Este blog es un desesperado intento por huir de la realidad. No esperen encontrar amor, aunque lo haya, ni esperen encontrar humor, aunque lo tenga.
jueves, 24 de febrero de 2011
Un poquito de mí
Naranjo, Naranyo, Oranyo, Gudis, Pinki, Eduardín, Maricus, Ollita, Tula, Lalo, Aguayo, todo el mundo me llama como le da la gana, incluso mi enamorada me llamaba (cuando éramos amigos): Mosqui o Pavo. No entiendo de dónde las personas se inventan tantos pseudónimos para mí. No creo merecerlos, o al menos no tantos.
Para empezar, me gusta que me llamen por mi segundo nombre: Eduardo.
Soy un tipo muy aburrido. No me gusta que me molesten pero me encanta fastidiar. A veces soy insoportable. Me gusta llevarme mal con las personas, lo malo es que nunca lo logro. Me gusta estar solo, vivir en soledad y vivir de manera austera.
Me gustan los desafíos, pero no me gusta cumplirlos. Me gustan los momentos tiernos, pero raras veces los vivo. Me gusta la música clásica, pero me avergüenzo cuando me descubren escuchándola. Soy sincero, pero pocas veces me creen. Escribo en un blog personal, pero todo el mundo me lee por el Face. No me gusta tomarme fotos. Soy llorón. Me gusta hacer locuras, pero no me considero un loco. Me gusta el verano, pero detesto el sol. Me gusta hacerme el fuerte, pero tengo el corazón blandito.
Me gusta escuchar música, pero no la que yo escucho. Me gusta las reuniones familiares, pero no me gusta estar con mi familia.
Soy orgulloso, pero no me gusta ser indiferente. Soy cariñoso, pero me intimida demostrarlo.
Mis amigos siempre me piden consejos de amor, pero yo no sé nada del amor. Me considero un mal amigo.
Soy soñador, romántico y comprensivo, pero a veces lo dudo. Me gusta vestirme bien, pero siempre me visto mal.
Detesto a las personas que te palabrean y te pintan una realidad inexistente, aunque mis amigos dicen que yo soy una de esas personas.
No me gusta que lean lo que escribo pero no puedo dejar de publicar. Me gustan los poemas, pero no los míos. Siento que los poemas conservan más sentimientos que un manuscrito, pero siempre hago manuscritos y raras veces poemas.
Detesto perder el tiempo porque siento que mi vida se echa a perder, pero siempre el ocio me gana y termino haciendo nada. No me gustan las fiestas ni las discotecas ni las celebraciones.
Tengo los peores amigos del mundo, pero para mí son mejores. Siempre he tenido mala suerte, pero yo no creo en la suerte. No me gusta creer en mí porque siento que me miento.
Siempre busco consejos en los demás, pero nunca les hago caso. Me gusta ser independiente, pero muchas veces dependo de mis sentimientos. Me gusta soñar, pero detesto dormir.
No me gusta comer, me gusta empalagarme. Me gusta demostrar lo que siento, pero lo hago de vez en cuando. Soy inquieto. Algunas personas dicen que escribo bien pero yo no les creo. Me considero un mal escritor. Nunca he ganado nada, solo castigos y reproches. No me gusta ver triste a las personas, pero a veces yo las hago sentir mal.
Me gusta contar chistes y hacer reír a los demás, pero siempre fracaso y terminan riéndose de mí. Soy pesimista, pero siempre le digo a mis amigos que todo irá bien.
Me gusta hacer postres, pero no sé prepararlos. Me gusta dibujar pero he dejado de hacerlo. Soy miedoso, pero muchas veces finjo no serlo. Detesto ser valiente.
Me gusta que me reconozcan, pero no que me conozcan. Quiero vivir para siempre, pero sé que moriré antes de llegar a los 50. Quiero casarme algún día, pero no religioso ni civil. Soy autodestructivo. Me gustan los dulces y el jugo de naranja. Me da miedo la oscuridad, pero me encanta la noche. Me gusta ganar, pero nunca he ganado nada. Me gustan las novelas (de chiquito las veía, ahora de grande las leo). Me gusta ver parejas de ancianos por la calle cogidas de la mano porque sé que yo no llegaré a lo mismo. Me gusta pasear, caminar, jugar y bailar, pero desde mi imaginación. Me gusta la música romántica, pero no sufrir por amor. Soy predecible, pero muchas veces nadie sabe lo que me pasa.
Odio los teléfonos, pero no puedo vivir sin ello. Soy tímido, pero nadie me cree. Me gusta ver el cielo y perderme en mis pensamientos. Me encanta escribir. Me gusta que las personas expresen lo que sienten, los hace más nobles y valientes.
Me gustan los viajes, pero no me gusta estar lejos de casa. Soy travieso, aburrido y un poco mitómano.
Detesto la impuntualidad, pero yo siempre llego tarde. Me gusta conversar con gente adulta, pero no que ellos conversen conmigo. Me gusta comer dulces mientras escribo. Soy delgadito, pero me importa poco. No me gusta que las personas piensen bien de mí, pero al final terminan haciéndolo. No creo en Dios, pero me da miedo el diablo.
Soy muy tolerante, pero detesto esperar. Quiero mucho a mis padres, pero me gustaría vivir lejos de ellos. Me gusta gastar, pero nunca tengo dinero para hacerlo.
No sufro de amnesia, pero suelo olvidarme muchas cosas. Me gusta que me escriban pero nadie lo hace. Me gusta vivir, pero a veces prefiero estar muerto. Me gusta todo aunque no tenga nada. Soy superficial, pero me importan más los sentimientos. Soy perseverante, pero muchas veces me rindo fácil. Me gustan los colores suaves, pero todo el mundo me jode con el negro. Odio cortarme el pelo, pero voy a cada rato a la peluquería.
Si fuera mujer nunca me fijaría en mí.
No me gustan las personas vulgares, pero adoro cuando mis primitas dicen alguna lisura. Soy burlón, pero no me gusta que se burlen de mis amigos.
Tengo baja autoestima, pero siempre aparento lo contrario. Había dejado de creer en el amor, pero estoy enamorado. Tengo el corazón pequeño, pero con suficiente espacio para querer como nunca nadie lo ha hecho.
Soy intuitivo, ingenuo y atrevido, pero sólo cuando me lo propongo. Tengo muchas cualidades, pero todavía no las conozco.
martes, 22 de febrero de 2011
Poema XV
Tiene el recuerdo de un futuro improbable, uno que nunca existirá
Pero que, sin embargo, yo ya guardo recuerdos.
Tus labios de líneas curvas, como silueta de guitarra,
Me envuelven en su inquietante travesía cuando rozan con los míos.
Eres indescifrable y tan sencilla como un anillo.
Conservas sueños interminables en los despertares crepusculares
Y juegas a ser la princesa de un sueño infinito.
En los días de soledad, tu recuerdo disipa toda tristeza,
Y empiezo a extrañarte, con tan solo un suspiro.
miércoles, 9 de febrero de 2011
Febrero y sus consecuencias
Ya me había olvidado completamente lo que se siente cuando alguien te interesa. Cuando sientes que esa persona se ha vuelto especial para ti, y que a pesar de todo es imposible dejar de pensarle. A mí ya no me pasaba. Todo había muerto hace 1 año. Mis recuerdos se mantenían vigentes pero la persona con quien viví aquellos momentos ya se había esfumado de mis pensamientos. Me costó demasiado. Cada vez que me encontraba con amigos del colegio ellos me preguntaban por ella y yo, ocultando mi tristeza, les decía que nuestra relación había terminado. Nunca nadie me creía. Todos pensaban que yo no me separaría nunca de esa persona, que los años que estuvimos juntos bastaba para permanecer unidos, pero todos se equivocaron. Al final todo el esfuerzo y todo el amor se echó a perder por un simple capricho innecesario. Me fue difícil rehacer mi vida. Después de eso no quise enamorarme ni quise saber de nadie por un tiempo. Ahora, después de un año, puedo decir que he superado aquel problema.
Es cierto que no he perdido comunicación con aquella chica, pero nos mantenemos alejados. Ella ya tuvo dos enamoramos desde que terminamos, flacamente no sé cómo lo ha logrado. Yo no pude. ¿O será que no quise enamorarme? Mis amigos dicen que yo guardo la ilusión de volver con ella, pero la verdad es que no quiero nada con ella. El 2010 se terminó y con ello mis pensamientos y el gran amor que le tuve.
Ahora me he vuelto a ilusionar. He vuelto a soñar despierto y ha tener esos instantes en que pienso tanto en alguien que sonrió recordando algún momento juntos. He vuelto a pensar que es posible ser feliz y enamorarme (eso no quiere decir que no soy feliz, pero digamos que no estoy pasando por un buen momento emocional, tampoco quiero decir que necesito de alguien para estar mejor, porque eso me convertiría en un dependiente afectivo, y creo no serlo, o al menos no siempre xD).
No sé si me estoy enamorando, pero pasa que esta niña me esta robando los pensamientos y hace que mi estado de ánimo cambie repentinamente y me tiene como tonto hablando de ella a todo el mundo. Hace que la quiera en secreto y que crezca un cariño especial dentro de mí. No sé a cuantos les pase pero cuando escucho una canción de amor, me pierdo en la historia y siento que ella y yo somos los protagonistas. ¿Me estaré enamorando?
Todo es culpa de febrero. Dicen que es el mes del amor, pero para mi son puras tonterías. El amor no tiene mes, ni día ni nada, tiene momentos. Y es ahí donde se centra la felicidad: en momentos. Yo soy feliz pero no soy feliz siempre. Soy feliz en momentos, aunque por ahora los mejores momentos son cuando veo a esa chica (ver no necesariamente en persona). Sus ojos, sus gestos, su expresión, su forma de reír, en realidad todo, absolutamente todo es perfecto para recordarla con el mismo cariño especial de siempre.
Si ella supiera que la pienso y que me hace feliz cuando sé de ella, de seguro sospecharía que mis sentimientos no son los de un amigo. Creo que es mejor así. No debo apresurarme a nada porque quizá esa desesperación puede costarme caro. No quiero cometer errores como en el pasado ni quiero adelantar algo que está próximo a ocurrir. Como dice Axel en una canción: “si va a ser, será en su momento”.
sábado, 29 de enero de 2011
Poema XIV
El silencio no es un buen consejero pero me ayuda a recordarte
y a conservar recuerdos de un futuro encuentro inminente.
¡Somos tan distintos!
Sin embargo, nuestra única semejanza, es nuestra diferencia.
De pronto te pienso, y pienso en silencio si piensas en mí como yo lo hago contigo.
Hoy he vuelto a verte como cada madrugada.
Permanecías callada y distante. Constelada como la noche.
Y te ausentaste en mi presencia y te presentaste en mi ausencia.
El tiempo nos separa, y nos une tambien.
El misterio no es tu mayor virtud ni el silencio tu mejor cómplice,
no sé cómo lo haces pero, eres, mujer, inmensamente indecifrable. Inalcanzable. Me encantas.
Somos, de pronto, el resultado de nuestros miedos
y, a veces, el miedo de nuestro resultado al prescindir un futuro juntos.
Hoy, como noches anteriores, huyo en secreto de mi realidad junto a ti.
Escapamos a lo desconocido.
Disfrutamos de nuestra compañía y descubrimos que, aquel sueño nocturno,
no es más que nuestro destino.
miércoles, 19 de enero de 2011
La loca
La conocí hace 6 meses por casualidad y mediante mi prima. Yo fui muy descortés y juguetón al principio. Ella me decía para vernos en persona ya que sólo manteníamos conversaciones por Messenger pero yo siempre la paseaba y le decía que pronto nos veríamos, pero en realidad no tenía ganas de verla ni mucho menos de conocerla pese a que ella me caía súper bien. Cierto día logró convencerme.
La primera vez que salimos fuimos al cine. Yo fui acompañado de mi prima porque ambas se conocían. Después de aquella primera salida, me convencí de que no quería volver a ver a esa chica porque me pareció muy regalona y muy mandada, pues en esa primera salida que tuvimos la chica me abrazaba y me hacía cariñito en plena oscuridad del cine. Incluso cuando terminó la película ella quería llevarme a tomar unos tragos, es decir, quería embriagarse conmigo. Yo me opuse totalmente a su proposición y preferí dejar todo ahí. Tuve miedo, es verdad. Y se lo confesé a mi prima cuando volvimos a casa. Es más, le dije que no volvería a ver a su amiga porque no me gustaba su forma de comportarse. Mi prima me apoyó y me dijo que su amiga no me convenía porque era muy obsesionada con los chicos y que no los deja en paz.
A las semanas siguientes volví a salir con esa chica. A las pocas semanas de conocernos ella me propuso ser enamorados. Yo no estaba seguro de comprometerme. Ciertamente no sentía nada por ella y tampoco esperaba sentir algo en el futuro, sin embargo algo dentro de mí me decía que lo intente, que quizá valga la pena intentarlo. Yo ya había sufrido mucho por amor y presentía que esa chica podría hacerme feliz. Así que lo intenté y, por propuesta mía, fui su enamorado.
Durante nuestra relación todo iba bien y llegué a sentir un cariño especial por ella pero desgraciadamente ese cariño no era suficiente. Yo le conté cosas muy personales, le confesé secretos que en realidad no eran secretos porque ya se lo había contado a algunas personas.
Ella me prometió que nunca revelaría nada y yo le creí. Todo iba bien hasta que ambos cometimos un grabe error: durante nuestro romance nombrábamos a nuestras ex´s parejas. Ella me decía que su ex enamorado le había hecho mucho daño, que incluso le había sido infiel y que ella prefería mantenerlo como amigo, porque como enamorado no tenía sentido. Sin embargo, él le insistía para volver y le decía que estaba arrepentido por todo lo que había pasado, pero ella no daba su brazo a torcer (a menos eso era lo que ella me contaba).
Yo a veces no le creía pero tampoco me disgustaba que tenga cierta comunicación con su ex, aunque muchas veces éstas sean en persona. Ella había sufrido mucho por él (eso era lo que ella me daba a entender) y no quería volver a sufrir. Siempre me daba excusas para no volver con él o para contarme anécdotas tristes y vacías. Yo, por el contrario, le decía que mi ex enamorada era una chica increíble, que era la mujer de quien más me había enamorado y que a pesar de estar distanciado de ella aún le guardaba cierto cariño muy especial. Nunca le escondí nada, y tampoco tenía por qué hacerlo, no tenía por qué ocultar mis sentimientos. Yo no me avergonzaba de ellos. Además yo quería recordar de ese modo a mi ex enamorada: con cariño y no con rencor, pues con ella fui muy feliz aunque también viví momentos que quisiera no volver a vivir jamás, pero de nada sirve agoviarme y llenarme el corazón de malos sentimientos.
Dos meses después, decidí terminar con el romance que tenía con "la loca". Le dije que era mejor no seguir porque yo no estaba enamorado. Ella me odió y me hizo sentir culpable de todo. Yo me puse triste y me sentí de lo peor. Me sentía una persona frívola y cruel por hacer sufrir a una chica que sólo se dedicó a darme amor mientras yo le pagaba con tristeza y dolor. Era injusto para ella haberse encontrado con un tipo tan miserable como yo. Sin embargo, a los pocos días de haber terminado conmigo, me enteré que volvió con su ex enamorado, con aquel tipo que la hizo sufrir y que ella me juraba que no volvería porque él no la merecía. A mí no me afectó en absoluto que haya vuelto con él e incluso me dio gusto la noticia. A los días ella se permitió bloquearme la entrada a su muro de Facebook, yo no le reclamé nada porque quizá a ella le daba vergüenza que yo me entere que había vuelto con el tipo que la hizo sufrir y que le había sido infiel en el pasado, lo que ella no sabía es que yo ya estaba enterado y no sentía ningún remordimiento sino mucha alegría.
Nunca perdí comunicación con ella, aunque cada vez nos comunicábamos menos. Las pocas veces que nos escribíamos por el Chat, ella me decía que sus papás preguntaban por mí y querían que vaya a visitarlos. A mí no me parecía oportuno verla de momento porque ella tenía enamorado, además no quería que pensase que yo la buscaba con la finalidad de volver a tener algo con ella, por eso me mantuve al margen por un tiempo, pero ella insistía en vernos e incluso quería ir a mi casa. Yo no veía apropiado que me buscase porque ella ya tenía enamorado. Es por eso que un día, sin previo aviso, yo fui a visitarla.
Cuando llegué a su casa saludé a su papá y él me recibió muy contento. Cuando ingresé me topé con su hija. Ella me saludó muy sorprendida y me invitó a pasar a su sala. Al entrar, vi a un chico en su sala, aquel tipo era su enamorado. Me quedé frío al verlo, no esperaba encontrármelo. Ella nos presentó y nos saludamos con un gesto distante y fugaz. Aquel día ese tipo me mandaba indirectas, yo me hacía el cojudo pero en el fondo entendía todo lo que me trataba de decir. Él me daba a entender que yo era gay. A mí sinceramente me daba igual. Me percaté también que el chico la trataba mal, de forma poco romántica y egoísta.
Al rato de haber llegado, la señora Amelia (mamá de ella) apareció en su sala y yo me alegré de verla y me acerqué para darle un besito y un abrazo cariñoso. La señora Amelia me miró enrarecida y sonrió diciendo: “Hola… ehmm ¿cómo es que te llamabas? Me pareció raro que no recuerde mi nombre. Por desgracia, ese día, me enteré de cosas que hubiera preferido no enterarme.
Ese día la señora me preguntó qué había sido de mi vida. Yo le dije que constantemente le mandaba saludos mediante su hija y le agradecí por preguntar a su hija por mí y querer que la visité. Ella me dijo que su hija nunca le hizo llegar mis saludos y, por lo tanto, si la señora no recibía mis saludos y no recordaba ni mi nombre, era evidente que tampoco le decía a su hija que yo vaya a visitarlas. Muy por el contrario, me pareció que todo era un invento de su hija para querer verme.
Aquel día me fui muy humillado de aquella casa porque me sentí utilizado y manipulado por los caprichos de una chica, y lo que más pena me dio fue haber sido engañado por una loca. Una vez más fui un imbécil manipulado por una mujer.
Por último, esta misma chica, le ha dicho a ciertas personas que yo soy gay y ha revelado ciertas cosas que yo le confesé en secreto. Sospecho que ha usado esa misma artimaña ridícula, y de lo más bajo, para volver con su ex chico. Seguro le ha dicho que yo soy un maricón para que vuelvan a estar juntos. Ahora entiendo las indirectas de su chico cuando lo conocí. Yo no sé que carajo le importa si soy gay o no, que se dediqué a su vida y que sea feliz con el chico que la hizo infeliz. Que me deje en paz y que haga con su vida lo que quiera.
Ahora siento lástima y pena por creer en ella y por confiarle ciertas cosas. Es más, aquella confesión que le hice se trataba de que un chico que estudiaba conmigo era gay y que quería conmigo. Y también que ese chico no era nada feo. Además que una vez un amigo mío me dio un piquito cuando estábamos ebrios y que aquel mismo amigo dormía conmigo porque se quedaba a dormir en mi casa cada vez que salíamos a las fiestas. Ella siempre me malinterpretaba y pensaba lo peor. Ahora sinceramente le digo que se meta por el culo todas mis confesiones y que aprenda a ser mejor persona.
lunes, 17 de enero de 2011
El pendejito mujeriego
Bueno, comencemos.
Hace un tiempo conocí a una chica. Ella no quiere que ponga su nombre en ninguno de mis escritos, aunque tampoco sabe que escribo sobre ella. Por este motivo la llamaremos Alexandra. Somos amigos hace unos meses. Llevamos una relación extraña. Somos amigos y nos llevamos muy bien pero nos gusta tratarnos mal.
Hace un tiempo se ha venido desarrollando una serie de malos entendidos entre nosotros. Algunos amigos y amigas de ella piensan que Alexandra y yo tenemos algo, pero en realidad no tenemos nada, sólo la pasamos bien, nos reímos juntos, nos contamos ciertas cosas que nos pasan y tratamos de ayudarnos en lo que podamos, aunque permanezcamos siempre lejos y todo sea a través del chat.
Hace 6 meses, en julio del año pasado, estuve con su amiga. Tuve un romance algo accidentado al principio e insidioso al final. Debido a ello algunos amigos suyos (en especial uno que dice llamarse Iván) me tilda de ser un “pendejito mujeriego” que sólo intenta jugar con ella (con Alexandra), que soy una mala persona porque estuve con su amiga sin estar enamorado de ella (no sé si Iván sepa pero, la chica con la que estuve tampoco se enamoró de mí, además ella fue la que insistió para ser enamorados sabiendo que: lo que yo sentía no era amor. Lo que sí debo aclarar es que a pesar de no estar enamorado de aquella chica sí la quise demasiado e intenté hacerla feliz pero mis intentos siempre fracasaban y al final tomé la decisión de terminar con nuestra falsa relación porque no tenía sentido estar con alguien sin estar enamorado. Además, para variar, esa chica consiguió otro enamorado a los pocos días de haber terminar conmigo). Ahora me pregunto: ¿por qué tendría que otorgárseme ese término tan cruel y excesivo de “pendejito mujeriego”?
Para empezar, yo no tengo nada con Alexandra, así que no podría ser dueño de aquella ofensa cobarde, y si lo tuviera tampoco lo sería.
Haber, aclaremos algo: quizá Iván sí tenga razón y sí soy pendejito, pero del modo formal y correcto, como lo dice la Real Academia Española. Ahí sí me declararía un total pendejo, uno de los mejores y más aventajados, y es que pendejo no es más que los vellos púbicos. Pero si se refiere al significado vulgar y chabacano al que seguramente está acostumbrado, se equivoca. Y referido a ser mujeriego… puede que también tenga razón. Uno no tiene la culpa de encontrar chicas lindas por la calle ni de ser tan vulnerable a sus encantos, pero debo aclararle que cuando uno se enamora no hace falta ver a nadie más pues sólo una persona es la que puede hacerte feliz, y eso él lo debe saber si alguna vez se ha enamorado. Los ojos podrán ver a millones de mujeres por el mundo, pero el corazón sólo late por una.
Explicado esto, no sé por qué Iván se exaspera y se enardece y se enfurece y me llama de tal modo si ni siquiera me conoce. No digo que yo sea un angelito pero no creo merecer tal ofensa desleal y canallesca. Iván está empeñado en que yo voy hacer daño a Alexandra, que soy un descorazonado que sólo se burla de las mujeres y que soy de lo peor. Lo que Iván no sabe es que día a día me burlo de Alexandra y ella de mí. Nos lanzamos burlas sin maldad. Ambos nos fastidiamos por el Chat y disfrutamos de nuestras jodas y de nuestras tonterías inofensivas. A menudo nuestras bromas son inocentes y divertidas. Ninguno de los dos nos hacemos daño, aunque tampoco tenemos razones para hacerlo. Por lo tanto, no entiendo de dónde saca Iván la idea de que yo voy hacerle daño a Alexandra si ni siquiera se me ha pasado por la cabeza hacerlo. Yo no quiero lastimar a nadie ni tengo la intención de dañar a nadie ni de burlarme ni de herir a nadie. Todo lo contrario, siempre deseo tener menos problemas y evitar malos entendidos y peleas con el resto. Yo no pienso quitarle a su amiga ni tampoco quiero tenerle bronca a él por ser prejuicioso conmigo. Quiero creer que todo esto no es más que un malentendido fugaz que no tendrá mayor repercusión en el futuro.
En realidad no me siento ofendido de ningún modo. No creo ser capaz de ser como Iván me describe o como él se imagina que soy. Soy a penas un chiquillo que intenta conocer nuevas personas y entre ellas está su amiga (Alexandra), no es mi culpa que tengamos los mismos gustos para las amistades.
Imagino que aquel chico (Iván) debe sentir algo más fuerte que una simple amistad por nuestra amiga Alexandra. No lo culpo. Ella no es nada fea. Pero me parece poco honorable que use ciertas artimañas para atacarme y ponerme en hacke y dejarme de lado. Yo no intento robarle nada, es más, nunca le he hablado a Alexandra de amor ni he intentado buscar tener algo más allá que su amistad. Además ¿si me gustase qué? No tiene nada de malo enamorarme de ella. Uno no decide en el corazón ni en los sentimientos, simplemente las cosas se dan y punto. Así que tampoco hay tanto problema, se lo aseguro.
Una vez leí que: “el amor es una cosa maravillosa que saca lo peor de uno”. Quizá el mejor ejemplo de aquella frase tenga fundamentos en lo que está pasando con este muchacho. Yo no pienso competir con nadie ni pienso jugar de modo cruel ni ofensivo sólo por ganarme el cariño de una persona. El cariño no es un premio que se recibe tras un combate o una riña, sino que se gana a base de buen trato, comprensión y solidaridad. Yo no creo ser una persona mala, pero si lo fuera, lo último que haría es rebajarme a jugar del mismo modo que el enemigo. Y como él no es mi enemigo, porque ni siquiera lo conozco ni mucho menos sé si es mala persona, no tengo por qué guardarle rencor por algunos comentarios desafortunados que dijo en contra de mí.
Por ahora el único concepto que me llevo de él es que tiene un carácter rígido, características de una persona severa y poco flexible cuando se siente amenazado. Pero que se entere: yo no soy una amenaza. Si él lo cree así, entonces que me disculpe porque no es mi intención serlo.
Lo último que quiero agregar antes de terminar este post es que: me parece genial que se preocupe por Alexandra y que cuide de ella. Es muy admirable de su parte intentar buscar lo mejor para su amiga (que si por él fuera, serían más que amigos - y no lo culpo, sino que lo felicito por tener buen gusto- ). Espero que siga siendo tan sobreprotector y cariñoso con ella, pues ella se lo merece.
Mientras tanto seguiré siendo amigo de Alexandra, de nuestra amiga Alexandra para ser menos egoísta. Ella es genial y no se merece que dos chicos se peleen por malos entendidos. Es mejor preservar una amistad que perderla por banalidades.
jueves, 13 de enero de 2011
Los piratas
Daniel:
Somos 4. Todos nos conocimos en el colegio. Al principio nos llevábamos mal. Uno de ellos, el más cachetón y más viejo y, quizá, el más divertido y gracioso, fue mi amigo de casualidad. Todo comenzó en 3er año de secundaria, cuando todos los alumnos fuimos cambiados de salón por una decisión extraña del director. “Kiko”, como era conocido en aquel entonces, fue cambiado a mi salón. Los primeros días de clase él se sentaba solito al fondo y no hablaba con nadie. Su nombre verdadero era Daniel Pet. Semanas después de haber empezado el año escolar, Daniel ya tenía amigos e incluso era muy querido en mi salón. Empezó a caerle bien a todos mis compañeros gracias a su simpatía y buen humor. Yo no me atrevía a hablarle. Yo permanecía distante y poco me interesaba lo que él hacía con su vida. Un día, en el recreo, él se me acercó y me dijo que una chica quería conmigo, que yo le gustaba a esa chica. Yo le dije que ya tenía enamorada, pero se lo dije de forma cortante. Los días siguientes él seguía con lo mismo, se me acercaba y me hablaba de la chica. Incluso me recomendó que agarre con ella, que le dé un besito y después la dejase. Yo me rehusaba pero él insistía. Tiempo después me confesó que la chica le gustaba, que él estaba enamorado de ella y que simplemente me ayudaba porque ella se lo había pedido de favor. Él se tragó su cariño por la chica y quiso que ella sea feliz, y se enamoró de tal manera que no le importaba que la chica sea feliz con otra persona, él sólo quería lo mejor para ella. Lo que él no sabía cuando me hizo esa confesión es que yo me estaba enamorando de la chica, pero preferí dejarlo ahí y pasar del tema porque había ganado un amigo para toda la vida y no tenía sentido pelearnos por una chica.
Al finalizar el año escolar, me besé con aquella chica y terminamos por ser novios. Duramos apenas dos semanas. Daniel se había enamorado de otra niña y ya no había rencores. Nunca supe cómo aquel muchachito cachetón, inquieto, irreverente, miedoso, tonto, romántico y estafador, se había convertido en mi mejor amigo, pero aún así, agradezco mucho haberlo conocido y por ser un amigo genial e incondicional, a pesar de querer robarme mi cámara fotográfica y querer ver pornografía en mi computadora cuando llegamos ebrios después de alguna fiesta sabática.
Víctor:
A este otro amigo lo conocí de forma accidentada en 4to de secundaria. Él era nuevo en mi salón. Había repetido 1 año. Yo no tenía ganas de ser su amigo. Me bastaba con los que tenía. Siempre fui así: poco social y reservado. Un día, en hora de clase, él estaba fastidiando a todos mis compañeros tirándoles papelitos con una liga que lo usaba como resortera. En una ocasión, uno de esos papelitos casi me cae en el rostro. Yo volteé y lo miré con severidad, dándole a entender que tenga cuidado con su jueguito de niño malo y rebelde. Al rato, uno de sus papelitos me cayó en la mejía y lo enrojeció. Yo me sobé y volví a mirarlo, pero estaba vez ya no era una advertencia, sino le miré desafiante y vengativo.
A la salida, cogí mi mochila y fui a buscarlo al balcón del colegio pero no lo encontré. El muy marica se había corrido. Fui a buscarlo al paradero porque yo no pensaba dejar pasar su payasada. Al verlo en el paradero, me saqué la mochila y se la di a Daniel, quien en ese entonces ya era mi amigo y andábamos juntos a todas partes. Me acerqué a Antonio Camarita Munaylla, el intrépido chico que había osado joderme en clase.
Cuando me acerqué le empujé y empezamos a pelearnos en la calle, pero inmediatamente nuestros amigos se metieron y nos separaron.
Dos días después nos volvimos a ver, él estaba con su enamorada y yo estaba solo. Al vernos él se me acercó para disculparse pero yo no acepté sus disculpas. Me hice el orgulloso y quería tomar venganza. Él se llenó de valor y me dijo: “si quieres pegarme, pégame, de repente así te tranquilizas”. Yo lo miré con odio porque me reventaba que se haga el buenito delante de su enamorada cuando dos días antes, el pendejito ése, me había volteado la cara enrojeciéndola con su liguita asesina, yo no soporté más y le tiré un puñete en la cara en plena vía pública. En eso, de milagro, apareció mi mamá y nos separó (nunca supe cómo apareció mi mamá en ese preciso lugar y en el momento perfecto, fue como enviada por Dios para calmar mi enojo y evitar que me pelee).
Al día siguiente, Antonio y yo fuimos a la dirección porque ya todo el colegio se había enterado de nuestra pelea. Ambos firmamos un acuerdo hecho por el director en el cual nos comprometíamos a llevarnos bien sino seríamos suspendidos temporalmente del colegio. A mí me daba igual llevarme bien con ese tipo, mientras no me joda, todo estaría tranquilo. Semanas después hubo una fiesta cerca de mi casa de una amiga que él y yo conocíamos, y entre copas nos hicimos amigos y dejamos todo rencor de lado. Desde ese momento Victor Camarita Munaylla, ha sido uno de mis mejores amigos y ha sido cómplice de mil aventuras y de seguro lo seguirá siendo por mucho tiempo…
Leo:
Él es el más pastrulo de los 4, el más intoxicado y, quizá, el que mejor disfruta del sexo. Él estudió en primaria en mi colegio, luego fue cambiado pero volvió en la secundaria. Cuando volvió en 4to de secundaria, fue ubicado en mi salón. Él se sentaba al fondo. Tenía un aire intelectual y algo nerd por el gruesor de sus lentes y el peinado raya al medio que tenía. Era callado y parecía no importarle el resto. Aquel chico se llamaba Leo Rohn Bejarano, aunque él se llamaba así mismo “The killer”. Su pseudónimo no tenía nada que ver con su apariencia física.
A pesar que no nos hablábamos, siempre nos juntábamos en el recreo para jugar partido. Un día, en uno de esos partidos bruscos y con roces agresivos, yo tenía la pelota en mis pies y amenazaba al arco rival con anotar un gol. De pronto, cuando estuve a punto de disparar, después de haberme llevado a dos compañeros, me acomodo para patear y hacer el gol, y Leo, conocido como The killer, el asesino de lentes gruesos y raya al medio, me robó el balón con una barrida brusca y exagerada. Aquella entrada ruda me había tumbado al piso e hizo que cayera de brazo, rompiéndome unos tendones del brazo derecho. Permanecí unos minutos en el piso.
Todos mis amigos pararon el juego y me decían que me pare, pensado, quizá, que yo estaba fingiendo pero en realidad me había lastimado. No podía mover el brazo porque me dolía demasiado. Mi amigo Daniel fue a reclamarle a Leo por aquella entrada descabellada. Mis amigas me auxiliaron rápidamente. Luego se acercó la bibliotecaria del colegio para ayudarme. Al ver mi estado, llamó inmediatamente a una ambulancia. Durante una semana las chicas de mi salón no le hablaban a Leo “the killer” por lo que me había hecho. Todos le hacían la ley del hielo como castigo a su brusquedad. Permanecí 15 días con yeso. Daniel me iba a visitar a mi casa e íbamos a jugar Play Station pese a tener el brazo lastimado. Cuando volví al colegio, Leo me pidió disculpas y yo las acepté sin rencor. Todo acto de rudeza había quedado en la cancha y no había nada que reclamar.
Hoy en día los 4 somos grandes amigos y, pese a haber terminado hace poco más de 3 años el colegio, aún seguimos viéndonos y seguimos siendo los mismos imbéciles de siempre. Somos los únicos de la promoción que nunca falta cuando hay algún reencuentro o alguna salida a alguna fiesta. Espero seguir contando con ellos y que ellos cuenten conmigo. No los quisiera perder por más diferencias que tengamos y por los mil errores y tonterías que solemos cometer a diario. Siempre nos jodemos horrible, pero en el fondo sabemos que ninguno quiere el mal para el otro. Ellos saben mil secretos míos y yo sé millones de secretos suyos. Ellos son mis mejores amigos, y espero que lo sean para toda la vida…
domingo, 26 de diciembre de 2010
2010 gracias por nada
Enero: Comencé mal el año. Terminé con la chica que hasta ese entonces era la persona más especial de mi vida, de quien más me había enamorado. Duramos poco menos de 4 años. Éramos muy felices. Nunca supimos cómo se terminó nuestra relación, lo cierto es que decidimos separarnos por un acuerdo mutuo.
Febrero: Una vez más pasé 14 de febrero solo y aburrido, resignándome a mirar a otras parejas felices en el mes del amor. Tengo la mala suerte de nunca haber pasado un 14 de febrero junto a una enamorada. No sé si es mala suerte pero nunca la paso bien en esa fecha.
Marzo: Mis amigos empezaron a salir a discotecas y yo no los acompañaba. No me apetecía salir a ninguna parte. Prefería desperdiciar mis fines de semana escribiendo como un loco enérgico sumergido en sus pensamientos surrealistas y volverlas realidad. Además, sumado a ello, salía a caminar en las tardes por el parque.
Abril: Mis amigos me sorprendieron un fin de semana y me prepararon una fiesta sorpresa en mi casa. La fiesta fue genial, el 70% de los chic@s que fueron a mi fiesta tuvieron sexo, menos yo. Todos se embriagaron y me dejaron solito en mi sala mientras ell@s tenían sexo ardiente y desenfrenado. Dos días después (el día central de mi cumpleaños), mi ex enamorada fue a visitarme mi casa para saludarme. Luego de vernos aquel día, volvimos. Volvimos a ser enamorados. Ella quedó en llamarme para volver a vernos, sin embargo no lo hizo hasta 2 meses después, cuando me enteré que ella ya andaba con otro chico.
Mayo: Llamé a mi ex enamorada por teléfono y la saludé por su cumpleaños, a lo que ella respondió: mi cumpleaños es dentro de 2 días. Me sentí un completo imbécil al oír eso. Había confundido nuestro supuesto aniversario con su cumpleaños. Nosotros cumplíamos 4 años de novios el 9 de mayo, día en que la saludé confundiéndome con su cumpleaños, cuando en realidad ella cumplía años el 11 de mayo.
Junio: Me enteré que mi ex enamorada tenía enamorado. Era un tipo de pésima reputación y mal visto por todos mis amigos, quienes, a su vez, también eran amigos de mi ex chica y de su nuevo enamorado. A mí me daba igual la reputación que ese chico tenía, sólo esperaba que no le haga daño a Sandrita porque no me gustaría verla con el corazón destrozado. No se lo merece.
Julio: Le dije a mi profesora de Fotografía que era una vaga de mierda porque no quiso revisarme mi examen final cuando ella dijo que el examen sería asesorado. Días después, esa conducta rebelde y caprichosa me costaría mi nota final porque la hijaputa me jaló en Evaluación Permanente con 11 (la nota mínima para aprobar en Isil es de 13). También, ese mismo mes, fue el cumpleaños de mi mejor amigo.
Agosto: Conocí a una chica rara, rarísima. Se llamaba Rozalyn. Era una tipa con el cabello desordenado y abultado. Desde la 1ra vez que nos vimos quiso abuzar de mí. Era muy mandada. Yo intentaba desenmascararla pero no lo lograba. Incluso recuerdo que ese primer día que nos vimos ella quería embriagarme. Los días siguientes me propuso ser su enamorado. Yo me hacía el desentendido e intentaba evadir su pregunta, pero ella insistía y tuve que ceder a su obstinación.
Septiembre: Mi nueva enamorada me hacía detalles sumamente sorprendentes. Sin embargo, mi ex enamorada reapareció en mi vida. Me llamaba por teléfono y me decía para encontrarnos. Yo nunca acepté su propuesta. Fui un tarado porque meses después me arrepentí de no salir con ella nuevamente. En ese entonces, no me decidí por verla porque sabía que si lo hacía me jugaba mucho. No quería hacerme daño ni hacer daño a terceras personas.
Octubre: Terminé con mi enamorada. Le dije que no estaba enamorada de ella. Para eso, ella me había confesado semanas antes que su cariño hacia mí estaba en duda. A mí ciertamente me daba igual, no me sentía enamorado de ella y era mejor terminar con nuestra falsa relación. Al final me decepcioné mucho de ella porque a la semana de terminar conmigo volvió con su ex chico, de quien me juraba que no volvería nunca porque él era un tipo que no la merecía. Incluso él le había sido infiel. Lo peor, y quizá más grave fue que ella le contó a él asuntos míos muy privados. No quise odiarla ni dejar de hablar con ella, quise saber, por el contrario, qué tan valiente era y quería saber si tenía el coraje de darme explicaciones, pero nunca lo hizo. Me demostró que era cobarde, tan igual a mí o incluso peor.
Noviembre: Me decidí a escribirle a una chica por Facebook, aquella chica me generaba mucho interés y quería conocerla desde hace un tiempo atrás. Por suerte la chica y yo tuvimos una buena comunicación y empezamos a conocernos por Facebook y días después por Messenger. Solíamos encontrarnos a altas horas de la noche en línea y nos contábamos (o mejor dicho, me contaba) lo que le pasaba con un chico. Nos referíamos al chico como “el mudito”, pseudónimo otorgado porque él la enamoraba a ella por Messenger y teléfono pero nunca hablaban personalmente. Él se intimidaba. Cuando se veían en la universidad ni se saludaban.
Le cogí cariño muy rápido a esta niña, incluso a veces peleábamos y nos decíamos insultos cariñosos para fastidiarnos. Como nos caíamos tan bien, decidimos encontrarnos un 13 de diciembre, un lunes, para variar. Según ella tenía la agenda recargada y sólo ese día tenía libre.
Diciembre: Conocí a la chica. Verla fue increíble. Creo que me llegó a gustar poquito. Quizá más que poquito. En realidad me gustó mucho. Nuestro primer encuentro fue accidentado y muy poco relevante. Fue normal y simple, pero yo la pasé genial. A la semana siguiente tuve que viajar a Chile y dejé de tener esos encuentros cibernéticos con ella por las noches y sólo nos comunicábamos por mensajes al Facebook.
Por último, y esto fue lo mejor del 2010, fue que: un día antes de viajar, vi a mi amiga teniendo relaciones sexuales con su chico. No sé si fue casual o adrede, pero el hecho es que observé cómo mi amigo hundía su sexo en el de mi amiga. Fue divertido.
Ya casi es navidad y yo estoy pegado a la lap top escribiendo como un adicto.
Espero que todos pasen una bonita navidad. Saludos.
martes, 14 de diciembre de 2010
Un lunes cualquiera, pero distinto a los demás
Hace poco
más de un mes quedé en salir hoy, lunes 13 de diciembre, con una chica a la que
no conocía, apenas nos escribíamos por Messenger.
Al
principio todo comenzó como un juego, como si fuese un día distante y muy
alejado de la realidad. Sinceramente pensé que no ocurriría. Pero el día llegó
y aquí me tienen, escribiendo estas líneas para recordar lo vivido.
Quedamos en
encontrarnos a las 5 de la tarde en Open Plaza, un centro comercial ubicado en
el cruce de la avenida Angamos con Tomás Marsano, en el distrito de Surquillo. Quedamos
en ir al cine, clásico en personas de nuestra edad. Ella de 17 y yo de 19. Aquél
día llegué tarde a la cita. La busqué en el cine y no la encontré. La llamé a
su celular para saber dónde estaba, tal vez se había desanimado de verme. Al
contestar, oí por primera vez su voz. Me pareció una voz extraña, algo
juguetona y pizpireta. Le pregunté dónde estaba, ella respondió que en el cine,
esperándome, luego me hizo la misma pregunta y yo le dije que en mi casa
(bromeando). Después me desmentí y le confesé que estaba muy cerca. En realidad,
estaba en una esquina llamándola desde un teléfono público.
Me apresuré
para darle el alcance. Cuando la vi desde lejos, ella me sonrío sin motivo,
quizá pensando arrepentida: ¿él es
Eduardo? Me acerqué intentando mostrar sobriedad, pero en el fondo me moría
de nervios. Ella vestía un jean azul y una blusa blanca. Sandalias negras y una
cartera pequeña. Su cabello era oscuro y tenía un peinado que le acentuaba bien.
Era simpática, qué digo simpática, simpatiquísima, más de lo que había
imaginado. Ella no mentía cuando me decía por Messenger que me quedaría
impresionado al verla.
A su lado
me sentí torpe, mal vestido y temeroso. Llevaba puesto un jean cualquiera,
medio gastado, unas zapatillas blancas marca converse y un polo sencillito color
turquesa. El cabello desordenado y mi cuerpo delgadísimo, carente de músculos.
Solo me defendía mi actitud y mis ocurrencias.
No sé si fue
parte de los nervios, pero me reía sin razón y decía cosas incoherentes por
momentos. Ella lo notó, lo sospecho. Pero me era imposible estar tranquilo a su
lado. No sabía cómo controlarme. Por suerte, ya desde la primera cita, me tuvo mucha
paciencia.
Inicialmente,
habíamos quedado en ver una película de terror, pero lamentablemente a esa hora
no había más películas que Narnia, Harry Potter y Megamente. Optamos por esta
última, ya que a ella no le gustaba ni Narnia ni Harry Potter; además, a mí
tampoco me apetecía ver esas películas. Antes de entrar al cine compramos canchita
y gaseosa. Cuando entramos a la sala, no había nadie. Estaba vacío. Sólo éramos
ella y yo. A los pocos minutos entró un niño con su mamá, luego una pareja de
enamorados y de a poco fue ingresando gente a la sala.
Mientras
esperamos a que empezara la película, hablamos un poco de nosotros. Por
momentos, ella se reía con mis bromas y sus ojos se ponían chinitos. Me gustaba
sentirla feliz a mi lado. Yo la miraba constantemente, ella no tanto, quizá se
sentía incomoda por mi mirada o quizá le importaba poco mirarme, o tal vez sí
me miraba y solo disimulaba muy bien. No lo sé. Lo cierto es que todo iba yendo
bien. Incluso, ya durante la película, ella empezó a hacer las típicas
travesuras de cine: me arrojaba canchita para distraerme. Yo disfrutaba las
licencias que se daba para fastidiarme y me enternecía lo niña que se ponía
para llamar mi atención.
Cuando la
película empezó a ponerse interesante, ambos permanecimos atentos, en silencio,
hablando poco, casi nada. Por momentos nos decíamos cosas al oído y luego soltábamos
carcajadas como dos niños divertidísimos por las ocurrencias de los
protagonistas; aunque, a decir verdad, yo a veces me salía de la película y
pensaba: ¿Después de ver esto se tendrá que ir? ¿Habrá tiempo para conocernos
un poquito más? ¿Podré decirle que disfruto estar a su lado? Me cuestionaba
inútilmente. No había razón para atormentarme con preguntas sin sentido, si se
tenía que ir, pues bien, habría que entenderla. Y si se quedaba, enhorabuena.
Lo cierto es que entendí que tenía que disfrutar el momento y dejar de lado lo
que vendría después, sino arruinaría ese instante y yo no quería que eso pasara
porque la estaba pasando genial.
Me percaté
que su papá la llamaba a cada rato, dando muestras de preocupación e interés
por lo que hacía su hija. Ciertamente, yo sería igual si fuese padre, cuidaría
a mi hija sobre todas las cosas y me preocuparía por su bienestar.
Al terminar
la película paseamos un rato por el centro comercial. Me contó acerca de su
familia y yo de la mía. Por momentos escribía desde su celular diciéndole a su
papá que se encontrarían en su casa, pero él insistía en pasar a recogerla. Así
que no nos quedó más opción que despedirnos. No me dejó acompañarla porque
había pedido permiso para salir con una amiga y no con un chico. Su papá la
esperaría en la entrada principal del centro comercial, así que yo tuve que
irme por una salida alterna.
Más
adelante, mientras caminaba por la calle feliz por la tarde que había tenido,
ella apareció de pronto en una esquina con su papá y caminaban en dirección
opuesta hacia donde yo iba. Quedé mirándola sorprendido y vi que ella sonreía. Le
correspondí la sonrisa y nos cruzamos divertidísimos, como dos niñitos
disfrutando de una travesura. Me sentí su cómplice en ese momento y muy feliz de
haber compartido una tarde especial a su lado.
miércoles, 1 de diciembre de 2010
Las consecuencias de escribir...
Son casi poco más del mediodía y recibo una llamada. Es una chica. Al principio no reconozco su voz, pero según va hablando la logro identificar. - Como ella no quiere que ponga su nombre en ningún escrito mío, la llamaremos Manuela Penélope Arriola de Pajares. - Me reclama energúmena por qué escribí lo que viví con ella, por qué lo hice público en el blog de mi amiga Brenda. Yo me río divertidísimo por su enojo y porque, a pesar de todo, me demuestra que lee lo que escribo, que es mi fiel lectora en silencio. Le explico que no le puse ningún nombre a la tipa que describo en el post que publiqué, que no tema, que sería incapaz de delatarla. Ella no me cree y se siente afectada. Furiosa. Me culpa, y sospecho por su voz, que tiene ganas de insultarme y decirme: maricón de mierda, deja de escribir sobre mí, ¿acaso no tienes vida? Además nunca me la metiste porque tu huevada se doblaba. - Para mi buena suerte, ella es muy benévola y no tiene el carácter suficiente para agredirme verbalmente. Todavía me quiere, aunque no me lo diga. Después de explicarle y pedirle disculpas por mi atrevimiento literario, ella se despide, entonces ya un poco más calmada. Cuando cuelga, me río a mares. Disfruto su enojo y levanto la música a todo volumen y disfruto ser escritor. Bailo con mi perrita y ella, cómplice, ladra y se tira encima de mí, como disfrutando mi alegría.
Al rato, entro al blog http://sietevidasymas.blogspot.com/ y leo lo que escribí sobre Manuela Penélope Arriola de Pajares. Me percato que todo lo que escribí ahí no tiene nada que ver con lo que viví con ella.
1)Nunca tuvimos sexo. Sí intentábamos practicarlo pero nunca funcionaba. Nunca se la empujé despacito como dice en el post. Y yo nunca me calenté cuando ella me decía palabras eróticas, sucias, arrechas.
2)Su forma de intentar hacerlo era muy hardcore a comparación de mi estilo romanticón y cursi.
3)Nunca se la hundí. Ella muy bien sabe que nunca hicimos nada. Ganas no faltaron, pero por alguna razón extraña nunca culminábamos lo que empezábamos.
4)No éramos la pareja perfecta, eso lo inventé para que suene bonito el texto.
5)Nunca me toco pensando en ella, es más, no me toco hace tiempo. Ando ocupado por mis Finales y últimas prácticas que no me interesa tocarme.
Una vez aclarado esto, no entiendo por qué carajo me llamó Manuelita si todo lo que escribí jamás lo viví con ella. De verdad, no entiendo su disgusto. Qué extraña mujer. Está loca.



