lunes, 2 de agosto de 2010

¿Y si me complaces?

Ella es una chica que le gusta lo prohibido. Suelo hablar con ella horas largas por teléfono mientras me cuenta de su chico. Pronto será su cumpleaños y no tengo idea del regalo que le voy a dar. Nada me parece apropiado para regalarle. Nada excepto una embase de lubricante para que pueda hacerlo con su chico el día de su santo.

Ella desea pasar momentos íntimos con su chico, a él parece no importarle tener algo más que besos y abrazos. Ella me cuenta que su chico no la toca, que a veces siente que a él se le para pero no hace nada. Ya se cansó de provocarle erecciones, ahora quiere sentir ese pedazo de él que tanto desea tener.

A veces, cuando le entra el romanticismo, me cuenta que ya no espera hacer nada con su chico, que solo le basta tenerlo cerca y sentir que él la ama. Ama tanto a su chico que suspira por los poemas que él escribe, aunque estos tengan muchas veces un significado áspero. Él intenta ser romántico pero manifiesta en sus escritos la rebeldía de su alma.

Él es mi amigo. Compañero de muchas escapadas de fin de semana. Alcoholizados amanecemos algunos domingos hablando de política o debatiendo conceptos de amor, o, en el peor de los casos, de desamor.

Él jura amar a mi amiga. Como muestra de ello, él se grabó en un teléfono celular diciendo: ¡Ruth, te amo, yo killer! Grabación que ella escuchó semana después y disfrutó a carcajadas.

Él quiere ser escritor y ella quiere ser su chica. Él quiere embriagarse y ella quiere tenerlo algún día desnudo. Él prefiere ir al estadio a alentar al club de sus amores y ella lo considera a él como su único amor. Su relación ya lleva casi medio año, es mucho tiempo considerando que él nunca tuvo enamorada.

Es un amor raro, pero amor al fin y al cabo. Él quiere filmar una película porno y ella quiere, lo sospecho, ser su actriz todas las veces que se quedan solos en su casa.

Él le ha propuesto hacer el amor pero con una condición: que ella se vista de colegiala. Ella ha aceptado pero aún no lo complace. Ambos se aman, se desean y se extrañan, me lo han confesado.

Ella se escapa al anochecer con la excusa de salir a correr y va a casa de él, su chico. Comparten horas juntos en la oscuridad de la noche, o, si tienen suerte, en la oscuridad de su cuarto. Ella me contó que ha pasado la noche con él pero que no ha pasado nada, al menos nada malo, me lo asegura. Yo creo que entre las parejas no hay nada malo, excepto la infidelidad. Las poses, las caricias inadecuadas, los besitos traviesos y todo, en absoluto, está permitido al momento de amar.

Ella detesta a mi ex enamorada porque dice que no sabe valorar mi amor. Yo le digo que no la odie, que nuestra separación fue porque ambos lo decidimos así.

Hace unos minutos hablé con ella por teléfono (mi amiga) me contaba que por fin sucedió, que hace dos días hizo el amor con su chico. Me cuenta de forma descarada que le tocó su miembro, que disfrutó mucho de aquel momento, lo único malo es que su enamorado no aguantó el primer round y se le vino muy rápidito.

Yo le dije que es porque seguramente no está acostumbrado a hacerlo, de tanto porno que ve y de tantas masturbaciones que se hace, ha surgido su precocidad. Le digo también que lo intente con algunas copas de más, que los hombres aguantan más el primer polvo ebrios (lo sé porque desde hace mucho tiempo leo teoría sobre este tema). Ella se ríe y me dice que lo intentará. Me confiesa que tuvo mucha suerte el día que lo hicieron porque la mamá de mi amigo llegó minutos después que terminarán su faena sexual.

Ella me cuenta que fue rico haberlo hecho con él, con su chico. Me explica muy alegre que lo besó todito, pero que no llegó a chupárselo, enfatizó. Él quiso que lo ataran para tener un sexo más salvaje; sin embargo ella no lo complació, solo quería juntar su sexo con el de él y disfrutar del delicioso placer que generan los cuerpos desnudos al momento de agitarse de forma descontrolada.
Me dice que tiene que salir.

Irá a Chorrillos para ayudar a un amigo a reconquistar a su novia, ya que semanas antes se han peleado porque él se quedó una hora encerrado con la amiga de su novia en el cuarto de un hotel, y jura que no pasó nada.

Así que me despido y quedamos en hablar en la noche.

sábado, 26 de junio de 2010

Poema IX

Bajo el cielo turquesa
mis labios dibujan una felicidad inexplicable.

El corazón me palpita de manera sobria
y el juego de extrañarte
es una partida que perderé

Mis ojos atristezados te sueñan
y la soledad no hace más que hablarme de ti

Tantos otoños contigo y sin ti,
desdeñando el tiempo y culpando sus cambios
extrañando tus labios y amándote en silencio

Atrás quedaron los recuerdos
y aquél lejano adiós
tan fugaz, como una tarde de abril

jueves, 17 de junio de 2010

Poema VIII

Quiero apeligrarme en tu presencia,
sentir en tu mirada el cálido beso que tus labios me exoneran.

Recordar en tu voz los jadeos
de un amor entregado a la pasión descontrolada,
como el de ayer, como el de antes,
cuando aún eras mía

Entre valles y sombras navegan los recuerdos imborrables de lo que fue y será,
aquellos que rehusan cobijarse en el fin sobrio de un corazón mudo

La fríaldad de tu áspera indiferencia contrasta el magestuoso recuerdo de mis pensamientos, y tu ingenuidad desdeñable nutre la voluntad improvista de mis ganas de tenerte una vez más

Vete. Largo. Huye con tus miedos.
Desaparece como ayer.
Mantente distante,
pero no del todo,
aún quiero recordarte, mujer ambigua

Mujer de nadie,
esfúmate pronto y vuelve también.
Llega inesperada en una noche de luna
como el cántico de las aves silvestres

Vuelve como la última vez,
como aquella inolvidable noche de abril
donde mis sueños se hicieron realidad

La realidad, de no volver a tenerte
nunca más

miércoles, 9 de junio de 2010

Un suicidio necesario

Hoy le confesé a mi amigo que me está empezando a gustar una chica que no debe gustarme. No es prohibida, pero es ajena. Él me cuestionó e intentó ahondar en el tema, yo no quise ilusionarme con hipotesis porque sabía que no tenían futuro, por eso le dije que buscaría a mi ex enamorada, quizá así pueda quitarme la idea de seguir pensando en la chica que no debe gustarme.

Antes, cuando veía a mi exenamorada, el solo hecho de verla hacía que me olvide de todo, que olvide el asunto por el cual estabamos distanciados o por el cual habíamos terminado. Junto a ella no existía nada,solo ella y yo. Los problemas se disipaban y sentíamos que el mundo solo servía para vivir enamorados y que el destino de ambos era permanecer unidos, por eso quise buscarla, para olvidarme de todo y olvidar que otra chica me está empezando a gustar. Es que soy de corazón vulnerable y me enamoro rápido, es mi gran defecto.

Si me llega a gustar la chica que no debe gustarme, pronto me enamoraré de ella, lo presiento, y si la sigo frecuentando será más fácil aún. Debo evitar verla aunque mi volutad me lo impida. Es una mala idea hacer planes para salir este fin de semana con ella y dos amigos más, debo negarme aunque en realidad sí quiero salir con ellos y verla.

Son las 6 de la tarde y he decidido llamar a Sandra, mi ex enamorada. Me contesta su tía y me dice que no está. Luego prendo mi celular y me percato que tengo un mensaje nuevo. Llamo inmediatamente a la chica que me está empezando a gustar, me contesta otra persona. No logro identificar la voz, seguramente es su mamá o su hermana. Saludo con amabilidad y pregunto por ella. Me la pasan de inmediato sin preguntarme quién soy. La saludo. Le pregunto cómo ha estado, le comento que recibí un sms de su amiga. Ella se rie y yo empiezo a contarle el contenido del mensaje. Reímos juntos. De pronto suena mi celular, veo quién es y me llevo la sorpresa que es mi ex enamorada, le digo a la chica que me está empezado a gustar que luego la llamo, que está sonando mi celular.

- ¿Aló? - digo sorprendido.
- Hola, Eduardo. Llamaste a mi casa, ¿qué paso? - me dice Sandra con su vocesita bondadosa.
-Ah, sí. Me contestó tu tía y me dijo que no estabas, ¿en dónde estabas? - Pregunto curiosamente.
- Por ahí - me dice ocultándome algo.
- Ah ya... Oye, ¿puedo verte? - le pregunto de golpe.
- ¿Para qué? Lo que pasa es que casi no tengo tiempo para nada - responde en tono desinteresado.
- Quería verte - digo desilusionado.
- Es que ando ocupada. Recien acabo de llegar a mi casa y tengo que hacer muchas cosas.
- Oye, un ratito, está sonando mi teléfono - Le digo entrecortando su explicación. Obviamente nadie me llamaba por teléfono, solamente le mentí porque mi mente pensó: es mi oportunidad, está en su casa. Iré de sorpresa.

Me alisté, me peiné y me abrigué demasiado debido al crudo otoño al que está sometida Lima. Salgo de mi casa y me subo a un colectivo. Voy hacia la casa de mi ex enamorada, a casa de Sandrita. Bajo del colectivo y sigo mi marcha a pie. Estoy muy nervioso, la presión se me baja y las manos me tiemblan de una manera espantosa. Busco alguna balada romantica en mi Ipod que vaya acorde con el momento y prendo un cigarro para que me ayuden a aliviar las ancias que tengo por verla.

Toco el timbre de su casa y me contestan de prisa.

- ¿Si? - me dice una voz que no logro reconocer
- ¿Sthefany? - digo pensando que me ha respondido la prima de Sandra.
- ¿Quién eres? - Me pregunta la voz del contestador del timbre.
- Disculpa, ¿está Sandra? - contesto con una pregunta.
- Ella habla, ¿Quién eres?
- Hola, Sandra. Soy Eduardo - el cuerpo me tiembla y el corazón se me acelera, pienso que tal vez es por el frío que hace.
- Ah, espera. Ahí salgo.

A los pocos segundos sale Sandra, mi ex enamorada, la chica a quien tanto amé y creo amar hasta ahora. Me quedo mudo, no sé qué decirle ni cómo saludarla. Viste de forma diferente, está maquillada y con delineados en los ojos que resaltan su mirada. Está espléndida, lúcida, hermosa, aunque más hermosa se le veía cuando era mi enamorada.

Ella me mira enrarecida y se me acerca dándome un besito en la mejía, beso que recibo con mucho agrado porque ya no me pertenecen, ahora esos besos no pueden hospedarse en mis labios como antes, cuando nos amabámos con locura y nuestro amor era lo mejor que teníamos.

- ¿No tienes frío? - pregunto al verla desabrigada.
- No. Es que estoy bailando, por eso no tengo frío. Mi primita se va a probar en un casting y quiere que le enseñe algunos pasos. De hecho no puedo estar mucho tiempo aqui afuera, tengo que practicar con mi prima - Me dice de forma indirecta haciéndome saber que no le puedo quitar mucho tiempo.
- No te preocupes, solo quería verte. Al menos regalame 5 minutos, es que quiero hablar contigo - La comprometo.
-Ya, está bien.

Le digo para sentarnos pero ella no quiere, prefiere mantenerse parada y distante de mí.

- ¿De qué quieres hablar conmigo?
- No sé, ayer te soñé y hoy cuando me llamaste me provoco verte, por eso decidí venir.
- Ah ¿Y cómo haz estado? - Me pregunta cambiándome de tema.
-Bien. Gracias.

Pienso que ella no quiere hablar conmigo. En otros tiempos quizá ella no hubiera sido tan dura cómo lo es ahora, pero en parte era correcto su comportamiento. Ella ya tenía enamorado y no debía tener un acercamiento indevido con su ex, conmigo. Yo soy parte de su pasado y el tiempo para amarnos ya caducó. Ella ahora deja que otro chico la ame como yo la amé. Lo que estoy seguro es que al chico ese le costará
tiempo amarla cómo yo lo hice algún día y, sobre todo, le costará que ella lo ame como me amó a mí.

- ¿Sandra, por qué se terminó lo nuestro?
-Porque nos desinteresamos el uno por el otro, y al final cada uno decidió ir por su propio camino.
- Nuestro amor se desgasto, es verdad.
- Sí...
- Ya no quisimos jugarnozla por nuestro amor y nos distanciamos. Además nos costaba ser felices, nos costaba estar bien.
- Sí... Tienes razón - dice Sandra mirándome a los ojos.
- Dicen que lo que cuesta vale la pena - Digo meláconlico.

Ella se queda callada y pasa un auto por nuestro lado. Siento que toqué su corazón y que aún mis palabras despiertan sentimientos en ella.

- Gracias por venir, haz hecho un bien para los dos. La verdad no sabía cómo iba a reaccionar ni qué iba a sentir cuando te viera. Pero estoy normal, no siento nada. Pensé que iba a ser distinto.
- Sí, yo tambíèn. Pensé que nos veríamos de casualidad por la calle o algo parecido - digo, fingiendo tener el corazón roto por sus palabras.

Ahora comprendo que mi visita solo sirvió para provocar lo evidente: que ella me parta el corazón y así, de alguna manera, olvidarme de la chica que me está empezando a gustar. Ahora sé que los próximos días pensaré en esta conversación y mantendré mi mente ocupada pensando en que los errores que cometió Sandra y mis miedos terminaron por separarnos. Ella piensa que la última pelea que tuvimos fue por mi culpa, yo creo que fue error de ambos. Pero, qué importa eso ahora, cuando existe amor y errores, siempre se busca soluciones. Nosotros preferimos alejarnos y darle tregua a un fin inesperado, al fin de nuestra historia de amor.

Sandrita y yo enmudecemos y solo nos miramos mientras el mundo gira al nuestro alrededor.

- ¿Eres bisexual? - me pregunta irónicamente.
- "Soy lo que quieras que sea, si eso me permite amarte" - pienso en silencio, luego le digo - No, nada que ver, ¿por qué la pregunta?
- Tienes cara - dice y suelta una carcajada. Sonreímos y disfruto el momento. "Hace mucho que no reímos juntos. Había olvidado que amo
su sonrisa"
- pienso.
- Sabes, también vine porque he dejado de escribir, y sé que el verte, me provocará escribir.
- Es que yo era tu musa inspiradora - dice airosa.

Me río ligeramente y pienso que tiene razón.

- Sí, es verdad. Sabes que el blog que tengo lo cree para escribirte. Además a ti te gustaba que te escriba y te gustaba ser protagonista de mis breves historias de amor. Te gustaba que todos se enteren que te amaba - manifiesto perdiéndome en su mirar. Ella se siente adulada y me mira con dulzura.

Decido mascharme. Le digo que se cuide mucho, que no le robo más su tiempo, de seguro su primita le está esperando anciosa por aprender nuevos pasos de baile.

- Okay, está bien, tú también cuidate mucho - se despide - te va a doler caminar hasta el paradero, siempre te quejabas - añade.
-Me duele más despedirme de ti.

Nos damos besito como amigos y ella entra a su casa deprisa. Yo camino unos metros y decido ir a la laguna que alguna vez visité con ella. Aquella laguna está muy cerca de su casa, incluso desde su terraza se puede observar la belleza de aquel panorama natural. Llego a la laguna y meto mi mano al bolsillo de mi blue jean y saco un cigarrillo. Lo prendo y camino pensando: "Hace mucho que no venía a verte, las veces que lo hacía era cuando aún era enamorado de Sandrita. Yo bajaba y te contaba de mi relación con ella, tú me escuchabas en silencio y tu espléndido paisaje me susurraba que ella y yo éramos una de tus parejas favoritas, que te gustaba vernos caminar cogidos de la mano y disfrutabas cuando ella me miraba con sus ojitos llenos de amor. Expresabamos ternura. Fuiste testigo de nuestros innumerables besos que solían terminar en un te amo cariñoso y eterno. Ahora simplemente vengo a despedirme, quiero que acompañes a Sandrita en sus momentos tristes, que cuando ella te vea desde su terraza y me recuerde por
casualidad, le hables de mí y de nuestro amor, que le hagas saber que la amé sobre todas la cosas y que nunca me di por vencido, solo que la última vez que nos peleamos la puse a prueba, quise saber si había aprendido el valor de cuidar nuestro amor, y quise saber si podía sola, como yo incontables veces lo hice. Quise que me convensa que valía la pena estar juntos. Fue una oportunidad que no supo aprovechar, siempre le dije que yo luchaba solo por lo nuestro y quise saber si ella podía remar contra la corriente. No pudo, y se dio por vencida. Qué pena. Esta visita fue como la llegada de la primavera que nunca hizo florecer aquella rosa marchita.
Por último, hazle saber que el mayor regalo que recibí en mi cumpleaños fueron aquellas dos palabras que sus labios pronunciaron al despedirse: te amo. Es el mejor detalle que pudo hacer por mí, lástima que lo hizo en el epílogo de nuestro amor"
- digo despidiéndome mentalmente de la laguna.

domingo, 23 de mayo de 2010

Ella, yo y él

No es un amor de tres pero es como si lo fuese. Es más, es un amor que no es amor pero se vive como si lo fuese.

Ninguno de los tres sabe lo que siente el otro, o quizá sí, no lo sé.
Ella vive lejos, yo cerca, y él distante.

Ella nos conoce a mí y a él. Yo solo conozco a ella y no a él (aunque tampoco tengo interés por conocerlo). Él conoce a ella y ni se imagina quién soy yo. Cada uno vive en un mundo paralelo pero desigual.

Ella se considera histérica, aunque nunca la he visto comportarse así. Por el contrario, creo que es una chica soñadora y súper tierna. Una chica que siempre está en su burbuja multicolor viviendo en un mundo de fantasía, y que a veces sale para entrar en la realidad, pues sabe diferenciar lo irreal de lo humano.

Últimamente dice estar estresada, sin embargo su sonrisa expresa todo lo contrario, es como una muestra de calidez a todos los que la rodean, incluso a mí, que me llena de paz verla sonreír.

Tiene una mirada encantadora, incomparable, ¿será por eso que me gusta mirarla? Su cabello castaño es buen complemento de su bello rostro. Cuando la veo caminar, es como si viese a una niña. Una niña a quien se le tiene que engreír y dar mucho amor; sin duda, yo se lo daría.

Yo soy un tipo aburrido, y divertido de vez en cuando. Soy monótono aunque detesto lo habitual. Me gusta soñar, pero detesto cuando me despierto antes de besarla, pues últimamente ella ha estado en todos mis sueños. Una vez le dibujé el rostro en silencio y terminé por obsequiárselo en muestra de mi afecto. Le escribí algunos poemas pero solo le regalé dos. Su nombre ya apareció en mi blog con anterioridad. Sospecho que ella sabe que me gusta, debido a que suelo asecharla con miradas constantes que ella corresponde (o al menos eso creo yo). He llegado a pensar que si las miradas fuesen indicios de amor, ella y yo estaríamos muy enamorados.

De él no sé mucho, casi nada. Lo poco que sé fue porque un día ella me confesó que le gustaba él. El mismo día que me di cuenta que no tengo oportunidad alguna en el corazón de ella. Además en ese entonces yo tenía enamorada, y sabía que era mejor así, que ella se ilusione con algún chico, total, mi corazón estaba atado a otra mujer.

Ella le contó a todo el mundo de él. Yo casi no existía. Me dediqué a escribir y a mirar de vez en cuando su facebook. Cada vez que lo hacía, me preguntaba: ¿ella mirará mi facebook? ¿Leerá lo que escribo? ¿De seguro existe poca probabilidad de que pierda su tiempo visitando mi facebook, de seguro prefiere visitar el de él?

Ya ha pasado casi medio año desde que me habló de él. Ahora de repente ya no lo piensa, de repente ya ni le interesa, o de repente sí, o en el peor de los casos, mantiene aun la ilusión de volverlo a ver.

A veces pienso que yo también le gusto, que ella también me piensa, y calla lo que siente simplemente por temor a una respuesta inesperada que lastime su frágil corazón de porcelana. A veces cuando me mira con esa mirada cómplice y luego me sonríe, siento la corazonada de ser correspondido y sueño despierto que la cojo de la mano y le acaricio el rostro, para por fin confesarle lo que su presencia genera en mí.

Darle un beso es como soñar en un sueño, por eso no lo pienso, solo lo sueño.

Son pocas las veces que nos hemos sentado a hablar. Yo suelo intimidarme y comportarme de una manera estrepitosa, terriblemente mal. Soy tan tonto que echo a perder momentos apropiados para que ella y yo tengamos un acercamiento, como hoy por ejemplo, que la tuve tan cerca y me comporté tan indiferente, solo tuve la astucia de rescatar un detalle inmensamente valioso para mí: respirar de su aroma. La tuve tan cerca que su fragancia me envolvió lentamente y tuve que ceder ante él por un capricho particular: tener un recuerdo suyo.
Los días pasan y sé que pronto me volveré a alejar de ella. Lo que no sé es hasta cuándo voy a soportar estar callado y mantener en secreto este cariño que no es tan secreto.

"Cuenta conmigo, por si tuvieras que encontrar algún motivo, si necesitas algo más que conformarte, o si se te ocurre por ejemplo enamorarte, aquí me tienes, siempre dispuesto…", es la letra de una canción que refleja palabras que mi alma es incapaz de decir.

Por ahora tengo etapas que debo culminar antes de proseguir con esta ilusión que crece día a día. Aun los sueños se contrastan con recuerdos que no olvido y que para este tiempo ya debería haber olvidado. Ese fragmento que no logro apartar de mi vida tiene sabor a distancia y nombre de mujer.

Un amigo me dijo hace unos días: no comiences nuevas etapas en tu vida sin haber culminado las anteriores. Y es lo que tengo que hacer…

jueves, 15 de abril de 2010

Poema VII

No huyas de mí
De mis besos
De mi cariño
De mi ser
No huyas, amor

Tómalo todo y nada a la vez
Que todo te pertenece

No huyas
Quiero que ninguna mujer me toque como tú lo hiciste
Que nadie me bese porque mis labios te pertenecen
Y que nadie nunca diga que me ama porque tú eres mi único amor

Naufraga por el valle de mi piel
Navega ahora que para mañana ya no habrá tiempo
Hazlo ahora, y deja de huir

Los defectos de un amor sincero

A pesar de tener sus ojitos grandes, tiene la mirada traviesa y muy tierna. La más tierna que he conocido. Su cabello es corto y súper lacio. Es delgadísima. Le gusta estar en mis brazos y sentarse en mis piernas. Tiene un cuerpecito frágil, como de porcelana, parece que se fuese a romper. Tiene una sonrisa cómplice y juguetona. Sus dientecitos de conejo le dan un peculiar toque infantil. Ana María, así se llama ella. No es mi prima pero la trato como si lo fuese. La quiero tanto. Es mi engreída. Mi hermanita menor.

Ella llegó a casa de mi abuelita hace unos 4 años aproximadamente.

Mi tía, una ex monjita, la tomó en adopción; sin embargo, corrió el riesgo de perderla si los padres aparecían antes que Anita cumpliese los 3 años de edad.

El tiempo pasó y los padres nunca aparecieron, Anita se quedó en casa de mi abuelita. Por suerte mi abuelita vive muy cerca a mi casa y puedo visitarla todas las veces que yo quiero.

Me pone de buen humor estar con ella, con Anita, por eso la visito muchas veces a la semana. Mi felicidad aumenta cuando llegó a la casa de mi abuelita y Anita se inquieta al verme y corre desde lejos hacia donde estoy y se lanza a mis brazos, abrazándome con fuerza. A veces le pido besito y ella pone su boquita de pajarillo y me obsequia un beso chiquito. Soy tan feliz estando a su lado.
Anita suele hacerme preguntas complicadas y muy divertidas. Recuerdo que un día me pregunto:

“¿Aguallo, dónde ta tu chica?" pregunta inesperada que ahora agradezco infinitamente haberla hecho porque me roba una sonrisa cada vez que la recuerdo. Adoro que me llame por mi nombre aunque no lo sepa pronunciar.

El estado físico de Anita es como el mío, ambos somos delgadísimos. A mí no me interesa mi estado físico por eso estoy así, sin embargo ella es delgada porque le cuesta mucho ingerir alimentos. No le gusta comer. Prefiere jugar en su casita de plástico con sus muñecas y soñar que es una princesa; de hecho, para mí ya lo es. Es mi princesa favorita. Una princesa que me quiere con todo su corazón, y su corazón solo sabe dar amor. Un amor fiel, sin promesas ni miedos. Amor puro y sincero. Incomparable.

Las veces que mi abuelita me dice que Anita no ha almorzado, inmediatamente la busco y la llevo a la cocina jugando. Cuando estamos allí mi abuelita sirve el almuerzo disimuladamente y me dice con la mirada que le haga comer. Soy un buen cómplice porque generalmente cumplo mi cometido.

Le digo para jugar al avioncito y ella acepta encantadísima, así que lleno la cuchara con un poquito de comida y hago piruetas en el aire simulando ser un avión. Ella se divierte y deja que mi avioncito aterrice en su boca. Es un juego nutritivo.

Adoro verla feliz, más aún cuando vamos a la panadería por la tarde y en el camino nos desviamos y nos metemos a la bodega de la esquina, y compramos un globito para ella, de preferencia celeste o amarillo, sus preferidos. Se le ve tan linda cuando juega con su globo.
Nuestro cariño es incondicional. Absoluto. Ella nunca espera nada de mí ni yo de ella. ¿Será por eso que disfrutamos más de los detalles que pueden surgir en un día cualquiera?

Anita es mi prima favorita, mi princesita de porcelana, la chica de mis sueños, la que me quiere con sinceridad y simpleza. No importa cuánto ella me quiere o cuánto yo la quiero a ella, lo que importa es que ambos somos felices cuando estamos juntos.

Me da pena que ella no pueda leer este escrito debido a que recién está aprendiendo a leer. Sé que le encantaría demasiado saber cuánto es mi amor por ella. También sé que iría a buscarme y me diría: “Aguallo, yo tamién te quielo mucho”, porque ella es así, siempre dice lo que siente, así sea malo.

Después de compartir toda la tarde con Anita, llega el momento de la despedida. Cuando el sol deja de brillar, es tiempo de partir. El final del ocaso me recuerda que tengo que volver a casa. No me gusta despedirme de Anita y nunca me gustará tampoco. Ella siempre se pon mal. Se deprime. Sabe cuándo me tengo que ir y es ahí cuando aprovecha en estar más tiempo a mi lado.

No soporto cuando me dice: “no te vayas, Aguallo. Quédate conmigo”, se me rompe el corazón en mil pedacitos cuando me lo dice. Su vocecita tierna impide que cometa tal acto cruel, por eso solo me limito a mirarla con ternura y a quererla un poquito más. Ella sabe que me tengo que ir e insiste: “llévame contigo ¿ya?”. Yo le digo que no puedo y ella me mira con pena y los ojitos se le quiebran y echa a llorar. A veces para evitar el llanto, vemos dibujitos juntos y le acaricio su pelito suave. Ella poco a poco se queda dormida y yo aprovecho para levantarle su cerquillo negrito y para darle un besito en la frente y susurrarle que la quiero mucho. Luego me levanto y me voy a mi casa enternecido, esperando verla al día siguiente.

sábado, 10 de abril de 2010

La mamá que no me quiere

Su mamá es una señora como pocas. Querendona. Tierna. Divertida. Es una señora que posee una perspectiva admirable. Es muy comprensible. Siempre está dispuesta a ayudar a los demás. Tiene un corazón infinito, capaz de querer al ser más desdichado e infeliz que exista. Su mirada es la de una madre que ama a sus hijas y que daría hasta lo imposible por verlas feliz. Tengo suerte en conocerla, sobre todo por haber compartido gratos momentos junto a ella. Aprendí mucho estando a su lado. Se parece un poco a mi mamá, será por eso que la admiro y quiero demasiado.

La primera vez que nos conocimos fue en la fiesta de su hija. Ella no lo sabe, pero el día que nos conocimos yo le di un besito a su hija.

Las veces que nos poníamos a conversar, las conversaciones se hacían largas, se extendían demasiado, parecía como si yo fuese a visitarla a ella y no a su hija. Hablábamos de cualquier tema, ninguno en particular. Ella siempre me hablaba del cariño que le tenía a sus hijas y lo mucho que las quería. Me decía que respete a su hija y no le haga daño. Y mi intensión siempre fue esa, RESPETAR A SU HIJA Y NO HACERLE DAÑO, aunque a veces era inevitable y por nuestra inmadurez y poca experiencia en el amor, su hija y yo nos lastimábamos ingenua y tontamente por asuntos innecesarios.

Siempre le tuve respeto. Nunca le dije suegra ni suegrita, no porque es una falta de respeto, sino porque suena feo. Aunque me gustaría decírselo algún día, sé que reiríamos juntos, porque ella es así, no le molesta nada, excepto que su hija llegue tarde cuando sale conmigo, es que el tiempo vuela cuando las personas de mi edad se aman. Es como si las horas fuesen minutos y los minutos segundos, casi nunca hay tiempo para amarse como el corazón lo dicta. He llegado a pensar que a esta edad el tiempo limita el amor.

Cuando su hija y yo nos despedíamos, eran despedidas de minutos largos lleno de tiernas palabras y abrazos fuertes, de promesas de amor y suspiros soñadores. Desbordábamos amor y solo pensábamos en entregar todo en esos segundos que teníamos para despedirnos. Nuestras despedidas terminaban cuando la señora hablaba por el contestador del timbre y le decía a su hija que pase porque ya era tarde. Su hija y yo reíamos y sentíamos que el tiempo se hacía corto, que toda nuestra vida no alcanzaría para amarnos como queríamos amarnos, con locura.
Yo sentía que la señora me quería, que confiaba en mí, que nuestras conversaciones habían servido para conocerme mejor y saber que no soy un mal chico, tampoco uno bueno. De hecho soy un poquito irreverente, inmaduro, soñador, tierno (cuando me lo propongo), risueño, engreído y, sobre todo, muy tarado.

Hace poco me he enterado que la señora no me quiere ver, que soy su peor pesadilla. No me quiere ver ni en pelea de perros (fácil debe pensar que soy uno de ellos). Sé que no me odia, lo sé porque su corazón no está hecho para hacerlo, sino para entregar amor. Al principio de este escrito dije que la admiro y quiero demasiado, sin embargo ahora la quiero más. La quiero porque es la primera persona que me desprecia con cariño, que no me quiere ver. He intentado ir a buscarla para que me explique el motivo de su desacuerdo en mi relación con su hija. Ella se ha negado. Simplemente no me quiere ver, mucho menos dar explicación alguna. Quiere que desaparezca de su vida y de la vida de su hija. Pensará que no merezco a su hija, y eso me pone muy feliz, porque tiene toda la razón, no la merezco.

Quizá algún día pueda sentarme a tomar un café con ella y hablar sobre éste entredicho que ha surgido sin que yo tenga idea alguna de sus inicios. No sé qué hice mal. Si amar está mal, pues dejaré de hacerlo. De repente cometí un error, no lo sé, pero quién mejor que ella para que me lo diga. Soy apenas un adolescente que empieza a vivir. Tengo muchos errores y quiero aprender de ellos.

Por el respeto que le guardo y el cariño que me tuvo (o me tiene), espero me conceda la oportunidad de hablar con ella y manifestarme sus desacuerdos.

martes, 6 de abril de 2010

Poema VI

¿Cómo estás? ¿Qué tal te va?
Cuéntame de ti
Hace mucho que no hablamos

Aquí todo está bien
Todos preguntan por ti
Yo finjo ser feliz y respondo que pronto volverás

Son días difíciles
Te extraño demasiado
¡Tanto tiempo ha pasado!

He olvidado el olor de tu perfume y el sabor de tus labios
Ya no recuerdo nada de ti
Nada excepto una fotografía tuya que guardo en secreto

Ya no hemos vuelto a caminar de la mano por la noche a la luz de la luna
No he vuelto a abrazar a nadie como te abrazaba a ti

A veces cuando quiero escribir prendo la radio
Y cada canción que oigo me habla de ti

Espero que estés bien
Yo no lo estoy
Espero estarlo

Pronto cumpliré años y no sé si llegarás
Sin embargo te esperaré ilusionado
Aunque ese sueño no se haga realidad

martes, 2 de marzo de 2010

Ella y mi amor, yo y mi desamor

Y vuelve a pasar lo mismo de siempre. Pasa que tengo un amor que no sé si es mi amor y tampoco importa si lo es o no. Me siento inseguro. Tanto tiempo solo ha hecho que me acostumbre a la soledad, esta soledad que a veces me hace daño y otras no tanto.

Hace unos días quise volver a saber de ese amor que tengo - o tuve -, y ahora que se da la oportunidad de volver a tenerla cerca, prefiero mantener mi distancia y alejarme. No quiero volver al mismo amor monótono de antes.

Esta vez quiero un amor sin promesas ni sueños. Quiero un amor lleno de libertad y seguridad, sin dudas ni miedos. Quiero un amor que no tema decirme la verdad por miedo a lastimarme. Quiero un amor que no me comprenda, sino tan solo que me ame. Quiero un amor que nunca me exija nada, sino tan solo amor. Quiero un amor sin distancias. Un amor que no piense en separaciones, y si surge algún problema que no me deje, sino tan solo que se aleje. Quiero un amor de soledad pero nunca de abandono. Quiero un amor que no sea mi amor, porque no me quiero enamorar.

Mi indecisión me somete a una confusión deplorable. Cada día que pasa el miedo de no saber qué hacer languidece mi voluntad. Temo perder a mi amor, a mi gran y único amor (no sé si ella sea mi amor por ahora o por siempre, eso el tiempo lo determinará); no obstante, tampoco quiero seguir adelante con habituales distanciamientos tontos y excesos de desinterés mutuo.

No sé cuánto le interese a ella ni sé cuánto ella me interesa a mí, lo cierto es que no dejo de pensarla y a veces la extraño demasiado, solo a veces… Otras siento que la amo como no podría amar a nadie más. Pero ¿qué se yo del amor? A veces creo que ni se amar…

Es mejor así. Prefiero estar solo que estar con alguien y sentirme solo. Ya no importa lo que ella sienta o no sienta por mí. Ahora importa lo que siento yo. Y yo siento que la amo y siento que no quiero estar a su lado por miedo a amarla más.
Hace unos días, hablando por Messenger con una amiga nos dijimos:

- Amiga: Hola, ¿cómo estás?

- Yo: Hola. Bien y ¿tú?

- Amiga: estoy estresada

- Yo: qué habrás hecho pues

- Amiga: eso es lo peor, que no he hecho nada. Una amiga me dijo que vaya a un masajista para relajarme.

- Yo: Claaaro, deberías ir.

- Amiga: Pero no sé si ir. No quiero gastar mi plata.

- Yo: Sí. Eso debe costar, ¿no? Pero una buena faena sexual también relaja y no cuesta mucho.

- Amiga: Sí, pero como no la tengo no estoy tan relajada.

- Yo: Ni yo, pero tampoco me desespero por hacerlo. A veces me muero de ganar pero prefiero no hacerlo. Una persona normal tendría sexo miles de veces pero yo ya no quiero. Aunque a veces la cuestión me reacciona y me reclama que lo haga. Es una lucha constante entre mi cuestión y mi voluntad.

- Amiga: jajaja! Creo que necesitas ayuda.

- Yo: Ayuda ¿de?

- Amiga: Ayuda profesional

- Yo: ¿te refieres a una prostituta? No pienso pagar por sexo.

- Amiga: No. Sino de un psicólogo, tonto.

- Yo: ¡Cállate! ¡Cuál psicólogo, estás loca! O sea a veces sí quiero hacerlo pero prefiero no hacer nada. En realidad me apetece una chica pero prefiero mantener mi distancia con ella. No la quiero buscar porque sé que si la veo volveré a enamorarme de ella y yo no me quiero enamorar.

- Amiga: ¿La quieres?

- Yo: Siento que la amo pero no me quiero comprometer. Lo hemos intentado miles de veces y siento que nuestro amor está desgastado. Yo sé que si la veo olvidaré todo y comenzaremos de nuevo, como siempre. Y eso es lo que más temo, volver a empezar como si nada hubiese pasado, porque sé que después de un tiempo volveremos a los mismos problemas, y yo ya me canse de todo eso.

- Amiga: Deberías buscarla…

- Yo: Con ella me siento inseguro, y lo peor es que hace unos días me dijo algo que no sé cómo interpretarlo. Me dijo: A veces no quiero decirte ciertas cosas por temor a lastimarte. ¿Cómo lo tomarías tú?

- Amiga: Pucha, eso me pondría triste. Da a entender que te tapa cosas. Hasta yo me sentiría insegura si alguien me dice algo así.

- Yo: jajaja a mi me destrozó los pensamientos…

- Amiga: bueno, regresando a tu tema de hacerlo o no. ¿No piensas intentarlo con otra chica? O sea, si no quieres acercarte a la chica que quieres, al menos intentarás algo con otra ¿no?

- Yo: ¿Te me estás insinuando? Además no se trata de mí, sino de ti. Tú eres la que está estresada, no yo.

- Amiga: jajaja ya, no reniegues.

- Yo: La verdad, preferiría masturbarme antes de hacerlo con alguien. Es que en verdad solo me apetece esa chica pero no sé si yo le apetezca a ella. Tampoco sé si ella me sigue pensando o no.

- Amiga: Estás enamorado de ella. Se nota.

- Yo: A veces pienso lo mismo.

- Amiga: Bueno, cuídate. Me tengo que ir.

- Yo: Tú también cuídate y ojala se te pase el estrés.

- Amiga: ¿Tú podrías ayudarme a que se me pase?

- Yo: No conozco ningún masajista…

- Amiga: jajajaja ¡tarado! Bueno señor enamorado me voy. Ah, te doy un consejo: vas a morir aguantado (por no decir arrecho) si la sigues esperando.

- Yo: jajajajaja lo dudo. Adiós.