de la mano

Me gustas porque
te demoras en escoger qué es lo que
te vas a poner cuando ya nos tenemos que ir

Me gustas porque
hemos vivido cosas increíbles juntos

Me gustas porque
me gusta despertar y verte a mi lado

Me gustas porque
quiero escaparme muy lejos contigo

Me gustas porque
no me quiero separar de ti

Me gustas porque
quieres que sea tu mujer, tu esposa, la mami de Eduardito
y tu chica siempre, hasta que seamos viejitos

Me gustas porque me haces sentir especial,
porque quiero compartir mi vida contigo…

¡Te quiero, mi amor!


A decir verdad, es un escrito muy bonito. Conserva en su sencillez un encanto enternecedor. Adoro a mi chica. Me tiene completamente enamorado, como un loco. Mi vida se suspende en sus labios y en su compañía. ¡La quiero tanto! Gracias por escribirme, mi amor. También te quiero. Te quiero muchísimo.

Ella

Ella me conoció de casualidad
Por capricho del destino
No había opción, tenía que suceder


Ella me mira y no dice nada
Permanece quieta
Se repliega en mis brazos mientras descansa


Ella conserva cierto misterio
Su silencio lo ha confesado
No intento saberlo
No me conviene, lo presiento


Ella me quiere, me lo ha dicho
Yo le creo, no tengo por qué dudarlo


Ella es mi confidente, mi cómplice, mi chica mala
No tiene miedo, no teme a nada
Al menos así parece


Ella no vacila, se atreve, es decidida
Es más valiente que yo
Es fácil ser más valiente que yo.


Ella me demuestra una parte que desconocía del amor
No hay duda, la quiero
Me tiene sometido a sus encantos
Y yo quiero permanecer así: a su lado


Ella conserva un aroma delicioso
Su piel desnuda suele invitarme a acariciarle el cuerpo tibio con los labios
A besarla con paciencia, despacito
A ir descubriendo nuevas vibraciones en cada beso
en cada lugar, en cada rincón inhabitable de su piel


Ella se pasea por mi espalda, por mi cabello
Yo por su vientre, por su pecho
Por donde el amor nos lo permita


Ella está dispuesta a ir contra todo
en particular, contra el tiempo
Muchas veces nos limita, nos separa.


Ella me besa y yo pierdo la razón
Sus besos se han vuelto mi antojo,
sus labios mi capricho
su cuerpo mi deseo
Pero ella, en suma, es mi tentación.

domingo, 14 de agosto de 2011

Lo bueno de ser maleducado

Las mujeres suelen creerse muy educaditas, muy buenitas, muy chicas de su casa. Pero ¿qué pasa si una mujer se expresa de forma grosera o dice algo así como: sí pues, me gusta la pichula

Seguramente las personas que la escuchan se escandalizarían y armarían todo un show. Empezarían por tildarla de maleducada y puta. Todos la mirarían con menosprecio y asquerosidad, juzgándola por decir tal disparate. Pero ¿alguien se ha puesto a pensar cómo se debe sentir ella? De seguro muy apenada y muy avergonzada por lo que dijo; no sólo eso, seguro querrá desaparecer del planeta o simplemente morirse. Aunque no todas son así. Habrá otras mujeres que les importe un carajo la opinión del resto, pues, al fin y al cabo, uno tiene derecho a expresarse como quiere, como le da la gana. No tiene nada de malo expresarle al mundo entero sus gustos, incluso si esos gustos hacen alusión a una pichula. ¡A la mierda el resto, hay que expresarse como uno quiere, como se nos viene en gana!

Uno puede expresarse como quiere, claro, sin ofender al resto.

Una vez leí que las mujeres que se creen muy educaditas y muy inocentes, son las que en privado conversan con sus amigas sobre sexo sin vergüenza y analizan, imaginariamente, con sumo criterio el miembro de su pareja. ¿Me pregunto si mi mamá también hablará así? Seguro les dirá a sus amigas: "ay, mi Eduardito de niño tenía su pipilincito muy bonito, ojalá que ahora de grande no sea como el de su padre, sino pobre de él”.

Tengo algunas amigas que me cuentan que las mujeres son más abiertas que los hombres (entiéndase ABIERTA en el modo de hablar y no en referencia al acto sexual), pues me dicen que cuando hacen reuniones de mujeres es inevitable no hablar de sexo. Lo peor es que hablan con mucho detalle, muy explícito, y al final, claro, terminan contando absolutamente todo. Son unas ninfas justagtivas, unas malcriadas del raje, unas víboras vivientes, en suma: unas cuentacuentos sexuales.

Yo me pregunto ¿por qué los hombres sí podemos expresarnos cómo queramos y a las mujeres sólo les permitimos decir palabras educadas e ideales de una dama? ¿Acaso la mujer no puede decir una lisura? ¿Acaso el hombre tiene privilegios y la mujer vive sometida a una educación falsa? Lo cierto es que aún estamos en una sociedad muy machista, muy clasista, muy prejuiciosa y superficial. Una vez una chica que conozco me dijo que cuando practicaba al sexo con su novio, ella solía decir palabrotas, eso la excitaba más. Su arrechura en un momento fue tanta que terminó por decirle a su novio: “¡perro, muévete más!”, y el tipo muy obediente y con gran entusiasmo intentó agitarse un poco más, se sacudía sin control e intentaba complacer a su chica. Un empeño destacado considerando que no todas las parejas emplean ese método de excitación.

Hace unos días cuando hice una entrevista a Oswaldo Reynoso, un escritor considerado dentro de la generación de los 50s, junto a Julio Ramón Ribeyro y Mario Vargas Llosa, como escritores del realismo urbano en la literatura. Me decía que cuando él empezó a escribir lo hizo en referencia a ese grupo de personas que son ignoradas ante la vista de los demás, esas personas menospreciadas y marginadas, esas que viven en los barrios populares y no en el sector de la Lima aristocrática. A él (a Don Oswaldo) le interesaba más la realidad de las personas que los engaños del dinero, por eso escribió Los inocentes, un libro donde se emplea diálogos coloquiales impulsados por la mala vida y por el vocablo juvenil, muchas veces llenos de lisuras. Ahora entiendo que no importa ser educado para tener aceptación ante los demás, sino que es mejor aceptar la mala educación, pues, al final, uno también aprende de eso.