jueves, 14 de abril de 2011

Lima no es el Perú

En estas últimas semanas muchas personas de mi edad se han venido creyendo grandes conocedores de política. Muchos se atreven a pronosticar lo que podría pasar en el Perú después de las actuales elecciones nacionales que se ha prolongado hasta una segunda vuelta.

Es increíble cómo todos los jóvenes se alborotan, se atemorizan, se intimidan, se escandalizan y temen por la estabilidad económica del Perú. Apuesto mi vida a que muchas de esas personas no saben sobre las propuestas de los dos candidatos que siguen en lucha; sin embargo, critican de manera muy arbitraria las consecuencias del mal voto y acusan a las personas provincianas de ser ignorantes y de que gracias a ellos somos un país mediocre e incapaz.
De por sí, el Perú es un país que está mal desde hace muchos años. Es la herencia que nos han dejado gobiernos anteriores.

Todos los ciudadanos peruanos siempre nos quejamos de la falta de democracia, y ahora que la hay, nos quejamos de la misma. No soportamos que la decisión en mayoría de otras personas sea distinta a la nuestra y mucho peor que apoyen a un partido político radical.

Evidentemente más del 60% de personas en Lima querían que PPK gane las elecciones o tan siquiera pase a segunda vuelta, entre ellos muchos jóvenes. Lamentablemente las cosas no se dieron y ahora todos culpan al electorado provinciano de este gran error. ¡Señores, Lima no es el Perú! No sé de qué justicia hablamos y nos quejamos los peruanos si ni siquiera somos justos entre nosotros mismos. No respetamos la libertad de decisión, sino más bien la acusamos y menospreciamos con prejuicios.

Un tema importante en estas elecciones es el síndrome PPK que tuvo buenas y notorias consecuencias. Quizá este viejito que fue llamado por Toledo en el debate como “Mister Kuczynski”, sí tuvo influencia en los jóvenes y logró por fin involucrarlos en una decisión electoral seria y pudo llegar a ellos de manera directa. La pregunta es ¿PPK pudo llegar a los jóvenes a base de ideas o es que los jóvenes se acercaron a él por fines triviales y/o “moda”? Digo moda porque las pulseritas, los politos, el PPKuy y las infinidades de cosas que sacó, incluyendo la campaña en redes sociales, fueron muy aceptados por los jóvenes. Causó gran impacto entre ellos y tuvo como consecuencia la aceptación de estas personas, que por cierto son personitas muy fáciles de convencer y novatos en política; y, en el peor de los casos, poco informadas y dejadas a su suerte para ir detrás del mejor postor. Dicho de otra manera, son personas que otorgan su voto al candidato que confía en ellos y les obsequia algún detallito bonito para engancharlos.

Haber, si retrocedemos 11 o 15 años atrás, y recordamos la campaña de Alberto Fujimori, podríamos decir que él uso la misma estrategia que PPK, pero Fujimori lo hizo con las personas de provincia, por ese sector pobre del Perú que hoy vota por su hija Keiko en agradecimiento.

Si hacen un breve retroceso, recordarán que Fujimori regaló arroz, azúcar, víveres, productos de primera necesidad y se acercó a las personas que tenían escasos ingresos económicos. Estas personas necesitadas regalaron su voto a Fujimori a cambio de unos cuantos kilos de productos. Ahora PPK hace lo mismo con los jóvenes, les regala pulseritas, politos de diferentes colores, llaveros y se involucra en las redes sociales. Discúlpenme los simpatizantes de PPK pero él también les compró su voto así como Fujimori lo hizo con los más pobres en los años 90.

El peruano de por sí, es materialista. Las personas se alegran con algún regalito u obsequio. Se entusiasman. Por eso PPK tuvo gran aceptación entre jóvenes: por una buena estrategia de marketing.

A mi juicio, el señor PPK me parece un buen candidato. Es un probado personaje de éxito. Así lo demostró cuando estuvo a cargo del Ministerio de Energía y Minas y del Ministerio de Economía. Tiene grandes dotes para ser un gran presidente, sus ideas y su capacidad le ayudarían al Perú en su camino hacia el desarrollo. Según vi un informe en CNN, hace un tiempo el Perú está ubicado en el 2do país emergente en Latinoamérica y en constante crecimiento desde el 2001, año en que Alejandro Toledo estuvo a cargo del poder ejecutivo. Este crecimiento se puede truncar sabiendo que en la actualidad solamente contamos con el 'comandante' Ollanta Humala y la señora Keiko Fujimori como alternativas para la segunda vuelta. Ambas opciones tienen desaprobación por más del 40% de los peruanos. Nadie quisiera tenerlo como presidente en los próximos 5 años, por eso, como bien lo cataloga Mario Vargas Llosa a una revista española: “los peruanos tenemos la difícil decisión de elegir entre el sida y el cáncer”.

Aún queda secuelas de las acciones del fujimorismo en la década de los 90, muchas muertes, genocidios, masacres, conflictos internos entre civiles y militares, mucha injusticia. Sin embargo existen personas, en su mayoría gente de provincia, que ven a este partido político como héroe y salvador, debido a que el fujimorismo logró librarlos del terrorismo en los años de absoluto pánico nacional, pero en realidad 'el chinito dictador' que tuvimos como presidente décadas atrás, nunca terminó con el terrorismo, sino que simplemente lo arrinconó a un lado, lo acorraló, lo enjauló, minimizó su intensidad, pues hoy en día Sendero Luminoso sigue creciendo. Se viene nutriendo de nuevas personas (entre ellos niños). Aunque su líder máximo, el camarada Gonzalo, que no es otro más que Abimael Guzmán se encuentre en la cárcel y seguramente muera allí, sus seguidores seguirán desde su trinchera viendo el momento preciso para reaparecer, esta vez, quizá, con mayor fuerza.

Ahora, ciertamente, no sé por quién votarán los jóvenes que votaron por PPK. No sé lo que pase en la segunda vuelta. No sé quién irá a ganar. Es todavía un misterio que el tiempo terminará por revelar. Lo que sí sé, es que los que no somos simpatizantes de Humala ni de Keiko, estaremos en una posición muy difícil. Esta segunda vuelta será como ir a una cámara de gas y sentir que estamos siendo obligados a elegir la opción que, finalmente, terminará siendo un mal para nosotros mismos.

Quedará en nuestras memorias la remota idea de que aquí en el Perú un día existió la paz, hubo crecimiento económico y prevaleció la armonía. Creímos en el amor y hasta fuimos capaces de imaginarnos la felicidad y el desarrollo, pero por alguna razón extraña y profética, nunca quisimos superarnos y votamos por un presidente que terminó siendo, quizá, uno de los peores de la historia.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Adiós, que te vaya mal

¿Recuerdas cuando nos conocimos? Permanecías fría y distante. Callada como la noche.

Aún recuerdo esa primera vez junto a ti, yo inseguro, ensimismado y perdido. Tú carecías de nerviosismo y te mantenías sobria y antagónica guiándome a tu antojo. Sometiéndome a tu capricho, a tu gusto. Eres incorregible y maltrecha a la vez. Tejías cizañas en mi débil mente y murmurabas disparates de un mundo violento, triste y mediocre. Fuiste conformista y me acostumbraste a tus complejos. Siempre te ocultabas en las sombras y me llevabas contigo, yo me refugiaba porque pensaba que era lo mejor, pero ahora comprendo que lo mejor no era refugiarme contigo, sino estar sin ti.

Nunca podré olvidar tu nombre, porque como el cielo, eres fija e inadvertida. Siempre estás ahí, latente, pero nunca nadie te toma en cuenta. Como todo, eres previsible y decadente, embustera como ninguna y merecedora de un cariño desfigurado. Menguas tu presencia de pronto y te marchas, te diluyes como polvo en el viento. Retornas en tiempos de hostilidad aunque nadie te necesite.

Nunca supe cómo fue que te empeñaste en permanecer a mi lado. Yo nunca quise que te quedes conmigo. No entiendo tu empeño en quedarte. Yo no te necesito, nunca lo hice.

¿Recuerdas aquellas noches infinitas a mi lado? Yo quería morir y lloraba regocijado en tu calor y me envolvía en tu ser hasta perderme contigo. No sabía a lo que me exponía, sin embargo me importaba poco. ¡Era tan ingenuo en aquellos tiempos! Ahora sospecho que no volvería hacerlo, no volvería contigo. No te buscaría aunque no tenga a nadie. No pronunciaría tu nombre aunque sea fácil de recordar. Eres peligrosa, enemiga de los sueños y de la paz. Alborotas mi quietud y desesperas mi calma. Eres atenuante como las tardes de verano e inquieta como las olas de mar. Presumes y especulas ideas turbias e incoherentes. El silencio es tu cómplice y tu condena a la vez. Eres maldita.

Me arrepiento de haberte conocido, pero es tarde para los lamentos. Me resigno a tu perpetua compañía y a tu eterna infelicidad. Nunca podrás ser feliz porque nadie lo es a tu lado.


No lo niego, quizá nunca me haces mal, quizá a veces eres mi mal necesario, mi rinconcito de paz, pero entiendo que darte cabida es como jugar con fuego. Yo ya me quemé muchas veces y no busco hacerlo una vez más. Nunca imaginé un futuro juntos, pero ahora lo tenemos. Ese futuro que nunca quise, se hizo realidad. No estoy preparado para llevar una vida juntos. No puedo. Aún soy vulnerable a las habladurías y decaigo rápido a tu merced. Por mi bien es mejor distanciarnos e intentar olvidarnos. Sé que te irá mejor sin mí. Yo estoy convencido de que me irá mejor sin ti. No merecemos un destino juntos. Hasta hoy lo intentamos pero ya ves, no se pudo (o al menos yo no pude). Lo siento, en verdad lo siento.

Hoy me permito abandonarte porque no sé hacer más que eso: que dejar todo a la deriva. Dejo todo y abandono nuestros recuerdos porque me canse de ti, aunque a veces tu presencia me ayuda un poco, me salva, me libera.

Ahora, justo ahora, la nostalgia invade mi corazón como cuando estaba contigo. No sé si te guardo cariño o rencor, pero algo generas en mí. A veces incomodidad, pero esta vez es algo más intenso, más profundo.

Antes de irte, debes saber que me he enamorado, que hace algunas semanas estoy con una chica que me hace feliz y que gracias a ella, ya no te necesito. Discúlpame si soy repetitivo, pero es cierto, no te necesito. Tú sólo haces que yo pierda el tiempo y que los invierta en tristes pensamientos sin sentido. Te fascinaba eso, que yo mire los atardeceres a tu lado mientras me susurras al oído que la única felicidad es estar solo. Solo junto a ti. Ahora me siento engañado. Un pusilánime incompetente por confiar en ti. Eres venenosa, mezquina y miserable. Merecedora de todo mal y culpable de mis rencores.

Eres insoportable, pero nunca del todo.

Sé que en algún momento nos volveremos a cruzar. Quizá como extraños, quizá como conocidos que nunca debieron conocerse.

Vaya que fueron muchos años los que convivimos. Años que compartimos juntos una historia. Fuiste tú, el motivo de que en mis noches enteras me dedique a escribir líneas avinagradas por el sinsabor de tu presencia.

Te voy a extrañar, quizá no como tú te lo esperas, pero créeme que lo haré. Y aunque hoy te vayas, seguirás siendo parte de mí.
Nunca tuve una despedida, y espero ésta no sea la primera. Sé que aunque quiera olvidarte, no podré hacerlo, de todas formas algún día volverás. Sólo espero que no sea pronto. Adiós, ve y busca tu propio rumbo. Aléjate de mí, márchate para siempre si es posible, ya no te necesito, soledad.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Para Ale

Nunca pensé que seríamos enamorados. Cuando la conocí, a ella le gustaba un chico de su universidad y yo apenas era un desconocido que intentaba conocerla. Jamás pensé que viviría lo que ahora vivo a su lado.

Poco a poco fuimos conociéndonos a través del chat. Sinceramente yo tenía la ligera esperanza de poder ser su amigo, por suerte mi intuición me traicionó y rápidamente fuimos estableciendo una buena relación.

Ella me contaba a diario del chico que le gustaba, me hablaba mucho de él. Yo me permití llamar al chico con el pseudónimo de "el mudito" porque siempre hablaban por teléfono pero nunca en persona. Yo sabía que ese chico ocupaba sus pensamientos y un espacio de su corazón,pero nunca supe, y quizá ella tampoco, de las vueltas que daba la vida ni de los encuentros que nos deparaba el destino.

Un día decidimos vernos y conocernos en persona. Ella me atrajo desde el principio (desde la primera vez que vi sus fotos a través de Facebook).

Aquella tarde en que nos conocimos me di cuenta que era más guapa de lo que me imaginaba. Las fotos mentían y ocultaban lo que en verdad ella era en persona. Extrañamente, después de esa primera salida, ella dejó de hablarme del chico que le gustaba y todo se centraba entorno a nosotros.

Días después tuve que irme de viaje y ausentarme por casi 2 meses. No por eso perdimos comunicación.

Cuando volví de viaje, en febrero de este año, decidimos vernos por segunda vez.

La noche se nos hizo corta pero me bastó verla por segunda vez para saber que ella tenía la facultad de hacerme olvidar del mundo entero. Su sola presencia me inquietaba y despertaba sentimientos ocultos en mí.

Luego nuestros encuentros se volvieron más frecuentes. Mis sentimientos se nutrían de aquellas visitas inolvidables. Estar a su lado me dejaba siempre una sensación de felicidad y tranquilidad inexplicable. No encuentro palabras para describir lo que siento cuando estoy con ella.

Con el pasar de los días, sabía que era necesario decirle lo que sentía, pero no encontraba el momento ideal. Luego descubrí que los momentos ideales no existen, sino que uno los genera. Y así fue, una tarde mientras ambos estábamos en un trance sometidos por el silencio, decidí coger sus manos, sentarme junto a ella y abrirle el corazón para por fin confesarle mis sentimientos. Le propuse que fuera mi enamorada. Ella no me creía. Quizá consternada por la propuesta. Quizá una oferta que a ella no le convenía. Vi en sus ojos un resplandor titubeante de esperanza y de aceptación. Ella prefirió callar y romper el silencio con un beso. Me sentí indefenso. Vulnerable al calor tibio de sus labios. No podía creerlo. Alejandra, la chica que meses antes había conocido mediante una red social, ahora me besaba. Ahora sabía lo que yo sentía por ella y ya no por indirectas ni cancioncitas que yo le dedicaba. Todo me fue inesperado. Aquel día no pensé demostrarle mi amor, pero sabía que no podía seguir callando. No podía dejar pasar un día sin pedirle que fuese mi chica. Yo moría por ser su enamorado y por atreverme a decírselo.

Ese día nos besamos mil veces. Los abrazos y las caricias complementaron una tarde especial. Una tarde junto a ella, junto Alejandra, la chica que me había robado los pensamientos y el corazón, y por mi bien, era mejor que ella lo conserve.

Ahora somos enamorados y soy muy feliz con ella.

Sé que nunca se lo digo, pero es fácil llegarla a querer.

Y el cariño que siento por ella enardece más cuando nos damos esos infinitos besos nocturnos mientras la noche nos oculta del mundo entero. Donde intentamos huir a un espacio inhabitable, peligroso, apasionado. Es tanto el sentimiento que ella genera en mí que a veces temo que sea verdad. No me gustaría separarme de ella. No podría.

Cada noche cuando nos despedimos, siento que una parte de mí se queda con ella. Ya nada es igual desde que nos conocemos. Un día sin verla es un día incompleto o un día que no terminará de ser perfecto.

Hoy es su cumpleaños, y no encontré mejor forma que saludarla por este medio. Feliz cumpleaños, Alejandrita de mi corazón!

martes, 1 de marzo de 2011

¿Existe el amor de nuestras vidas?

Educarnos en el juego del amor es difícil, es un camino arriesgado, un trayecto que bordea el abismo de la infelicidad y del sufrimiento, pero como todo, debemos arriesgarnos a esa aventura si queremos ser felices. Nunca nadie dice que enamorarse es fácil. Cuesta. Pero como todo sacrificio, vale la pena.

Determinar un concepto para el amor, es difícil. Yo no me atrevería a darlo. Es complicado describir la sensación que provoca este sentimiento en nosotros.
Hace unos días leí un escrito que un amigo hizo acerca del amor, la verdad es que aquel escrito me dejó muchas variables cuestionables. Muchas preguntas sin responder y una sensación de intranquilidad.

Es cierto que el amor te cambia la vida y modifica tu visión acerca del mundo, pero es verdad también que no hay forma de generalizar lo que ese sentimiento provoca en cada uno de nosotros. No todos sentimos igual. Uno puede llegar a enamorarse y sentir un cariño muy especial por alguien, puede aferrarse al amor y creer a ciegas en esa persona, pero no por eso su amor es mejor al de los demás. Yo estoy enamorado, y sé que hay miles de personas que lo están, pero eso no significa que mi amor sea igual al de ellos.

La sensación que siento cuando estoy al lado de mi enamorada no es la misma que otras personas puedan sentir cuando están con sus enamoradas. A mí me puede hacer feliz una sonrisa, una caricia, una muestra de afecto inesperado, un instante de ternura, en cambio a otras personas les puede hacer feliz un beso, un momento de placer, un sigiloso encuentro apasionado. El amor es distinto para todos.
El amor que siento por la chica de quien estoy enamorado es inigualable. Nadie puede comparar lo que yo siento.

Tengo la ligera sospecha de que el amor es uno solo, pero infinita en cuanto a la sensación que genera en cada uno de nosotros. Algunos se enamoran con el corazón, otros por el deseo, unos por impulso, y muchos otros por compatibilidad y atracción física. Yo soy un fiel creyente que para amar de verdad tiene que existir la unión de todos estos componentes. No es que el amor sea una especie de fusión alquimista, sino que es ideal sentir una mezcla de reacciones en diferentes momentos. Existen los momentos tiernos, románticos, los momentos apasionados y los instantes de placer. Todos éstos son periodos que el amor nos hace experimentar. Todos están vinculados a un solo sentimiento. Un espacio donde amor se vuelve multifuncional.

Es difícil comprender los sentimientos, yo no intento hacerlo porque siempre serán eso: un sentimiento. Por lo tanto hay que vivirlo como tal, como una reacción interna difícil de deducir. No creo que haya persona alguna que se atreva a dar un concepto general del amor. Será como hallar un resultado inverosímil. Inexistente.
Hace algunos años, cuando aún intentaba hacer cartas de amor y poemas en secreto para algún amor infantil, llegué a creer que el amor de mi vida no existe.
Uno nunca llega a saber quién será el amor de su vida. Es mentira decir que existe una persona destinada para nosotros. Yo no creo en eso. Creo, más bien, en la lucha incesante por conservar el cariño de una persona, en el esfuerzo mutuo por preservar el amor.

Entonces, el amor de nuestras vidas no necesariamente es aquella persona que el destino elige para nosotros, sino que, es la persona que nosotros elegimos para que nos acompañe en el transcurso de nuestras vidas.
Solo cuando llegue el momento de partir, de dejar este mundo, y tengas al lado a la persona que elegiste, sabrás si ésa fue la persona destinada para ti, sabrás si en verdad, es el amor de tu vida. Y te darás cuenta que el destino no te impone un amor, sino que tú lo eliges. Tú decides quién entra en tu corazón y quién será dueño de tus sentimientos. Si la persona te acompaña, o no, en el transcurso de tu vida, eso depende de ambos. Es una lucha diaria, un combate incesante, una guerra sucia, un conflicto con la inseguridad, con los celos, con el miedo a perder, con la tristeza, con los días de soledad. Si en algún momento decides rendirte y darles tregua a estos desleales consejeros, entonces llegará el día en que pierdas a esa persona que tanto amaste.

De momento, aún sé poco acerca del amor, creo que nunca llegaré a entenderlo. Pero puedo dar fe que es una experiencia inigualable, nada se compara con la sensación de estar enamorado.

Yo no soy un creyente de Dios, pero si existe uno, le agradezco por haber tenido la suficiente sabiduría de otorgarnos el placer de amar y ser amado.

jueves, 24 de febrero de 2011

Un poquito de mí

Mi personalidad no es un asunto que me agrade tocar, pero creo que es mejor burlarme de mí mismo antes que otros lo hagan.

Naranjo, Naranyo, Oranyo, Gudis, Pinki, Eduardín, Maricus, Ollita, Tula, Lalo, Aguayo, todo el mundo me llama como le da la gana, incluso mi enamorada me llamaba (cuando éramos amigos): Mosqui o Pavo. No entiendo de dónde las personas se inventan tantos pseudónimos para mí. No creo merecerlos, o al menos no tantos.

Para empezar, me gusta que me llamen por mi segundo nombre: Eduardo.

Soy un tipo muy aburrido. No me gusta que me molesten pero me encanta fastidiar. A veces soy insoportable. Me gusta llevarme mal con las personas, lo malo es que nunca lo logro. Me gusta estar solo, vivir en soledad y vivir de manera austera.

Me gustan los desafíos, pero no me gusta cumplirlos. Me gustan los momentos tiernos, pero raras veces los vivo. Me gusta la música clásica, pero me avergüenzo cuando me descubren escuchándola. Soy sincero, pero pocas veces me creen. Escribo en un blog personal, pero todo el mundo me lee por el Face. No me gusta tomarme fotos. Soy llorón. Me gusta hacer locuras, pero no me considero un loco. Me gusta el verano, pero detesto el sol. Me gusta hacerme el fuerte, pero tengo el corazón blandito.

Me gusta escuchar música, pero no la que yo escucho. Me gusta las reuniones familiares, pero no me gusta estar con mi familia.

Soy orgulloso, pero no me gusta ser indiferente. Soy cariñoso, pero me intimida demostrarlo.
Mis amigos siempre me piden consejos de amor, pero yo no sé nada del amor. Me considero un mal amigo.

Soy soñador, romántico y comprensivo, pero a veces lo dudo. Me gusta vestirme bien, pero siempre me visto mal.

Detesto a las personas que te palabrean y te pintan una realidad inexistente, aunque mis amigos dicen que yo soy una de esas personas.

No me gusta que lean lo que escribo pero no puedo dejar de publicar. Me gustan los poemas, pero no los míos. Siento que los poemas conservan más sentimientos que un manuscrito, pero siempre hago manuscritos y raras veces poemas.

Detesto perder el tiempo porque siento que mi vida se echa a perder, pero siempre el ocio me gana y termino haciendo nada. No me gustan las fiestas ni las discotecas ni las celebraciones.
Tengo los peores amigos del mundo, pero para mí son mejores. Siempre he tenido mala suerte, pero yo no creo en la suerte. No me gusta creer en mí porque siento que me miento.

Siempre busco consejos en los demás, pero nunca les hago caso. Me gusta ser independiente, pero muchas veces dependo de mis sentimientos. Me gusta soñar, pero detesto dormir.
No me gusta comer, me gusta empalagarme. Me gusta demostrar lo que siento, pero lo hago de vez en cuando. Soy inquieto. Algunas personas dicen que escribo bien pero yo no les creo. Me considero un mal escritor. Nunca he ganado nada, solo castigos y reproches. No me gusta ver triste a las personas, pero a veces yo las hago sentir mal.

Me gusta contar chistes y hacer reír a los demás, pero siempre fracaso y terminan riéndose de mí. Soy pesimista, pero siempre le digo a mis amigos que todo irá bien.

Me gusta hacer postres, pero no sé prepararlos. Me gusta dibujar pero he dejado de hacerlo. Soy miedoso, pero muchas veces finjo no serlo. Detesto ser valiente.

Me gusta que me reconozcan, pero no que me conozcan. Quiero vivir para siempre, pero sé que moriré antes de llegar a los 50. Quiero casarme algún día, pero no religioso ni civil. Soy autodestructivo. Me gustan los dulces y el jugo de naranja. Me da miedo la oscuridad, pero me encanta la noche. Me gusta ganar, pero nunca he ganado nada. Me gustan las novelas (de chiquito las veía, ahora de grande las leo). Me gusta ver parejas de ancianos por la calle cogidas de la mano porque sé que yo no llegaré a lo mismo. Me gusta pasear, caminar, jugar y bailar, pero desde mi imaginación. Me gusta la música romántica, pero no sufrir por amor. Soy predecible, pero muchas veces nadie sabe lo que me pasa.

Odio los teléfonos, pero no puedo vivir sin ello. Soy tímido, pero nadie me cree. Me gusta ver el cielo y perderme en mis pensamientos. Me encanta escribir. Me gusta que las personas expresen lo que sienten, los hace más nobles y valientes.

Me gustan los viajes, pero no me gusta estar lejos de casa. Soy travieso, aburrido y un poco mitómano.

Detesto la impuntualidad, pero yo siempre llego tarde. Me gusta conversar con gente adulta, pero no que ellos conversen conmigo. Me gusta comer dulces mientras escribo. Soy delgadito, pero me importa poco. No me gusta que las personas piensen bien de mí, pero al final terminan haciéndolo. No creo en Dios, pero me da miedo el diablo.

Soy muy tolerante, pero detesto esperar. Quiero mucho a mis padres, pero me gustaría vivir lejos de ellos. Me gusta gastar, pero nunca tengo dinero para hacerlo.

No sufro de amnesia, pero suelo olvidarme muchas cosas. Me gusta que me escriban pero nadie lo hace. Me gusta vivir, pero a veces prefiero estar muerto. Me gusta todo aunque no tenga nada. Soy superficial, pero me importan más los sentimientos. Soy perseverante, pero muchas veces me rindo fácil. Me gustan los colores suaves, pero todo el mundo me jode con el negro. Odio cortarme el pelo, pero voy a cada rato a la peluquería.

Si fuera mujer nunca me fijaría en mí.

No me gustan las personas vulgares, pero adoro cuando mis primitas dicen alguna lisura. Soy burlón, pero no me gusta que se burlen de mis amigos.

Tengo baja autoestima, pero siempre aparento lo contrario. Había dejado de creer en el amor, pero estoy enamorado. Tengo el corazón pequeño, pero con suficiente espacio para querer como nunca nadie lo ha hecho.

Soy intuitivo, ingenuo y atrevido, pero sólo cuando me lo propongo. Tengo muchas cualidades, pero todavía no las conozco.

martes, 22 de febrero de 2011

Poema XV

Tu mirada almendrada, fija y soñadora como ninguna,
Tiene el recuerdo de un futuro improbable, uno que nunca existirá
Pero que, sin embargo, yo ya guardo recuerdos.

Tus labios de líneas curvas, como silueta de guitarra,
Me envuelven en su inquietante travesía cuando rozan con los míos.

Eres indescifrable y tan sencilla como un anillo.
Conservas sueños interminables en los despertares crepusculares
Y juegas a ser la princesa de un sueño infinito.

En los días de soledad, tu recuerdo disipa toda tristeza,
Y empiezo a extrañarte, con tan solo un suspiro.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Febrero y sus consecuencias

Estos días he visto a mis amig@s escribiendo en el Facebook poemas, dedicatorias y mensajitos de amor. Yo leía y comentaba lo que escribían. Me reía sin sentido y me imaginaba lo que el amor les hacía hacer, pero en el fondo algo andaba mal. Pese a mis risas y a mi buen humor, sentía que algo no estaba bien, que mi equilibrio emocional me jugaba una mala pasada cuando veía a otras personas enamoradas. A veces me cuestiono tontamente: ¿por qué yo no me enamoro también? ¿Acaso es miedo? ¿Malos recuerdos? ¿Inseguridad? ¿Cobardía? Cada vez que veo a las personas ser felices por amor, y las veo enamoradas, pienso en que hace 1 año que yo no lo logro.

Ya me había olvidado completamente lo que se siente cuando alguien te interesa. Cuando sientes que esa persona se ha vuelto especial para ti, y que a pesar de todo es imposible dejar de pensarle. A mí ya no me pasaba. Todo había muerto hace 1 año. Mis recuerdos se mantenían vigentes pero la persona con quien viví aquellos momentos ya se había esfumado de mis pensamientos. Me costó demasiado. Cada vez que me encontraba con amigos del colegio ellos me preguntaban por ella y yo, ocultando mi tristeza, les decía que nuestra relación había terminado. Nunca nadie me creía. Todos pensaban que yo no me separaría nunca de esa persona, que los años que estuvimos juntos bastaba para permanecer unidos, pero todos se equivocaron. Al final todo el esfuerzo y todo el amor se echó a perder por un simple capricho innecesario. Me fue difícil rehacer mi vida. Después de eso no quise enamorarme ni quise saber de nadie por un tiempo. Ahora, después de un año, puedo decir que he superado aquel problema.

Es cierto que no he perdido comunicación con aquella chica, pero nos mantenemos alejados. Ella ya tuvo dos enamoramos desde que terminamos, flacamente no sé cómo lo ha logrado. Yo no pude. ¿O será que no quise enamorarme? Mis amigos dicen que yo guardo la ilusión de volver con ella, pero la verdad es que no quiero nada con ella. El 2010 se terminó y con ello mis pensamientos y el gran amor que le tuve.

Ahora me he vuelto a ilusionar. He vuelto a soñar despierto y ha tener esos instantes en que pienso tanto en alguien que sonrió recordando algún momento juntos. He vuelto a pensar que es posible ser feliz y enamorarme (eso no quiere decir que no soy feliz, pero digamos que no estoy pasando por un buen momento emocional, tampoco quiero decir que necesito de alguien para estar mejor, porque eso me convertiría en un dependiente afectivo, y creo no serlo, o al menos no siempre xD).

No sé si me estoy enamorando, pero pasa que esta niña me esta robando los pensamientos y hace que mi estado de ánimo cambie repentinamente y me tiene como tonto hablando de ella a todo el mundo. Hace que la quiera en secreto y que crezca un cariño especial dentro de mí. No sé a cuantos les pase pero cuando escucho una canción de amor, me pierdo en la historia y siento que ella y yo somos los protagonistas. ¿Me estaré enamorando?

Todo es culpa de febrero. Dicen que es el mes del amor, pero para mi son puras tonterías. El amor no tiene mes, ni día ni nada, tiene momentos. Y es ahí donde se centra la felicidad: en momentos. Yo soy feliz pero no soy feliz siempre. Soy feliz en momentos, aunque por ahora los mejores momentos son cuando veo a esa chica (ver no necesariamente en persona). Sus ojos, sus gestos, su expresión, su forma de reír, en realidad todo, absolutamente todo es perfecto para recordarla con el mismo cariño especial de siempre.

Si ella supiera que la pienso y que me hace feliz cuando sé de ella, de seguro sospecharía que mis sentimientos no son los de un amigo. Creo que es mejor así. No debo apresurarme a nada porque quizá esa desesperación puede costarme caro. No quiero cometer errores como en el pasado ni quiero adelantar algo que está próximo a ocurrir. Como dice Axel en una canción: “si va a ser, será en su momento”.

sábado, 29 de enero de 2011

Poema XIV

De pronto te extraño, te extraño como un viejo recuerdo.
El silencio no es un buen consejero pero me ayuda a recordarte
y a conservar recuerdos de un futuro encuentro inminente.

¡Somos tan distintos!
Sin embargo, nuestra única semejanza, es nuestra diferencia.

De pronto te pienso, y pienso en silencio si piensas en mí como yo lo hago contigo.

Hoy he vuelto a verte como cada madrugada.
Permanecías callada y distante. Constelada como la noche.
Y te ausentaste en mi presencia y te presentaste en mi ausencia.

El tiempo nos separa, y nos une tambien.

El misterio no es tu mayor virtud ni el silencio tu mejor cómplice,
no sé cómo lo haces pero, eres, mujer, inmensamente indecifrable. Inalcanzable. Me encantas.

Somos, de pronto, el resultado de nuestros miedos
y, a veces, el miedo de nuestro resultado al prescindir un futuro juntos.

Hoy, como noches anteriores, huyo en secreto de mi realidad junto a ti.
Escapamos a lo desconocido.
Disfrutamos de nuestra compañía y descubrimos que, aquel sueño nocturno,
no es más que nuestro destino.

miércoles, 19 de enero de 2011

La loca

Esta chica fue mi enamorada hace algunos meses atrás. El pseudónimo de loca fue otorgado por mis amigos debido a las cosas que ella escribía por el Facebook y por su peculiar apariencia extravagante. Nunca esperé nada malo de ella, pero parece ser que me equivoqué.

La conocí hace 6 meses por casualidad y mediante mi prima. Yo fui muy descortés y juguetón al principio. Ella me decía para vernos en persona ya que sólo manteníamos conversaciones por Messenger pero yo siempre la paseaba y le decía que pronto nos veríamos, pero en realidad no tenía ganas de verla ni mucho menos de conocerla pese a que ella me caía súper bien. Cierto día logró convencerme.

La primera vez que salimos fuimos al cine. Yo fui acompañado de mi prima porque ambas se conocían. Después de aquella primera salida, me convencí de que no quería volver a ver a esa chica porque me pareció muy regalona y muy mandada, pues en esa primera salida que tuvimos la chica me abrazaba y me hacía cariñito en plena oscuridad del cine. Incluso cuando terminó la película ella quería llevarme a tomar unos tragos, es decir, quería embriagarse conmigo. Yo me opuse totalmente a su proposición y preferí dejar todo ahí. Tuve miedo, es verdad. Y se lo confesé a mi prima cuando volvimos a casa. Es más, le dije que no volvería a ver a su amiga porque no me gustaba su forma de comportarse. Mi prima me apoyó y me dijo que su amiga no me convenía porque era muy obsesionada con los chicos y que no los deja en paz.

A las semanas siguientes volví a salir con esa chica. A las pocas semanas de conocernos ella me propuso ser enamorados. Yo no estaba seguro de comprometerme. Ciertamente no sentía nada por ella y tampoco esperaba sentir algo en el futuro, sin embargo algo dentro de mí me decía que lo intente, que quizá valga la pena intentarlo. Yo ya había sufrido mucho por amor y presentía que esa chica podría hacerme feliz. Así que lo intenté y, por propuesta mía, fui su enamorado.

Durante nuestra relación todo iba bien y llegué a sentir un cariño especial por ella pero desgraciadamente ese cariño no era suficiente. Yo le conté cosas muy personales, le confesé secretos que en realidad no eran secretos porque ya se lo había contado a algunas personas.

Ella me prometió que nunca revelaría nada y yo le creí. Todo iba bien hasta que ambos cometimos un grabe error: durante nuestro romance nombrábamos a nuestras ex´s parejas. Ella me decía que su ex enamorado le había hecho mucho daño, que incluso le había sido infiel y que ella prefería mantenerlo como amigo, porque como enamorado no tenía sentido. Sin embargo, él le insistía para volver y le decía que estaba arrepentido por todo lo que había pasado, pero ella no daba su brazo a torcer (a menos eso era lo que ella me contaba).

Yo a veces no le creía pero tampoco me disgustaba que tenga cierta comunicación con su ex, aunque muchas veces éstas sean en persona. Ella había sufrido mucho por él (eso era lo que ella me daba a entender) y no quería volver a sufrir. Siempre me daba excusas para no volver con él o para contarme anécdotas tristes y vacías. Yo, por el contrario, le decía que mi ex enamorada era una chica increíble, que era la mujer de quien más me había enamorado y que a pesar de estar distanciado de ella aún le guardaba cierto cariño muy especial. Nunca le escondí nada, y tampoco tenía por qué hacerlo, no tenía por qué ocultar mis sentimientos. Yo no me avergonzaba de ellos. Además yo quería recordar de ese modo a mi ex enamorada: con cariño y no con rencor, pues con ella fui muy feliz aunque también viví momentos que quisiera no volver a vivir jamás, pero de nada sirve agoviarme y llenarme el corazón de malos sentimientos.

Dos meses después, decidí terminar con el romance que tenía con "la loca". Le dije que era mejor no seguir porque yo no estaba enamorado. Ella me odió y me hizo sentir culpable de todo. Yo me puse triste y me sentí de lo peor. Me sentía una persona frívola y cruel por hacer sufrir a una chica que sólo se dedicó a darme amor mientras yo le pagaba con tristeza y dolor. Era injusto para ella haberse encontrado con un tipo tan miserable como yo. Sin embargo, a los pocos días de haber terminado conmigo, me enteré que volvió con su ex enamorado, con aquel tipo que la hizo sufrir y que ella me juraba que no volvería porque él no la merecía. A mí no me afectó en absoluto que haya vuelto con él e incluso me dio gusto la noticia. A los días ella se permitió bloquearme la entrada a su muro de Facebook, yo no le reclamé nada porque quizá a ella le daba vergüenza que yo me entere que había vuelto con el tipo que la hizo sufrir y que le había sido infiel en el pasado, lo que ella no sabía es que yo ya estaba enterado y no sentía ningún remordimiento sino mucha alegría.

Nunca perdí comunicación con ella, aunque cada vez nos comunicábamos menos. Las pocas veces que nos escribíamos por el Chat, ella me decía que sus papás preguntaban por mí y querían que vaya a visitarlos. A mí no me parecía oportuno verla de momento porque ella tenía enamorado, además no quería que pensase que yo la buscaba con la finalidad de volver a tener algo con ella, por eso me mantuve al margen por un tiempo, pero ella insistía en vernos e incluso quería ir a mi casa. Yo no veía apropiado que me buscase porque ella ya tenía enamorado. Es por eso que un día, sin previo aviso, yo fui a visitarla.

Cuando llegué a su casa saludé a su papá y él me recibió muy contento. Cuando ingresé me topé con su hija. Ella me saludó muy sorprendida y me invitó a pasar a su sala. Al entrar, vi a un chico en su sala, aquel tipo era su enamorado. Me quedé frío al verlo, no esperaba encontrármelo. Ella nos presentó y nos saludamos con un gesto distante y fugaz. Aquel día ese tipo me mandaba indirectas, yo me hacía el cojudo pero en el fondo entendía todo lo que me trataba de decir. Él me daba a entender que yo era gay. A mí sinceramente me daba igual. Me percaté también que el chico la trataba mal, de forma poco romántica y egoísta.

Al rato de haber llegado, la señora Amelia (mamá de ella) apareció en su sala y yo me alegré de verla y me acerqué para darle un besito y un abrazo cariñoso. La señora Amelia me miró enrarecida y sonrió diciendo: “Hola… ehmm ¿cómo es que te llamabas? Me pareció raro que no recuerde mi nombre. Por desgracia, ese día, me enteré de cosas que hubiera preferido no enterarme.

Ese día la señora me preguntó qué había sido de mi vida. Yo le dije que constantemente le mandaba saludos mediante su hija y le agradecí por preguntar a su hija por mí y querer que la visité. Ella me dijo que su hija nunca le hizo llegar mis saludos y, por lo tanto, si la señora no recibía mis saludos y no recordaba ni mi nombre, era evidente que tampoco le decía a su hija que yo vaya a visitarlas. Muy por el contrario, me pareció que todo era un invento de su hija para querer verme.

Aquel día me fui muy humillado de aquella casa porque me sentí utilizado y manipulado por los caprichos de una chica, y lo que más pena me dio fue haber sido engañado por una loca. Una vez más fui un imbécil manipulado por una mujer.

Por último, esta misma chica, le ha dicho a ciertas personas que yo soy gay y ha revelado ciertas cosas que yo le confesé en secreto. Sospecho que ha usado esa misma artimaña ridícula, y de lo más bajo, para volver con su ex chico. Seguro le ha dicho que yo soy un maricón para que vuelvan a estar juntos. Ahora entiendo las indirectas de su chico cuando lo conocí. Yo no sé que carajo le importa si soy gay o no, que se dediqué a su vida y que sea feliz con el chico que la hizo infeliz. Que me deje en paz y que haga con su vida lo que quiera.

Ahora siento lástima y pena por creer en ella y por confiarle ciertas cosas. Es más, aquella confesión que le hice se trataba de que un chico que estudiaba conmigo era gay y que quería conmigo. Y también que ese chico no era nada feo. Además que una vez un amigo mío me dio un piquito cuando estábamos ebrios y que aquel mismo amigo dormía conmigo porque se quedaba a dormir en mi casa cada vez que salíamos a las fiestas. Ella siempre me malinterpretaba y pensaba lo peor. Ahora sinceramente le digo que se meta por el culo todas mis confesiones y que aprenda a ser mejor persona.

lunes, 17 de enero de 2011

El pendejito mujeriego

Una vez más me gané un conflicto innecesario. No entiendo por qué siempre termino siendo acusado sin sentido y atacado con términos ofensivos y envenenados. Soy el centro de los prejuicios y adquisidor de las canalladas, por lo visto.

Bueno, comencemos.

Hace un tiempo conocí a una chica. Ella no quiere que ponga su nombre en ninguno de mis escritos, aunque tampoco sabe que escribo sobre ella. Por este motivo la llamaremos Alexandra. Somos amigos hace unos meses. Llevamos una relación extraña. Somos amigos y nos llevamos muy bien pero nos gusta tratarnos mal.
Hace un tiempo se ha venido desarrollando una serie de malos entendidos entre nosotros. Algunos amigos y amigas de ella piensan que Alexandra y yo tenemos algo, pero en realidad no tenemos nada, sólo la pasamos bien, nos reímos juntos, nos contamos ciertas cosas que nos pasan y tratamos de ayudarnos en lo que podamos, aunque permanezcamos siempre lejos y todo sea a través del chat.

Hace 6 meses, en julio del año pasado, estuve con su amiga. Tuve un romance algo accidentado al principio e insidioso al final. Debido a ello algunos amigos suyos (en especial uno que dice llamarse Iván) me tilda de ser un “pendejito mujeriego” que sólo intenta jugar con ella (con Alexandra), que soy una mala persona porque estuve con su amiga sin estar enamorado de ella (no sé si Iván sepa pero, la chica con la que estuve tampoco se enamoró de mí, además ella fue la que insistió para ser enamorados sabiendo que: lo que yo sentía no era amor. Lo que sí debo aclarar es que a pesar de no estar enamorado de aquella chica sí la quise demasiado e intenté hacerla feliz pero mis intentos siempre fracasaban y al final tomé la decisión de terminar con nuestra falsa relación porque no tenía sentido estar con alguien sin estar enamorado. Además, para variar, esa chica consiguió otro enamorado a los pocos días de haber terminar conmigo). Ahora me pregunto: ¿por qué tendría que otorgárseme ese término tan cruel y excesivo de “pendejito mujeriego”?
Para empezar, yo no tengo nada con Alexandra, así que no podría ser dueño de aquella ofensa cobarde, y si lo tuviera tampoco lo sería.

Haber, aclaremos algo: quizá Iván sí tenga razón y sí soy pendejito, pero del modo formal y correcto, como lo dice la Real Academia Española. Ahí sí me declararía un total pendejo, uno de los mejores y más aventajados, y es que pendejo no es más que los vellos púbicos. Pero si se refiere al significado vulgar y chabacano al que seguramente está acostumbrado, se equivoca. Y referido a ser mujeriego… puede que también tenga razón. Uno no tiene la culpa de encontrar chicas lindas por la calle ni de ser tan vulnerable a sus encantos, pero debo aclararle que cuando uno se enamora no hace falta ver a nadie más pues sólo una persona es la que puede hacerte feliz, y eso él lo debe saber si alguna vez se ha enamorado. Los ojos podrán ver a millones de mujeres por el mundo, pero el corazón sólo late por una.

Explicado esto, no sé por qué Iván se exaspera y se enardece y se enfurece y me llama de tal modo si ni siquiera me conoce. No digo que yo sea un angelito pero no creo merecer tal ofensa desleal y canallesca. Iván está empeñado en que yo voy hacer daño a Alexandra, que soy un descorazonado que sólo se burla de las mujeres y que soy de lo peor. Lo que Iván no sabe es que día a día me burlo de Alexandra y ella de mí. Nos lanzamos burlas sin maldad. Ambos nos fastidiamos por el Chat y disfrutamos de nuestras jodas y de nuestras tonterías inofensivas. A menudo nuestras bromas son inocentes y divertidas. Ninguno de los dos nos hacemos daño, aunque tampoco tenemos razones para hacerlo. Por lo tanto, no entiendo de dónde saca Iván la idea de que yo voy hacerle daño a Alexandra si ni siquiera se me ha pasado por la cabeza hacerlo. Yo no quiero lastimar a nadie ni tengo la intención de dañar a nadie ni de burlarme ni de herir a nadie. Todo lo contrario, siempre deseo tener menos problemas y evitar malos entendidos y peleas con el resto. Yo no pienso quitarle a su amiga ni tampoco quiero tenerle bronca a él por ser prejuicioso conmigo. Quiero creer que todo esto no es más que un malentendido fugaz que no tendrá mayor repercusión en el futuro.
En realidad no me siento ofendido de ningún modo. No creo ser capaz de ser como Iván me describe o como él se imagina que soy. Soy a penas un chiquillo que intenta conocer nuevas personas y entre ellas está su amiga (Alexandra), no es mi culpa que tengamos los mismos gustos para las amistades.

Imagino que aquel chico (Iván) debe sentir algo más fuerte que una simple amistad por nuestra amiga Alexandra. No lo culpo. Ella no es nada fea. Pero me parece poco honorable que use ciertas artimañas para atacarme y ponerme en hacke y dejarme de lado. Yo no intento robarle nada, es más, nunca le he hablado a Alexandra de amor ni he intentado buscar tener algo más allá que su amistad. Además ¿si me gustase qué? No tiene nada de malo enamorarme de ella. Uno no decide en el corazón ni en los sentimientos, simplemente las cosas se dan y punto. Así que tampoco hay tanto problema, se lo aseguro.

Una vez leí que: “el amor es una cosa maravillosa que saca lo peor de uno”. Quizá el mejor ejemplo de aquella frase tenga fundamentos en lo que está pasando con este muchacho. Yo no pienso competir con nadie ni pienso jugar de modo cruel ni ofensivo sólo por ganarme el cariño de una persona. El cariño no es un premio que se recibe tras un combate o una riña, sino que se gana a base de buen trato, comprensión y solidaridad. Yo no creo ser una persona mala, pero si lo fuera, lo último que haría es rebajarme a jugar del mismo modo que el enemigo. Y como él no es mi enemigo, porque ni siquiera lo conozco ni mucho menos sé si es mala persona, no tengo por qué guardarle rencor por algunos comentarios desafortunados que dijo en contra de mí.

Por ahora el único concepto que me llevo de él es que tiene un carácter rígido, características de una persona severa y poco flexible cuando se siente amenazado. Pero que se entere: yo no soy una amenaza. Si él lo cree así, entonces que me disculpe porque no es mi intención serlo.

Lo último que quiero agregar antes de terminar este post es que: me parece genial que se preocupe por Alexandra y que cuide de ella. Es muy admirable de su parte intentar buscar lo mejor para su amiga (que si por él fuera, serían más que amigos - y no lo culpo, sino que lo felicito por tener buen gusto- ). Espero que siga siendo tan sobreprotector y cariñoso con ella, pues ella se lo merece.
Mientras tanto seguiré siendo amigo de Alexandra, de nuestra amiga Alexandra para ser menos egoísta. Ella es genial y no se merece que dos chicos se peleen por malos entendidos. Es mejor preservar una amistad que perderla por banalidades.